MICROMENTARIOS | Por poco, una guerra nuclear

Armando José Sequera

0

En 1962, el estallido de una bomba atómica en el espacio por parte de Estados Unidos inutilizó accidentalmente siete satélites espaciales, uno de los cuales era de la Unión Soviética, la potencia mundial que existió entre 1922 y 1991 y estuvo compuesta por quince de las naciones actuales, la principal de ellas, Rusia.

Debido a este incidente, ambos países suscribieron al año siguiente el Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares en el Espacio, que debía entrar en vigencia de inmediato.

Para asegurarse de que la Unión Soviética cumpliese el tratado, Estados Unidos puso en órbita cuatro satélites Vela –llamados así por el verbo español velar, en su acepción de custodiar–, que eran sensibles a los rayos gamma.

La radiación más letal que produce el estallido de una bomba atómica la provocan los rayos gamma. Estos, al penetrar los cuerpos de los seres vivos, cuando no ocasionan la muerte, trastornan las células y su contenido genético. Por eso, la mejor manera de detectar la presencia o la secuela de cualquier arma atómica es seguir la pista de los rayos gamma.

Y ocurrió que, en octubre de 1963, los satélites Vela percibieron una gran emisión de estos rayos, que en un primer momento fue interpretada como una violación al Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares en el Espacio, por parte de la Unión Soviética.

Varios militares estadounidenses de alto rango recomendaron lanzar un ataque nuclear contra ese país, sin medir las consecuencias de lo que se desataría a continuación: la Tercera Guerra Mundial y la primera de carácter netamente atómico, con la segura desaparición de la mayor parte de la humanidad.

Por fortuna hubo personas sensatas que decidieron investigar antes que actuar irreflexivamente. Horas después, un grupo de astrónomos advirtió que la inusual radiación gamma provenía del espacio profundo, y había sido provocada por la explosión de lo que desde entonces se conoció como hipernova, es decir, un estallido mucho mayor y potente que el de una supernova.

Tal fenómeno es tan colosal que, en menos de un segundo, genera una cantidad de energía mayor que la emitida por nuestro Sol en los cinco mil millones de años que tiene de existencia y los cinco mil millones que le quedan, antes de extinguirse.

Sin saberlo, pues esta información se manejó de manera restringida, el mundo estuvo unas horas ante el agujero negro de la guerra. Una sin ganadores y con todos los habitantes del planeta como perdedores.

Armando José Sequera