BAJO LA LUPA | Peces y pescados: futuro incierto

Eduardo Rothe

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A veces la felicidad se reduce a un parguito frito haciendo dúo con una arepa. Pero ya la cosa no es tan simple y esa felicidad está amenazada porque el mar no es infinito y los peces están siendo capturados a un ritmo catastrófico, que merece ser pensado y repensado.

En el semanario Expresso, de Portugal, encontré las siguientes cifras:

En 1990 el 90% de las reservas de peces estaban siendo explotadas a un ritmo biológicamente sustentable, pero en 2017 esa cifra se redujo al 65%… Según la FAO, en 2018 sacamos del mar más de 84 millones de toneladas de pescado, a lo que se suma la pesca indeseada de especies no utilizables que se desperdicia. De paso, la pesca industrial mató accidentalmente 300.000 ballenas y delfines, 250.000 mil tortugas y 300.000 aves marinas.

Todo viene de los años 70, cuando el consumo comenzó a crecer más rápido que la población mundial. Según la FAO, los humanos consumimos 20,5 kilos per cápita al año, el 17% de la proteína consumida a escala mundial. Los países que más pescado comen son Islandia con 90,71 kilos por cabeza anualmente, Maldivas con 90,41, Hong Kong con 56,84, Portugal con 56,84, Corea del Sur con 54,97, Japón con 45,49, España con 42,47 y China con 38,17.

Pero los que más comen no son los que más pescan, que son China, Indonesia, Perú, India, Rusia, Estados Unidos y Vietnam con más de la mitad de las capturas globales. Y las capturas globales conforman una industria de 164 mil millones de dólares en exportaciones, con más de 4 y medio millones de embarcaciones donde faenan unos 60 millones de personas.

El impacto ecológico es brutal, especialmente por la pesca de arrastre (que gracias a Chávez ya no destroza nuestros fondos) y por la llamada “pesca fantasma” de los restos de artes de pesca, especialmente redes de materiales sintéticos que duran hasta 500 años y siguen matando y matando peces que nadie aprovecha.

Hay, sin embargo, una luz en la obscuridad de este océano: la acuicultura, la cría de peces en espacios controlados que crece a un ritmo de 7,5 % al año y que sólo en 2018 produjo el 52% del pescado que se consumió mundialmente, en su mayoría moluscos, crustáceos, anguilas y salmón. Pero la acuicultura no está libre de problemas: a los peces se los cría alimentándolos con pescado…y todavía no se ha descubierto o inventado algo que lo sustituya.

Otra buena noticia, que ya se vio en Venezuela con la prohibición de la pesca de arrastre, es la capacidad del mar para recuperarse: con la caída de la demanda y la producción causada por la pandemia, los pescadores de todo el mundo están constatando repuntes en la población marina y una relativa nueva abundancia.

Este tema no es exclusivo de biólogos y pescadores: todos podemos hacer algo, empezando por enfrentar a los empresarios y sus políticos a sueldo que con el argumento de la soberanía alimentaria proponen legalizar la pesca de arrastre que causó tanta destrucción de los fondos marinos. A esos monstruos hay que enfrentarlos para que nunca nos falte, ni le falte a nuestr@s hij@s y niet@s, el pescado frito y la arepa que mencionamos al principio. ¡Buen provecho!

Eduardo Rothe