La OEA necesita reemplazo

J.J. Álvarez

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La OEA arrancó el pasado miércoles, 10 de noviembre de 2021, la 51 Asamblea General en Guatemala, con la consigna “América Renovada”, condenando un supuesto fraude electoral en Nicaragua donde el Frente Sandinista de Liberación (FSLN) salió victorioso con casi el 76% de los votos y resultó reelecto Daniel Ortega, actual presidente de esa nación centroamericana. Esta es la OEA, la cómplice de la invasión a Cuba en 1961, de las masacres en Panamá en 1964 y en 1989, de la invasión a República Dominicana en 1965, de la Operación Cóndor en el período 1970-1980, del golpe de Estado en Chile en 1973, y de otras tantas atrocidades ocurridas en América Latina y el Caribe.

La Organización de Estados Americanos (OEA), integrada hoy por 33 naciones, necesita someterse de vida o muerte a una influencia profiláctica en su funcionamiento como foro de solución pacífica de las controversias. Desde que la OEA excluyó a Cuba de sus miembros en 1962 con el pretexto de que ese gobierno obedecía lineamientos marxistas leninistas, en la complicidad de ese organismo con Estados Unidos (EEUU) ha sido manifiesto el intento de socavar la Revolución cubana y todo lo que huela a cambio político-social que trate de romper con el imperialismo norteamericano.

Actualmente, los tiempos han cambiado y la OEA continúa cometiendo actos ilegítimos incompatibles con los principios de su carta constitutiva. La participación conspirativa de su secretario general, Luis Almagro, en el golpe de Estado de Bolivia de 2019 que derrocó al presidente constitucional de esta nación, Evo Morales, concertó gran indignación en la opinión pública mundial. La rebelión es ya un hecho dentro de la OEA, donde EEUU pretende continuar exhibiendo e imponiendo su prepotencia. Hoy se oyen voces que difieren de la comparsa sumisa de gobiernos como los de Colombia, Brasil, Ecuador, Paraguay, Uruguay, entre otros.

En la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), efectuada recientemente en México, se anunció la necesidad de reemplazar la OEA por un mecanismo apegado a la historia de los países miembros que han sostenido posiciones progresistas ante el despliegue político colonial de la secretaría general de esa organización que es utilizada por la Casa Blanca para cometer violaciones al derecho internacional y a los derechos humanos.

Con Cuba y Venezuela fuera de la OEA, ha sido como para dar vértigo a los dirigentes de ese organismo quienes desesperadamente insisten en mantenerla de pie.

En resumen, la OEA necesita reemplazo porque está viviendo sus últimos momentos de falta de credibilidad en los instantes de un nuevo mundo dentro del cuadro covid-19 y después.

J.J. Álvarez