LETRA VEGUERA | Borrell y López en el espejo

Federico Ruiz Tirado

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Josep Borrell pareciera no presentar ninguna incógnita que le sume más descrédito a su acción pública. Su campo verbal no escandaliza a nadie, ni siquiera a sus correligionarios, que le han hecho el pesaje con cargos y todo, desde los más altos y memorables en la UE y en la política exterior de España, hasta el más sortario y espectacular, cómo aquel de ministro de obras públicas en uno de los mandatos de Felipe González, bajo la fronda de Su Majestad Juan Carlos de Borbón.

Por eso es comprensible que sólo se perciba desde su añeja silueta, un eco pontificador sobre las democracias bendecidas por la OEA y se engrinche con Cuba, Nicaragua y Venezuela como un Almagro cualquiera. Es que su parecido con el de la OEA es principista. Hasta allí, el Borrell encunado en el PSOE socialdemócrata, figura como una pieza de museo, porque su otro Yo, es tan petrolero como Leopoldo López, el huésped de Don Pedro Sánchez.

A López, en cambio, no le resulta fácil camuflarse, pues en cualquier barrio ostentoso de Madrid le pasa como a aquel célebre personaje del cuento popular, el señor Quevedo, que aborreciendo cierta cacofonía nacida de su propio nombre, tuvo que hacer del cuerpo en plena luz del día y un peatón atónito gritó apenas lo divisó, “¿qué-veo, Dios mío?”, y Quevedo rezongó con voz al cuello: “¡Cónchale, hasta por el culo me conocen!”.

Es que a López lo reconocen por su rostro mandibuleado, sus ojos crispados, sus rictus y gestos fantasmagóricos y su porte fanático y esquizoide. Aquellas fotos suyas lanzando piedras y bombas Molotov en las calles de Caracas y otras imágenes de su protagonismo en golpes de Estado fallidos con Capriles, Julio Borges y más recientemente con Guaidó, las conocen hasta en Ceuta. LL, sin embargo, puede darse lujos públicos con su familia López-Mendoza, siempre de la mano de su madre y de sus anhelos comunes con otros “Amos del Valle”, que dieron a la luz estos ejemplares de la antipolítica.

A Borrell no le pasa igual: anda y desanda entre la movida de los fabulosos negocios multinacionales y poco le importa su rango un tanto ajado en el trono de la UE, pues sobrevivir en los bajos fondos de la industria mediática que no adultera nada, sino que reproduce sus nobles ideas sobre América Latina y algunos presidentes de la región, es parte de su oficio. Él, en sí mismo, y sólo él, es dueño de su monumental calumnia, y el PSOE y Don Pedro Sánchez, la monarquía en pleno, el Pentágono, la CIA, todos lo saben, y de eso no se habla en familia ni es motivo de mayor preocupación.

Mr Borrell es un viejo muñeco salido del armario colonialista europeo que se muestra como el paladín de la “democracia” en el globo terráqueo, siempre y cuando los modelos se adapten a las providencias del neoliberalismo. De lo contrario, los modelos democráticos no representativos, él los tiñe de tiránicos, represivos, amañados y no identificados con el progreso globalizado.

El “Alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea” es un gestor de las élites apoltronadas en la Compañía Española de Petróleos S.A.U, de la CEPSA, anclada en Madrid, suerte de tentáculo de Mubadala Investment Company para la compartición con otros países de las fuentes petroleras del mundo más codiciadas, como la venezolana. Agente de rapiña es Borrell, del saqueo histórico, de la más catalana estirpe que habría soñado con ser pariente de los Welserland para ser alemán e ir, así, más directo al grano.

Leopoldo López tiene un caché ciertamente distinto al de Mr Borrell. A él le inculcó su madre una versión del Diente Roto moldeada a los valores del colegio Friedman y a las fiestas del City Bank en el Country Club de Caracas: ser presidente de Venezuela. Sobrevalorado, junto a otros envalentonados desde la crianza, escogió la ruta de Tradición, Familia y Propiedad y desde entonces se le implantó el espíritu fascista transoceánico. Hijo de petroleros, aprovechó los fondos que manejaba su Madre Antonieta Mendoza desde la antigua Pdvsa, para fundar con Julio Borges Primero Justicia, luego Voluntad Popular y otras huestes destinadas a desbaratar con sangre el modelo político concebido por Hugo Chávez y, sobre todo, darle zarpazos a la industria petrolera en vías de renacionalización soberana.

Ahora desde Madrid, López ataca de nuevo. A la sombra del gobierno de Sánchez, autor en 2008 de la reforma constitucional del artículo 135 que anulaba el gasto social en favor de la deuda privada y los banqueros de España, según la receta del FMI en el ciclo final del gobierno de Rodríguez Zapatero.

Federico Ruiz Tirado