VITRINA DE NIMIEDADES | El futuro detrás del voto

Rosa Pellegrino

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Seguro ya leyó que este domingo viviremos un evento decisivo para nuestro país, pues ya la mesa está servida para una jornada donde usted será el protagonista. Tómelo como la serie de frases hechas que escuchamos en vísperas de cada votación, o como una verdad que no merece otra forma de contarse. En todo caso, lo invito a pensar en el día después de votar: ¿Qué hacemos nosotros, los ciudadanos, al día siguiente? ¿Qué hacen los políticos? ¿Qué desafíos se nos presentarán luego del 21 de noviembre?

Antes de responder, pensemos cómo llegamos a estas elecciones: hemos vivido cuatro años en una compleja situación económica, marcada por la imposición de sanciones para «particulares», que terminan arrastrándonos a una corriente implacable. El costo ha sido transversal, desde la salud hasta los servicios esenciales, y sobra decir que eso pesará al momento de votar.

Con ese elemento acá, no pretendemos hacer proyecciones, menos dar explicaciones a posibles escenarios. Solo basta con saber que políticamente este tiempo nos ha (re)movido como país, como personas. Nos han replanteado nuestro futuro laboral (por algo la ola de emprendedores no es mera moda), nuestra visión del mañana y nuestra relación con el país mismo.

Con semejante panorama, no es suficiente pensar que nos estamos jugando la vida de la república, ni que partiremos en dos la historia, como si de un hacha se tratara. No basta con la descripción desde el lugar común. Estamos más bien ante un voto distinto, diferente, con una conciencia popular especial.

Ni siquiera se trata de votar por otro, o de aplicar el viejo truco del «voto castigo» (a veces el castigo es para uno, tristemente). El asunto es más simple: ¿por cuál futuro votamos? ¿Cómo nos metemos ahí, qué nos toca hacer?

Si se opta por el camino de la confrontación, ¿cuál será el resultado a mediano y largo plazo? Suficientes pruebas tenemos de los efectos nocivos de ese camino, costoso y anquilosante, que ha llenado los bolsillos de quienes se lucran económicamente del asedio en contra nuestra.

Si se piensa desde el triunfalismo, también nos estamos lanzando por un camino espinoso y lleno de espejismos. Ganar no es ventaja ni comodidad, es compromiso y desafío.

Si, como votantes, creemos que nuestro papel es solo escoger, nos estaríamos equivocando gravemente. Votamos para construir espacios de compromiso y de organización colectiva. Sufragamos para la acción. La misma realidad nos demanda una relación diferente con la política, entendida en su sentido más profundo y no como una práctica jerárquica.

Por esto, este domingo lo que está en juego no son los resultados o un cargo. Está en el tablero la posibilidad de seguir el camino de las transformaciones necesarias para la recuperación plena de nuestra calidad de vida, expresada en lo más cercano: los servicios, la salud, el hábitat. Pero, especialmente, está abierto el camino para una visión diferente del futuro a través del voto.

Rosa Pellegrino