MICROMENTARIOS | El miedo mortal

Armando José Sequera

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Además del miedo común existe un temor tan profundo y repentino que, debido a las reacciones fisiológicas que produce, puede ocasionar la muerte de un individuo.

El miedo común actúa sobre el sistema nervioso parasimpático provocando contracciones musculares, taquicardia, aumento de la sudoración y otras manifestaciones fisiológicas. El miedo mortal afecta directamente al simpático, desencadenando un conjunto de reacciones cuya culminación es una contracción cardiaca brusca e irreversible.

El miedo mortal no es exclusivo de los humanos. También afecta a los restantes mamíferos, a los acuáticos como las ballenas y los delfines, y a los que viven en tierra. Pruebas realizadas en los últimos años han mostrado que algunos insectos pueden ser víctimas de él.

Cuando un individuo enfrenta una amenaza, todos sus sentidos se ponen alerta y procuran reunir la mayor cantidad posible de información para hacerle frente. Pero, por circunstancias que aún no han sido totalmente clarificadas, ante un temor exagerado se bloquean todas las sensaciones, al tiempo que el peligro se percibe con gran agudeza. Ello tiene consecuencias fisiológicas intensas que o bien facilitan la defensa o la huida o acarrean la muerte del individuo.

El miedo mortal es más frecuente de lo que creemos y se presenta en algunas personas –no en todas–, cuando ocurre una catástrofe de cualquier índole, sea natural o no.
Mucha gente muere por miedo al dolor, a quedar inválida y/o, paradójicamente, por el propio miedo a morir. Fue este último el caso de quienes se lanzaron al vacío desde las torres gemelas del World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001, al comprender que morirían quemadas. También el de algunos afganos colaboracionistas, el 16 de agosto de 2021, en el aeropuerto de Kabul, cuando advirtieron que Estados Unidos ya no mandaría aviones a buscarlos y ponerlos a salvo de los talibanes que habían tomado el poder días antes. Hubo escenas de histeria y hasta hombres que se aferraron al tren de aterrizaje de una aeronave en pleno despegue, que después cayeron desde doscientos metros de altura.

Un antiguo relato egipcio hace referencia a este tipo de miedo. Se cuenta que un derviche que se hallaba en las afueras de El Cairo vio pasar a un fantasma que se dirigía a la ciudad.

–¿Quién eres y adónde vas? –preguntó el derviche.
–Soy la Peste y voy a El Cairo a matar quince mil hombres.
–¿No hay medio de impedírtelo?
–No, así está escrito.
–Marcha pues –dijo el derviche–, pero trata de no matar uno más de los quince mil que me has dicho.

En los días siguientes murieron treinta mil personas y, cuando desapareció el contagio, hubo un segundo encuentro entre el derviche y la Peste.

–¿Ya te marchas? –preguntó el derviche.
–Sí –respondió la Peste.
–¿Qué hiciste?
–Maté quince mil hombres.
–¡Mientes –protestó el derviche–, porque los muertos han sido treinta mil!
–Es verdad –admitió la Peste–, pero yo solo maté quince mil. Los otros quince mil murieron de miedo.

Armando José Sequera