La Candelaria de mis amores

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El martes me tocó la gira buscando precios de los ingredientes para las hallacas por el mercado de Guaicaipuro, y cuando me vine a percatar había llegado caminando a La Candelaria, y abordó la nostalgia de los días felices por aquella bohemia caraqueña y sibaritismo gastronómico. Pasar por aquel restaurante de Juancho fue recordar un cumpleaños sorpresa que llegué tarde porque grababa al maestro Abraham Abreu con Jonathan Coles, en el colegio Friedman. El aquelarre de Cándido, pasando el puente, el Moderno, de los más solidarios de la zona, el vino de la casa era Don Ramón, un acogedor sitio, que me presentaron mis compadres Tamara Rodríguez y Juan Sará, cueva casual de mi difunto amigo Pablo Antillano, que alternaba con La Cita y el Guernika, creo que desaparecido también.

Pasé también por La Tertulia, recordando las paletas de cordero, que recuerdo una vez comimos mi equipo mínimo de tres integrantes de mi programa de TV ¿Qué hago yo aquí?, compartimos una entre los 4 y que me quedó otra para la casa. El otro con quien no pelaba fue con el pintor Andrés Salazar, hoy residente en Oviedo. Por fin recalé en Alcabala a tomarme una cerveza para apaciguar el calor de la caminata, este restaurant lo compró Eduardo después de El Moderno, y mientras lo tuvo fui asiduo parroquiano, la última vez fui recomendado por un amigo taxista portugués que había trabajado ahí, y me pude lucir con un divino almuerzo con la mujer que más he amado en mi vida y su mamá.

Pero el verdadero dolor fue pasar por el Bar Basque, y recordar la paella de conejo que le hacía exclusivamente Juanito, al gallego Gonzalo Rodríguez, mi editor y amigo, yo por supuesto me coleaba, pero ya tiempo después era yo el consentido de su viuda Blanca Royo, una super mujer vasca que cocinaba como las diosas, y no hubo novia que no fuera encandilada por las delicias que preparaba Blanca e impresionadas por lo bien que les hablaba de mí, una vez que yo le picaba para que arrancará la función jajaja… lástima que la perdimos hace 8 años y la sucedió su hija Marivi Barturén, hasta que cerró el restaurant. ¡Snif!

Humberto Márquez