Punto de quiebre | Separada de su madre y hermanos y asesinada por sus cuidadores

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Le quitaron la vida a golpes porque la niña lloraba mucho y se hizo pupú encima

Una roída cortinita separaba a Arantxa de sus dos hijos, cuando ella tenía sexo con su concubino Juan José. Me imagino que los niños, aparte de los jadeos y griticos, también podían observar algo de lo que pasaba apenas tres metros más allá. Y eso no solo era de noche, sino de día, a toda hora. El hombre trabajaba corrido desde las 7 hasta las 2 de la tarde y luego se instalaba en el rancho y no salía más.

Cada vez que discutía con Arantxa le recriminaba que no quería darle un hijo y que él debía estar manteniendo a dos que no eran de él.

Hasta que finalmente Arantxa salió embarazada. Faltaba poco para que pariera cuando el hombre dejó el pelero, al igual que habían hecho los padres de las dos chiquillas anteriores, que ya tenían 4 y 5 años. Arantxa se quería morir. Ahora tendría que lidiar sola con tres. El niño nuevo no había cumplido año y medio cuando Arantxa ya estaba de nuevo embarazada. El nuevo concubino le había prometido incluso que iba a reconocer como suyos a las tres criaturas que no eran de él, pero también huyó. Hasta ahí se acuerda de los detalles de sus cuatro primeros partos, pero de los otros cuatro embarazos casi no se acuerda de nada porque ella cayó en el mundo de las drogas. La llevó a eso su quinto marido, un fumón empedernido que poco a poco la convirtió en adicta a ella también. Con él Arantxa se adentró en el mundo del delito y la indigencia y comenzó a cometer pequeños robos para fumar y medio comer y de vez en cuando se acordaba de sus hijos y les llevaba algunos panes o algo de comida. Y también conoció las orgías, el todos contra todos con los amigos y amigas de su nuevo marido. Por lo menos el quinto niño ella sabe que fue concebido con su actual pareja, pero los tres que vinieron luego no tiene ni idea, pues pudieron haber sido procreados en una de las tantas faenas sexuales múltiples. Aunque parezca mentira, con esta última pareja fue con quien Arantxa estuvo más tiempo.

Su instinto de madre la llevó a tratar de encontrar alguna salida para sus hijos y comenzó a repartirlos, sobre todo a los seis más pequeños entre los vecinos del urbanismo Ciudad Betania I, en Ocumare del Tuy, donde vivía, a cada uno de los cuales les contaba el mismo cuento, que estaba preocupada porque debía ir a Caracas a operarse y que iba a estar mucho tiempo por allá. Y es así como Arantxa logró que su vecina María Isabel, a quien conocía desde hace algún tiempo, accediera a cuidar de una de las niñas, que ya iba a cumplir 6 años.

La tragedia

—Bueno y es que esta carajita no va a parar de llorar, ¿Cuánto tiempo es que va a estar aquí con nosotros?

—Ya Rafael, déjala quieta, que la pobre extraña a su mamá.

—¿La extraña?, ‘ta bien pue, ahora cuéntame una de vaquero.

—Es verdad, no solo la separaron de su mamá, sino de sus hermanitos.

—Coño, pero cállala, no voy a poder pegar un ojo en toda la noche. Como si no conociera yo a la madre de la llorona. Coño, que te calles.

—No le pegues, ¿tú te volviste loco?

—Si vuelve a llorar la voy a ahorcar. No me vuelvas a echar esta vaina. A quién se le ocurre adoptar a esta carajita llorona. Porque vamos a estar claros, la mamá de esta coñita nunca la va a venir a buscar. Verga, te cagaste otra vez, carajita del coño, ahora sí te voy a joder, ya tú estas requetegrande. Tu tío te está pegando porque eres una cochina, no vas a dormir en el cuarto sino aquí en la sala.

—Creo que se nos pasó la mano, María Isabel. La llevamos al hospital, decimos que tiene covid y dejamos el pelero, yo la veo muy mal.

—Coño, Rafael la reventaste.

—Tú también le diste, así que yo solo no fui. Ya va, ya va. Esta carajita no respira. Ay, mi madre. Y qué vamos a hacer ahora. Deja la lloradera, déjame pensar. Ya está, vamos a enrollarla en una sábana y la botamos bien lejos de aquí.
Vigilancia vecinal

La policía informó que el asesinato de la menor de edad ocurrió entre las seis y las siete de la noche en el apartamento 1A de la torre Apamate del urbanismo Ciudad Betania I de Ocumare del Tuy. Ese día la pareja, Newman Rafael Zambrano Castro y María Isabel Alfaro Alcalá, fue vista como a las once de la noche salir con la pequeña envuelta en una sábana. Supuestamente la iban a llevar al hospital porque tenía fiebre, dijeron a una vecina, pero a eso de las dos de la mañana los vieron regresar sin la niña.

Autopsia

El cadáver de la niña fue hallado en unos matorrales y se desconocía la causa de la muerte porque, salvo un moretón en la frente, todo se veía normal. La criatura no tenía signos de abuso sexual y la autopsia reveló traumatismo generalizado, hemorragia interna, fractura del cúbito y radio del brazo izquierdo y estallido hepático, como causa de muerte.

Desenlace

La pareja fue detenida por el crimen. Desde que entraron a la comisaría no han hecho sino echarse la culpa entre sí de haberla golpeado hasta causarle la muerte. Los propios vecinos, alarmados ante la noticia del hallazgo del cadáver de una niña cerquita de la zona industrial Pampero en Ocumare, dieron parte a la policía que la pareja estaba cuidando a una niña y no la han visto nunca más. La mamá de la niña está desaparecida. Se presume debe andar deambulando por las barriadas de Ocumare.

WILMER POLEO ZERPA | CIUDAD CCS

puntodequiebre.ccs@gmail.com