DATE CON LA CIENCIA | Volver a nacer: no hay opción

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto

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“Rompo este huevo y nace la mujer y nace el hombre.
Y juntos vivirán y morirán. Pero nacerán nuevamente.
Nacerán y volverán a morir y otra vez nacerán.
Y nunca dejarán de nacer,
porque la muerte no existe”.
Eduardo Galeano, en Memoria del Fuego I

Para el pueblo y’ekuana, la muerte no existe, como nos dice este fragmento que hoy les regalamos. La vida se hace caminos como ha ocurrido desde que aparecieron los primeros organismos prokariotes, en el planeta, hace 3.500 millones de años. Desde entonces, especiación y extinción han ocurrido de manera natural. Nuevas especies han evolucionado, al tiempo que otras desaparecen. Sin embargo, se sabe que, en cinco ocasiones, han ocurrido eventos extraordinarios que han llevado a extinciones masivas, al punto de definir cambios de eras geológicas. Muchas especies nacen, muchas mueren; pero, después, nuevas especies han poblado el planeta.

En la actualidad, somos testigos de una sexta extinción masiva. Son muchas las especies que desaparecen, algunas de las cuales sin ni siquiera haber sido descritas. La diferencia esta vez no es solo la velocidad con que se produce el fenómeno. En esta oportunidad, no se trata de un fenómeno natural. Se trata de la acción de una única especie, pero más precisamente la consecuencia de un modelo de civilización que solo tiene 500 años. Una verdadera catástrofe cuyas causas conocemos, pero cuya solución no parece encontrar un camino. La muerte —que para los y’ekuana no existe— parece asomarse peligrosamente.

La reciente Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático dejó un sabor amargo en gran parte del mundo y, en especial, en los sectores más afectados por la grave crisis climática, ambiental y civilizatoria. La evidencia científica, acorde a los patrones hegemónicos de la ciencia moderna, muestra, como lo vienen advirtiendo los pueblos originarios, que vamos hacia un desfiladero. Un suicidio colectivo. La evidencia indica no solo lo que ocurre y puede ocurrir, sino que pone a la luz las causas del desastre. Los poderes dominantes económicos y corporativos parecen ciegos a esta realidad e imponen su agenda que únicamente busca acumular más capital en el menor plazo posible.

Este escenario sombrío, sin embargo, tiene sus grietas por donde se asoma algo de luz. Luz que viene de los pueblos organizados, de los pueblos en lucha, de campesinos y campesinas, de trabajadores y trabajadoras, de investigadores e investigadoras. Un ejemplo de iniciativas de resistencia lo traemos a colación hoy. Se trata del plan para salvar la humanidad que se encuentra recorriendo el mundo, como elemento para la unión, el debate, el estudio y la lucha.

El plan para salvar el planeta nace como iniciativa de la Alba-TCP, organismo que convocó a dos organizaciones —el Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos, y el Instituto Tricontinental de Investigación Social—. Ambas instituciones en donde se conjugan la investigación y la militancia en la búsqueda de un mundo otro. Estos institutos convocaron a su vez a otros y trabajaron durante un año en la elaboración del plan. ¿En qué consiste?

En 1974, la Asamblea General de Naciones Unidas adoptó una resolución llamada Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI), elaborado por el Movimientos de los No Alineados, el G77 y la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Entre 1987 y 1990, el político, pensador y patriota africano Julius Nyerere lideró un intento por resucitar el NOEI, que había caído en el olvido, mediante un nuevo documento llamado El Reto del Sur. Un plan para salvar el planeta se inspira en los principios de ambos textos como un borrador para ser debatido, enriquecido y propuesto eventualmente a Naciones Unidas desde los pueblos organizados del mundo. Este documento caracteriza la crisis multifactorial que vivimos, las causas estructurales de la crisis y produce una serie de recomendaciones (casi exigencias) para que los organismos multilaterales y los Gobiernos razonables del mundo tomen partido.

El documento, que pueden obtenerlo en la web, está siendo divulgado por la Asamblea Internacional de los Pueblos, una plataforma de más de 200 organizaciones populares, movimientos sociales y centros de pensamiento del mundo entero, y en el cual hace parte nuestro venezolano Instituto Simón Bolívar para la Paz y la Solidaridad entre los Pueblos.

Un plan para salvar el planeta, que es un ejemplo de conocimientos y luchas puestas en conjunto hacia un mismo objetivo. Es verdad que el ferrocarril, como decía Walter Benjamin, va hacia el abismo a toda velocidad, pero es también verdad que podemos bajarnos de ese ferrocarril y que, hoy día, muchas iniciativas populares, militantes, políticas y académicas sientan bases para abandonar ese ferrocarril de muerte y emprender un camino de reafirmación de la vida. Un camino en el que, como piensa el pueblo y’ekuana, la muerte no exista.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto