ENTORNO GLOBAL | ¿Es inevitable la rivalidad y el conflicto entre EEUU y China?

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Leer el artículo de John J. Mearsheimer profesor y representante de la escuela neorrealista de Relaciones Internacionales de la Universidad de Chicago, en el portal de Foreing Affairs, The Inevitable Rivalry: America, China, and the Tragedy of Great-Power Politics, recuerda el lenguaje intrínseco de conflicto y búsqueda del poder que el Gobierno de los Estados Unidos promueve en sus relaciones internacionales.

Este artículo se publica en un contexto, en el cual el Gobierno del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se encuentra reconfigurando su posición de liderazgo en el escenario multilateral y de revisión de sus relaciones con la República Popular de China, la cual, según el Informe titulado “El auge del balance mundial”: ¿en qué medida estamos utilizando nuestra riqueza de forma productiva? de la consultora McKinsey & Co de noviembre de 2021, señala que China superó a EE.UU. como el país más rico del mundo.

Una China, con una política de cooperación internacional a través de la iniciativa de la Franja y la Ruta que conecta Asia, África, Europa y América, con inversiones en infraestructura y transporte, con una visión del sistema internacional basado en lo que China denomina “El verdadero multilateralismo” basado en la Carta de las Naciones Unidas y no en un orden influenciadao en normas o valores selectivos, con políticas que han permitido erradicar la pobreza extrema en China y que se traducen en el 14º Plan Quinquenal (2021-2025) orientada a dar prioridad al bienestar de sus propios ciudadanos.

En este orden, Mearsheimer exponente de la escuela del neorrealismo, donde el Estado se enmarca en un sistema anárquico, en el cual no existe autoridad internacional o instituciones que establezca normas o haga cumplir el derecho internacional, donde los neorrealistas no creen en los organismos internacionales y solo creen que los Estados dependen de sí mismos para garantizar su seguridad y supervivencia, y con esa visión de mundo, se sienten inseguros, desconfían uno del otro y desarrollan políticas para desarrollar su potencial enfocado en su seguridad y por ende, en su supremacía.

En ese sentido, Mearsheimer expone en este artículo, la visión y sugerencias de política exterior de EEUU sobre China, que permiten comprender su accionar de la alianza militar del AUKUS (EEUU, Australia y Reino Unido), los ejercicios militares en el Mar Meridional de China, su cercanía y fortalecimiento de relaciones con Taiwán, sus acciones para socavar a la empresa de telecomunicaciones Huawei, y que explican la posición del presidente Biden de política de contención y de competencia extrema con China, para lo cual se destacan los siguientes aspectos:

Hoy, China y Estados Unidos están atrapados en lo que solo puede llamarse una nueva guerra fría, una intensa competencia de seguridad que afecta todas las dimensiones de su relación…Y es más probable que esta guerra fría se caliente.

Estados Unidos ve las ambiciones de China como una amenaza directa y está decidido a frenar el continuo ascenso del país. El resultado ineludible es la competencia y el conflicto. Tal es la tragedia de la política de las grandes potencias. Sin embargo, lo que se pudo evitar fue la velocidad y el alcance del extraordinario ascenso de China.

Si los formuladores de políticas estadounidenses durante el momento unipolar hubieran pensado en términos de políticas de equilibrio de poder, habrían intentado frenar el crecimiento chino y maximizar la brecha de poder entre Beijing y Washington. Pero una vez que China se hizo rica, una guerra fría entre Estados Unidos y China es inevitable.

El compromiso puede haber sido el peor error estratégico que ha cometido un país en la historia reciente: no hay un ejemplo comparable de una gran potencia que fomente activamente el surgimiento de un competidor par. Y ahora es demasiado tarde para hacer mucho al respecto.

Desde una perspectiva realista, la perspectiva de China como un coloso económico era una pesadilla. No solo significaría el fin de la unipolaridad; una China rica seguramente también construiría un ejército formidable, ya que los países ricos y poblados invariablemente convertirían su poder económico en poder militar. Y es casi seguro que China usaría ese ejército para perseguir la hegemonía en Asia y proyectar poder en otras regiones del mundo. Una vez que lo hiciera, Estados Unidos no tendría más remedio que contener, si no tratar de hacer retroceder, el poder chino, en una peligrosa competencia de seguridad.

Todas las grandes potencias, ya sean democracias o no, no tienen más remedio que competir por el poder en lo que en el fondo es un juego de suma cero. Este imperativo motivó a ambas superpotencias durante la Guerra Fría. Motiva a China hoy y motivaría a sus líderes incluso si fuera una democracia. Y también motiva a los líderes estadounidenses, haciéndolos decididos a contener a China.

Debido a que el poder relativo, más que absoluto, es lo que en última instancia importa en la política internacional, la lógica realista sugiere que los legisladores estadounidenses deberían haber combinado los esfuerzos para desacelerar el crecimiento económico de China con una campaña para mantener, si no aumentar, la ventaja de su país sobre China.

Los estadounidenses deberían desear que China fuera comunista; entonces tendría una economía letárgica. Pero hay un «-ismo» que China tiene a raudales, uno que probablemente exacerbe su rivalidad con Estados Unidos: el nacionalismo.

En este orden, Mearsheimer sugiere como acciones de la política de contención:

-Washington deberá mantener formidables fuerzas convencionales (fuerza militar) en el este de Asia para persuadir a Pekín de que un choque de armas produciría, en el mejor de los casos, una victoria pírrica.

-Los legisladores estadounidenses deben recordarse constantemente a sí mismos, y a los líderes chinos, la posibilidad siempre presente de una escalada nuclear en tiempos de guerra. Después de todo, las armas nucleares son el último elemento disuasorio.

-Washington también puede trabajar para establecer reglas de tránsito claras para librar esta competencia de seguridad, por ejemplo, acuerdos para evitar incidentes en el mar u otros enfrentamientos militares accidentales.

En oposición al pensamiento plasmado en el artículo citado, China durante los últimos años ha dado un paso adelante en su diplomacia incorporando elementos de soft y hard power, incluyen aspectos continuistas de sus antecesores tales como la de Hu Jintao y la doctrina del ascenso pacífico, ha convertido sus relaciones de vecindad en Asia en iniciativas regionales, estableciendo “asociaciones estratégicas” con distintas potencias en Asia y el resto del mundo.

China ha asumido un importante rol de defensa en las instituciones multilaterales, aboga por reforzar la cooperación internacional, destacado que “el Verdadero Multilateralismo” se basa en la Carta de las Naciones Unidas, desarrollando su política bajo la premisa de un contexto internacional pacífico, promoción del desarrollo común y un orden político y económico internacional, justo y racional, la solución de disputas internacionales por la vía diplomática o la oposición al hegemonismo, al expansionismo y la no injerencia en los asuntos internos de otros Estados.

En lo referente a la visión de seguridad, considera que debe salvaguardarse mancomunadamente, instituir un nuevo concepto de seguridad basado en la confianza y beneficio recíprocos, en la igualdad y en la coordinación, resolver los litigios mediante el diálogo y la cooperación, y no usar la fuerza o amenazar con usarla; oponerse a toda forma de hegemonismo y de política de fuerza.

Principalmente considera como parte de su política exterior la importancia de salvaguardar la diversidad del mundo y abogar por la democratización de las relaciones internacionales y la diversificación de los modelos de desarrollo, posición que difiere notablemente de los Estados Unidos, y que se evidencia en la próxima “Cumbre por la Democracia” a celebrarse los días 9 y 10 de diciembre, en la cual invita por ejemplo a Taiwán y excluye a China y Rusia.  Cumbre que tiene como principal orientación reforzar “las normas y creencias democráticas cuando los líderes autoritarios atacan a los críticos, cierran los medios de comunicación independientes y amplían la vigilancia de los ciudadanos”.

Esta cumbre según los gobiernos de Rusia y China, en el artículo publicado en The National Interest titulado “Los embajadores de Rusia y China: respeto de los derechos democráticos de los pueblos” busca avivar la confrontación ideológica y una ruptura en el mundo, creando nuevas «líneas divisorias», frente a una serie de desafíos globales en la cual los países necesitan fortalecer la coordinación y cooperación para el progreso común.

Señala que Estados Unidos pretende a través de la Cumbre demostrarse ante el mundo, con el poder de definir quién asistirá al evento y quién no, quién es un “país democrático” y quién no es elegible para tal estatus, producto evidente de su mentalidad de Guerra Fría, totalmente palpable en el artículo de Mearsheimer. Esta visión contradice el desarrollo del mundo moderno. Es imposible evitar la configuración de una arquitectura policéntrica global.

Los embajadores de China y Rusia en Estados Unidos señalan en el artículo:

La democracia no es una prerrogativa de un determinado país o de un grupo de países, sino un derecho universal de todos los pueblos. Se puede realizar de múltiples formas y ningún modelo se adapta a todos los países. Que el camino de un país funcione depende de si se ajusta a las realidades del país, sigue la tendencia de los tiempos y genera desarrollo económico, estabilidad y progreso social y mejores vidas para la gente. En última instancia, cuenta con el apoyo de la gente y se demostrará por su contribución al progreso humano.

Ningún país tiene derecho a juzgar el vasto y variado panorama político del mundo con un solo criterio, y hacer que otros países copien nuestro sistema político mediante la revolución de colores, el cambio de régimen e incluso el uso de la fuerza va en contra del derecho internacional y es obviamente antidemocrático.

Hacer alarde del “orden internacional basado en reglas” sin hacer referencia a la ONU y al derecho internacional e intentar reemplazar las reglas internacionales con los dictámenes de ciertos bloques entra en la categoría de revisionismo y es obviamente antidemocrático.

En un orden multicéntrico, con pluralidad de polos de poder, reconocidos por la mayoría de los miembros de la comunidad internacional o como han denominado teóricos, como multipolar, con economías emergentes, con organismos internacionales y Estados de importante de influencia en el sistema internacional, este tipo de evento, son una provocación que desestima la diversidad y derecho a la autodeterminación de los pueblos, que desconoce la visión y otros paradigmas construidos desde la historia y realidad de los pueblos.

La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), próximo a celebrar 10 años de impulso a la integración y concertación y diálogo político América Latina es un espacio de necesario fortalecimiento, ante las acciones unilaterales de países que creen y quieren que seguir en la guerra fría. La paz que impulsan la mayoría de las naciones de imponerse ante la retorica de conflicto, la rivalidad y conflicto entre Estados Unidos y China podrá evitarse si la visión de mundo de los Estados Unidos cambia, la paz y confianza deben estimularse en el sistema internacional, la cooperación debe ser la base de las relaciones y el sistema internacional multilateral es nuestro espacio de encuentro.

Orelys Castillo