Letra muerta | El candidato soy yo

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Atahulfo Montiel tenía más de cinco entradas a la policía porque había cometido una serie de atracos a mano armada, unos cuantos asesinatos, y estaba vinculado a una banda de narcotraficantes. Cada vez que lo ponían en libertad, los medios de comunicación del país tenían lista la última página: “En libertad nuevamente El Rey del Crimen”. Así titulaban y, con fotos de las víctimas y de Atahulfo Montiel tenían resuelta la página de sucesos.

Pero, Atahulfo, como todos nosotros, tenía su corazón. Y un día se lo puso en bandeja de plata a Erika Chacín Arteaga. El romance fue corriendo por el barrio en boca de todos los vecinos: “El Rey del Crimen se empató con la hija de Armando Chacín y Josefa Arteaga”. Así decía la voz popular. Mientras tanto, Atahulfo y Erika comenzaron a vivir intensamente un romance que ni Romeo y Julieta en Verona.

Después de un mes de romance, Erika decidió decirle a Atahulfo:

—Tienes que hablar con mis padres y hermanos.

—¿Por qué?–, preguntó Atahulfo mientras se quitaba los lentes Louis Vuitton.

—Para pedirle mi mano y fijar la fecha del matrimonio.

—De acuerdo.

Erika se alegró y abrazó fuertemente a Atahulfo. Fijaron la fecha del encuentro con la familia y subieron llenos de contento al Mercedes Benz. Al rato decidieron estacionarse en un Mirador de la ciudad donde, con una fiesta de besos, celebraron la próxima cita.

Los medios de comunicación todos los días comentaban el romance que estaba viviendo Atahulfo con Erika. Revistas nacionales e internacionales disfrutaban publicando fotos de El Rey del Crimen viviendo su mejor noviazgo. Había runrunes todos los días. Que habían estado en el hotel tal, que habían viajado a tal país. Y muchos eran confirmados por corresponsales internacionales. En la alta sociedad también se comentaba el romance de Atahulfo porque los ricos sabían que todo el dinero de Atahulfo provenía del crimen y de sus contactos con los narcotraficantes, a pesar de que en ese momento estaba en libertad, pero seguro que sobornó a todos los jueces en pleno. Así decían en las fiestas que se celebraban en el este de la ciudad.

Algunos diarios recordaron el día en que un primo de Atahulfo murió por una sobredosis en un hotel. El gran reportaje de la muerte del primo de Atahulfo era destacado en primera página.

Hasta que llegó la fecha fijada. Erika estaba bella como la primera mañana en que descubres que amanecen floreados los lirios. Al lado de sus padres Armando Chacín y su madre, Josefa Arteaga de Chacín, y sus dos hermanos, Cástulo Chacín y Armando Segundo Chacín. Esperaban la llegada de Atahulfo que venía a pedir la mano de Erika. Y llegó Atahulfo y dijo:

—El candidato soy yo, familia. Vengo a declarar mi amor por su hija.
Y en ese momento, el padre de Erika, el señor Armando Chacín, se puso de pie como para dictar una sentencia, y dijo:

—Señor Atahulfo, queremos informarle que, una vez reunida la familia, y viendo sus antecedentes, hemos decidido declararlo inhabilitado para casarse con nuestra hija.

Y Atahulfo lloraba, mientras Erika le decía:

—Es la ley de la familia, y hay que cumplirla, Atahulfo.

CIUDAD CCS / ROBERTO MALAVER