DATE CON LA CIENCIA | Venenos y antivenenos

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“El diente muerde la fruta envenenada

la fruta muerde el diente envenenado

el veneno muerde la fruta y muerde el diente

mordiéndose, el diente, ya descubre

la deliciosísima pulpa de la nada”.

Carlos Drummond de Andrade, en Descubrimiento

 

¡Macagua, macaurel, mapanare, cascabel, coral, cuaima! Solo mencionar algunos nombres de especies de serpientes que habitan en nuestro país, y se produce un escalofrío en quienes los escuchan. El temor y el rechazo a las serpientes es algo bastante generalizado especialmente en el mundo judeo-cristiano, y es que, en la misma Biblia, la serpiente es la causa de la expulsión del Edén. Las serpientes, sin embargo, son componentes de los ecosistemas y, en tanto depredadoras, regulan poblaciones que, de otra manera, podrían convertirse en plagas.

Las serpientes venenosas, en particular, merecen una especial atención. La mordedura de una serpiente venenosa produce lo que catalogamos como accidente ofídico y puede provocar incluso la muerte de la persona afectada. En el mundo, se registran unas 5,4 millones de mordidas anuales de serpientes, de las cuales entre 1,8 y 2,7 millones involucran envenenamiento con 125 880 muertes, a lo que podría sumarse el triple de casos de amputaciones o algún tipo de incapacidad permanente. La Organización Mundial de la Salud incluyó el envenenamiento por serpientes como enfermedades tropicales desatendidas de alta prioridad.

Las serpientes venenosas de Venezuela se ubican en dos familias, Viperidae y Elapidae. En el primer grupo, encontramos las mapanares, del género Bothrops; las cascabeles, del género Crotalus; y la cuaima, del género Lachesis. En el segundo grupo, hallamos las corales, del género Micrurus. Los venenos de estas serpientes varían en composición y efecto según la especie.

Sobre serpientes y venenos estuvimos conversando con el médico veterinario Adolfo Bremo, de la Universidad Experimental Francisco de Miranda. Nacido en Puerto Cabello, pero es coriano por decisión. Este investigador, con doctorado en Ciencias Biológicas, nos cuenta que el veneno de mapanare tiene efectos vasculotóxicos, hemotóxicos y necrotizantes. Contiene enzimas que destruyen las paredes de los vasos sanguíneos produciendo hemorragias, alteran los canales de calcio y, por tanto, la movilidad muscular; de hecho, tiene efectos que terminan en gangrena y muerte del tejido. El veneno de cascabel, por otro lado, es neurotóxico: afecta especialmente las células nerviosas y produce una parálisis que termina matando por paro respiratorio. Las cuaimas y corales producen venenos hemotóxicos debido a sus enzimas proteolíticas; esto es: enzimas que degradan proteínas y, por lo que antes se ha dicho, destruyen la base estructural de las células.

En Venezuela, las mordidas de serpientes son de reporte obligatorio. Se registran aproximadamente entre 5000 y 7000 casos anuales lo que equivale a 21,24 casos por 100 000 habitantes. El 90 % de los casos son debido a mordeduras de alguna especie de mapanare, siendo las mordeduras de corales y cuaimas muy raras. A lo largo del año se observan dos picos, uno entre abril y junio, que coincide con el nacimiento de nuevas serpientes; y otro entre septiembre y noviembre, que es la época reproductiva y, por consiguiente, hay más actividad.

Este escenario nos revela la importancia de contar con antídotos que permitan neutralizar los efectos del veneno una vez inoculado en la persona. Nuestro amigo Adolfo Bremo no se ha quedado con los brazos cruzados y, junto a un equipo de veterinarios, médicos y hasta un ofidiólogo, ha desarrollado antivenenos polivalentes (se usan tanto para mordeduras de cascabel como de mapanare) basados en inmunoglobulinas aisladas de yemas de huevo de gallinas.

Años de investigación han mostrado las ventajas del método usado, si se compara con los tradicionales sueros antiofídicos aislados de caballos que han sido inoculados con volúmenes controlados de veneno. En estos casos, se han detectado reacciones alérgicas en algunos pacientes, lo que no ha ocurrido en el caso del antiveneno aislado de gallinas.

Además de Adolfo, el equipo lo conforman: José Luis Yrausquin, Ángel Duno, Alfredo Bello, Uslar Guerra, César Rengifo e Imelda Reyes. El antiveneno lo han llamado Labfarsca y se encuentra en etapa avanzada de validación. Ha sido realizado con venenos extraídos de serpientes capturadas en el estado Falcón, lo cual aumenta la eficacia para mordeduras de serpientes de esa región.

Estamos en presencia de un antídoto desarrollado por científicos y científicas de Venezuela que puede significar la diferencia entre la vida y la muerte de muchas personas. ¡Ojalá el proceso de validación y permisología sanitaria sea expedito para poder contar con tan preciado medicamento! Desde Date con la ciencia, felicitamos al equipo de investigación por este logro. Somos parte de la naturaleza, como lo son las serpientes, y los antivenenos son formas de garantizar la convivencia.

Nerliny Carucí y Guillermo Barreto