PARABIÉN | «… Y un necio aún espera respuesta»

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“… 0Y un necio aún espera respuesta”.

1.

“En una noche como el mar bravío,

un joven medio niño, medio hombre,

con el pecho en pena y la mente en duda

triste y solo interroga a las olas.

(…)

Las olas susurran lo de siempre

y el viento sopla y las nubes pasan.

El firmamento está indiferente, frío,

y un necio aún espera respuesta”.

Heinrich Heine

2.

Por razones de supervivencia, la puerta que se abre es también la que se cierra. Abrir para entrar y dejar entrar. Cerrar para preservar aquello que entró, lo bueno, pero también incluso lo malo, para que no salga antes de que enseñe todo lo que se propuso al asomarse al umbral. Invita al mal a tu mesa y sírvele que bastante te ha servido cuando lo necesitaste. Los que más mal asumen el mal son aquellos que solamente se visten de bien y se miran al espejo

3.

“No permitas que entre el mal (en ti)”; “Cierra tu puerta ante el mal”; “Una vez que entra el mal es difícil hacerlo salir”; y otras más en esos tonos son las lecciones que uno aprendió, vivió y transmitió a los suyos como un sermón bíblico indispensable del devenir de lo humano. Hoy, cuando la trascendencia transita el entredicho en esta “relación (tardo) moderna irreflexiva con el mundo”, ese saber se nos antoja descolocado.

Hay saberes, aún inconclusos en su manifestación, o quizás no tan percibidos en su totalidad, en su extrema expresión, que responden a momentos espaciales determinados. Y si todo cambia, porque todo cambia, nos preguntamos desde este rincón de palabras si cobra sentido insistir en la petrificación de un conocimiento que nos resulta lejano, desajustado, impropio de estos tiempos o de estas necesidades específicas, en definitiva, de un saber que nos ignora.

3.

Nos vamos de la comunidad de Dusa (“alma”, en eslovaco; “traslado” en rumano, curiosa concordancia conceptual) con la tarea cumplida: Hemos muerto un poco más. Al final de cuentas es eso lo que la vida nos da a todos: todos los días, cada día, un poco más de muerte.

Han pasado dos años y parecen dos siglos. Localidad sana para cuerpos y almas enfermas. Durante la estancia en Dusa, comuna nada común, algunos encontraron la cura, momentánea o no, otros encontraron un modo de partir desde un final hasta otro llegar. Si lo lograron, en un allá están y nos ven. Eso me dicen. Pero yo no sé. Vemos las estrellas, que son como olas, y esperamos ver cuán verdad hay en esa afirmación divina. Queremos una señal, un guiño. Eso esperamos todos cuando un ser querido se nos va. Vivimos alzados alzando la mirada a ver si el cielo nos mira y nos confía el secreto de los nuestros. ¿Dónde están cuando se van? ¿Dónde estás cuando te quedas?

4.

Vinimos a esta montaña, como siempre se va a los lugares, por respuestas. Y nos vamos, como siempre se regresa de los lugares, con preguntas. Los viajes se realizan para llegar, pero en realidad lo que se ejecuta es un volver. Todo ido es un regresado. Al menos proceder de una familia que no supo estar quieta de generación en generación puede sospechar eso. Desde donde estás vives, en ti, un permanente retorno. Abrir y no cerrar.

5.

Lo que se diga de Dusa, como bien se nos advirtió al llegar, será incierto e incompleto. Porque Dusa interpretará más adelante uno, es una idea, aplicada en la búsqueda de trascendencia, que solamente puede ser completada en el individuo. La comuna, esta comuna, no existe para vivir solamente, sino también, aunque no está en sus preceptos, como escuela para aprender a un morir. No te encuentras si aspiras el registro de grandezas. Más te hablas cuando das con tus miserias.

6.

Sanar no es una decisión, sanar no es una elección. Sanar, la sanación, ese estado ideal de algo no ideal (porque procede de una dolencia, de un padecer, de una condición enferma). Sanar, podría decirse, quisiera decirse, es una consecuencia, divina confluencia de factores que se encuentran para un bien.

El sanar, como acción, se acomoda entre el deseo (de quererlo), la energía (de aplicarse), la posibilidad (de posible, de oportunidad, de chance, de opción), la disposición (de situarse debidamente ante el hecho). Mientras algunos, que son muchos, esperan que los dioses hagan el favor, otros actúan desde la conciencia que dialoga con la esperanza.

¿Están sanos realmente los que aducen que se sienten bien? ; ¿O se sienten “bien” porque quieren creer, y más aún hacer creer, que están “bien”?

“… Y un necio aún espera respuesta”, escribió Heinrich Heine. ¡Sabía tanto el poeta de todo esto!

7.

Bajamos de la montaña y llegaremos a un pueblo, del pueblo a una ciudad pequeña, desde allí a la gran ciudad donde los grandes aviones despegan para atravesar los mares y, así, llegar a nuestro querido caribe. A ti, estimado único lector que no existe de estos textos, te solicitamos que, después de 75 amorosas entregas semanales de palabras, tengas la paciencia de esperarnos. Ya volveremos, ya volvemos. Para bien.

Rubén Wisotzki