HISTORIA VIVA | Las aguas servidas del Paseo Anauco

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El Paseo Anauco en La Candelaria es uno de esos sectores del centro de Caracas con potencialidades histórico-turísticas de singular encanto para propios y extraños, en un entorno de lugares gastronómicos que son referencia en el país y Suramérica especialmente por los aportes de la comida vasca, canaria, gallega, portuguesa e italiana, con espacios para experiencias significativas para deleitarse con su bellísima foresta, caminerías para ejercitarse, con pájaros trinando incesantemente en las enramadas y una tradición cultural nutrida de información documentada que da cuenta de la historia de la ciudad capital de Venezuela desde el siglo XVII. Solo que como espacio, en este momento, es un vertedero de basura, aguas cloacales brotando como un volcán de putrefacción y habitada por una población de familias indigentes, víctimas del microtráfico de drogas en permanente violencia y crímenes contra propios y extraños a lo largo de su trayecto, donde hemos presenciado jornadas en las que la Guardia Nacional y la Policía Nacional han hecho escuela para el tratamiento de la seguridad local.

La menuda tarea de ordenar un monstruo de mil cabezas como la Alcaldía de Caracas, es un desafío que solo puede ser asumido con la aplicación de políticas de Estado transformadoras, con las instituciones vinculantes y las comunidades con sentido de participación. No tengo dudas que la responsabilidad que asume la Almiranta en Jefe Carmen Meléndez es de una dimensión apostólica.

Pero hagamos un poco de historia en la dimensión del Puente Anauco cuyo aguante es de 230 años, el mismo por donde ahora circulamos en La Candelaria.

El centro de Caracas antes que fuera la ciudad castrada de sus habitantes originarios estaba y sigue cruzada por tres quebradas poderosas, Caroata, Catuche y Anauco; todas van en sentido norte sur, desde las alturas del Waraira Repano hasta descansar en el río Guaire. Luego de la llegada y poblamiento del valle por comunidades españolas y en La Candelaría por colonos canarios particularmente, comenzó a crecer la villa de Santiago de León de Caracas hacia el este, según los planes de colonización en el siglo XVII.

Desde la mitad del siglo XVII y la primera mitad del siglo XVIII, habitantes de la ciudad y el gobierno colonial, iniciaron una serie de obras de infraestructura para el mejoramiento de las comunicaciones y evitar el aislamiento en tiempos de invierno, cuando las aguas que bajaban desde el cerro mayor se atropellaban en las principales quebradas de Caracas, lo que impedía el tránsito dentro de la ciudad, en las entradas y salidas de la misma.

Puente Anauco, el mismo que aún se yergue en el antiguo barrio de La Candelaria, al este de lo que fuera la Plaza Mayor, es uno de esos lugares patrimoniales, pero su historia es distinta a la de los otros puentes construidos en el periodo colonial de la ciudad.

Fue ordenado por el gobernador Julián Guillelmi en 1786 y el ingeniero Francisco Jacor cuatro años después concluyó la obra, con unos cimientos tan bien estructurados que desde 1790 aún se sostienen.

Antes de esa fecha, los barrancos causados por las crecidas de la quebrada Anauco, socavaron las orillas de la torrentera e hicieron que los transeúntes remontaran las cuestas empinadas por caminos tortuosos donde transitaban cargas con productos agrícolas cosechados en las vegas aledañas al hilo ribereño y los que ingresaban en tránsito desde el “lejano este” cuando Barlovento comenzaba en Chacaíto.

La expansión de la ciudad a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, especialmente bajo la regencia religiosa del obispo Díaz Madroñero (1757-1769) y la creación de la primera iglesia La Candelaria, permitió la proliferación de casas de habitación de más emigrantes canarios que llegaron a esa zona para dedicarse a la siembra y cría de animales con las cuales abastecían de alimentos a la ciudad.

La solicitud de los feligreses y productores canarios para mejorar las vías llegó hasta los oídos del gobernador Julián Guillelmi, a estos requerimientos se sumaron los de las mujeres que trabajaban en los oficios de lavandería que usaban las aguas y las piedras del Anauco para su labores.

Se agregó a esto la necesidad de fortificar la ciudad y procurarle un control más seguro al instalar en las cercanías del Puente Anauco una alcabala como apostadero militar que regulaba la entrada y salida de la ciudad. Hoy es conocida como esquina de Alcabala en la actual Candelaria. Hoy Puente Anauco puede recuperar esta instancia de control y seguridad.

Durante el último viaje realizado por el Libertador Simón Bolívar a Venezuela, cruzó el poderoso Puente Anauco en 1827, y logró ver ese paisaje que al elevar la mirada muestra las faldas del prominente Waraira Repano, ese mismo paisaje lo disfrutó Bolívar cuando iba rumbo a su estancia en la Quinta Anauco.

Para hacer corta la nota, entre 1982 y 1983, el gobierno de Luis Herrera Campins, decidió embaular la quebrada de Anauco, para evitar la pestilencia de sus aguas servidas, entonces convertida en asiento cloacal. Desde la avenida Panteón hasta más allá de la avenida México las aguas pútridas se deslizan debajo de un manto de cemento que se convirtió en paseo para los habitantes del entorno y que permitió disfrutar una estancia grata en La Candelaria, lo que mejoró notablemente el paisaje.

Durante el deslave de 1999, la quebrada Anauco desbordó su cauce en la boca de salida de la avenida México, entonces se inundó el Metro en la estación Bellas Artes y varios estacionamientos subterráneos, donde por cierto fallecieron varios ciudadanos ahogados por la fuerza de las aguas. Un referente histórico de alerta para tomar las consideraciones pertinentes en estos tiempos de irregularidades climáticas.

Durante la gestión de Jorge Rodríguez en la Alcaldía de Caracas y Jacqueline Faría en el Gobierno del Distrito Capital, se abordó el asunto físico y social en tanto los puentes Anauco, República y Urdaneta siempre han sido refugios de personas indigentes, familias menesterosas de la pobreza extrema que en su tiempo asistió la Misión Negra Hipólita.

La Policía Nacional Bolivariana, a través de los Cuadrantes de Paz en La Candelaria, hace un trabajo encomiable, así lo ha demostrado cada vez que ha sido llamada por la inteligencia social para asistir eventualidades de violencia en el Paseo Anauco.

Hoy, urge retomar el mantenimiento de ese lugar patrimonial y considerar la bella Caracas como la Almiranta en Jefa apuntó en su campaña, con la seguridad de que tanto la Alcaldía, el Gobierno del Distrito Capital, Hidrocapital y el Gobierno nacional, a través del Ministerio del Poder Popular para Interior, Justicia y Paz, conjuntamente con la comunidad, se constituyan en una sola fuerza de resolución del tema. Es necesario dotar a la PNB de un módulo en el extremo oeste inferior de Puente Anauco donde hay un espacio que antes ocupó un comercio y que ahora está abandonado. Es posible recuperar el Paseo Anauco, en manos nuestras está la solución para que deje de ser un vertedero de aguas servidas, basura y recupere su estatus histórico-turístico.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com