LETRA VEGUERA | JULIO RAMÓN RIBEYRO

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En la Casa de Las Letras del Instituto Cervantes, de Madrid, una de las máquinas de escribir de Julio Ramón Ribeyro permanecerá siempre en uno de los planos más relevantes de la narrativa latinoamericana, así como gran parte de los folios originales de sus diarios íntimos, algunos de ellos corregidos y editados por él en Lima.

Estos diarios registran su desnudez y experiencia de escritor, quizás en el sentido expuesto por Guillermo Sucre: la realidad del lenguaje, la única experiencia.

Ribeyro creó personajes en su obra, sobre todo en los cuentos más estelares, para librar con ellos un acto de trascendencia ante las formas más limitantes del lenguaje y vencer sus fórmulas más convencionales.

Cada cuento da razón de ello y es autónomo, independiente uno del otro, señaló una vez, no sólo para expresar su inquietud sobre el género, el cual lo calificó como «menor», aunque no categóricamente, sino como premisa para abordar, desmitificándolo, el tema de la unidad de su universo narrativo, aspecto que siempre queda contenido en el patrimonio de la crítica. Por eso, tal vez, se comprometió enteramente con el cuento como forma de zafarse de las camisas de fuerza del lenguaje y convertirlo en un ser vivo capaz de comunicar, de decodificar la realidad y así contar algo: las miserias y las más efímeras épicas del hombre, distancia de por medio del ampuloso barroquismo y buscando lo esencial, «apostando a la perdurabilidad de unas cuantas palabras o a un adjetivo que dé en el blanco» (Luis Fernando Afanador, «JRR, un clásico marginal»).

En el 2016 se publica en España por primera vez La Tentación del Fracaso, una antología de esos diarios escritos entre 1950 y 1978 que son la revelación más dramática de aquello postulado por Balzac en su ensayo Teoría del Andar: «¿No es la palabra, de cierta manera, el andar del corazón y del cerebro?». En Ribeyro ésta es la experiencia clave: conciencia del lenguaje, de la escritura para desde un realismo ambiguo deslizar un combate a veces abierto, a veces solapado, con lo existente y desnudarlo ferozmente. Lo existente es la realidad a la cual los personajes de Ribeyro levantan un expediente. Es JRR también una expresión de sus personajes: La Palabra del Mudo es la suya y la de los distintos seres que pueblan, cómo alguna vez lo proclamó, «ese mundo chato, sin relieve ni color, donde no hay sitio para la grandeza sino para los marginados de una urbe como Lima, pequeños personajes extraviados sin fuerza ni ilusión ni porvenir».

La máquina de escribir que habita el Instituto Cervantes de Madrid no es una simple pieza o relicario del escritor donada por Alida Cordero, su esposa. Es un símbolo de múltiples resonancias, dimensiones y significados al interior de la modernidad literaria española, que tanto aplaudió y promovió el boom de los 70 como una mercancía editorial y cuya ruta fue distinta a la de Ribeyro y sus señas de identidad: Stendhal, Balzac, Flaubert.

El 4 de diciembre de 1994 Ribeyro muere en Lima, hace 27 años.

Federico Ruiz Tirado