HORIZONTE DE SUCESOS | Los dinosaurios de juguete son reales

0

La semana pasada, le escuché a mi hija una reflexión que me dejó perplejo:

«Si el plástico con el que hacen los dinosaurios de juguetes viene del petróleo y el petróleo viene de los dinosaurios, entonces los dinosaurios de juguetes son de verdad», dijo mientras nos regresábamos a Caracas después de un fin de semana en San Diego, Carabobo.

En el momento no supe y hasta ahora creo que ciertamente Alexa tiene razón. Y es verdad por dos motivos. El primero es que los objetos, las personas y todo lo que existe es, fundamentalmente, su forma. El dinosaurio de juguete tiene forma, al menos por lo que conocemos hasta ahora de un dinosaurio real. Incluso uno es su forma y estamos definidos por nuestros contornos.

Lo otro es que en verdad el plástico tiene reminiscencias de esos seres prehistóricos, que ahora no podríamos relacionar con animales porque lo que conocemos como tal pertenece a nuestro tiempo, en cambio los dinosaurios no, su existencia pertenece a un espacio-tiempo remoto del que no formamos parte.

Volviendo a la idea inicial, el dinosaurio real y el de juguete están hechos, podría decirse, de la misma sustancia. Y esto me hizo recordar un pasaje de una novela de Saer en el que describen a un cordero que va a ser sacrificado para una cena de navidad.

«Después será servido en pedazos sobre las fuentes de loza cachada, repartido, devorado, hasta que queden los huesos todavía jugosos, llenos de filamentos a medio masticar que los perros recogerán al vuelo con un tarascón rápido y seguro y enterrarán en algún lugar del campo al que regresarán en los momentos de hambruna y comenzarán a roer tranquilos y empecinados, sosteniéndolos con las patas delanteras e inclinando de costado la cabeza para morder mejor, dando tirones cortos y enérgicos, hasta dejarlos hechos unas láminas o unos cilindros duros y resecos que los niños dispersarán, pateándolos o recogiéndolos para tirárselos entre ellos».

Posteriormente, el escritor argentino describe cómo los huesos del cordero se van pulverizando e integrándose con la tierra.

«Objetos ya irreconocibles que quedarán semienterrados y ocultos por los yuyos en diferentes puntos del campo, durante un tiempo incalculable, indefinido, en el que arados, lluvias, excavaciones, cataclismos, la palpitación de la tierra que se mueve continua bajo la apariencia del reposo, los pasearán del interior a la superficie, de la superficie al interior, cada vez más despedazados, más irreconocibles, hechos fragmentos, pulverizados, flotando impalpables en el aire o petrificados en la tierra, sustancia de todos los reinos tragada incesantemente por la tierra o incesantemente vuelta a vomitar, viajando por todos los reinos —vegetal, animal, mineral— y cristalizando en muchas formas diferentes y posibles, incluso en la de otros corderos, incluso en la de infinitos corderos, menos en la de «ese» cordero hacia el que ahora se dirige Wenceslao llevando el cuchillo y la palangana».

Está descripción maravillosa nos puede dar una idea precisa de que todo está hecho de la misma sustancia, algunos dicen que polvo de estrellas, cómo si todo formara parte de una gran molienda que nos diluye y nos vuelve a recomponer en esa dinámica infinita. Mi hija tiene razón, los dinosaurios son de verdad.

Heathcliff Cedeño