MICROMENTARIOS | Viajes cotidianos a través del tiempo

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Cuando llamamos o recibimos llamadas de cualquier país del mundo que no esté situado en la misma franja horaria, sin darnos cuenta, establecemos un contacto con otros tiempos.

Es también el presente, pero el presente de ese país que, según el huso horario correspondiente, está en el futuro o en el pasado en relación con nosotros.

Cuando hablo con mi hija que vive en el Reino Unido, según la estación del año, ella vive “por adelantado” con respecto a mí, cinco o seis horas. Quiera que no, me estoy comunicando con un tiempo que empezaré a vivir al cabo de esas horas. Se trata de una incursión cotidiana al futuro. Tan cotidiana que no tenemos conciencia de ella.

Lo mismo ocurre con las llamadas a Colombia, México o el oeste de Estados Unidos. Solo que en este caso somos nosotros quienes estamos “adelantados” en el tiempo con respecto a quienes llamamos o nos llaman. Irrumpimos en el pasado, ya que se trata de un tiempo “que nosotros ya vivimos”.

Ambas situaciones, aunque comunes, son en verdad “viajes” en el tiempo.

 

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A comienzos de 2018, fue noticia un avión que, según las informaciones, «viajó en el tiempo».

¿Cómo lo hizo?

El vuelo HA446 de Hawaiian Airlanes salió de Auckland, Nueva Zelanda, el 1 de enero de 2018, a las 12:05 de la medianoche, y arribó a Honolulu, Hawaii, a las 10:15 a.m., del 31 de diciembre de 2017, luego de ocho horas en el aire.

La razón de este curioso viaje es que Auckland en uno de los primeros lugares del mundo a los que «llega el día» y Honolulu (Hawaii) uno de los últimos.

No fue el único caso de esa noche ni tampoco la primera vez que esto ocurría, pero sí la primera o una de las primeras que recibió atención mundial. De allí el asombro que causó un hecho que, en realidad, es bastante común y se produce todos los fines e inicios de año.

 

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Ver un video o una película, o escuchar una grabación musical o de voz constituyen inmersiones en el pasado.

Arribé a esta idea escuchando en días pasados el Concierto No. 1 de Franz Liszt, interpretado por Claudio Arrau y la London Symphony Orchestra, dirigida por Colin Davis.

Prueba de lo que afirmo es que Claudio Arrau falleció el 9 de junio de 1991 y Colin Davis el 14 de abril de 2013. Aparte de ellos, quién sabe cuántos de los anónimos integrantes de la orquesta han muerto también.

Sin embargo, uno escucha la grabación de dicho concierto como si tuviera a los intérpretes en la sala de su casa y estos derrocharan salud.

Tales ecos del pasado forman parte de nuestra cotidianidad y, por lo general, no nos damos cuenta de tan fantásticos milagros.

Armando José Sequera