HISTORIA VIVA | ¿Para qué sirve la historia hoy?

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La razón del pensamiento histórico insurgente es pensar y repensar lo pasado, analizar las experiencias vividas y planificar o replanificar sobre la base de los aciertos o errores de lo pretérito pero con los excluidos de la historiografía tradicional. Para quienes creemos que para eso sirve la historia, y no solo para contemplarla desde los recuerdos como enseñaron y aún escriben los positivistas de algunas universidades públicas y privadas, es la razón del relato histórico insurgente.

Pero si la historia no se analiza y escribe como relato insurgente, no sirve para nada salvo para confundir con narraciones recreativas; por eso un historiador que no escriba solo sirve para nada o para improvisar y desacertar. La historia se escribe para acertar y para no dejar que lo caótico se nos imponga, como lo han intentado contra Venezuela durante más de 20 años.

Después de la borrasca de 2021, con pestes, bloqueo, sanciones, elecciones y fiestas navideñas si alguien pasó mal el fin de año en Venezuela, debió ser porque la mala suerte y porque el infortunio del covid le tocó la puerta, pero el resto aunque sea brindados lo disfrutaron, invocando la esperanza para retomar la ruta liberadora que Chávez siempre exhortó cada fin de año. Peor estuvo Europa con miles de contaminados por descuido y ausencia de Estados y gobiernos responsables o países como Colombia donde la muerte campea como una sinrazón en la existencia de ese pueblo maravilloso.

Un productor agropecuario al sur de Anzoátegui me dijo en diciembre pasado: “La historia a nosotros no nos sirve para nada, eso es para la escuelas y universidades, aquí lo que necesitamos es apoyo para producir alimentos, créditos y maquinarias”. Me di cuenta que nos falta mucho por explicar sobre la necesidad de fomentar la conciencia histórica pero con un enfoque apropiado, por ello los estudios geohistóricos constituyen un puntal para avanzar en lo que el presidente Maduro llamó el despegue económico independiente.

Nos hace falta estudiar y trabajar la ignorancia para comprender las incomprensiones colectivas o institucionales de algunos y recuperar los saberes desde el método histórico insurgente para mejorar nuestras capacidades productivas en lo intelectual y manual.

Si la historia es tiempo-espacio y ser humano, y si el territorio es un componente de esa trilogía sobre la que sustenta la historia analicemos lo que nos dijo el antropólogo tunecino Pierre Levy sobre el espacio: La brújula construye un espacio táctil de las proximidades: tantos días a tal rumbo, tantos días a tal otro rumbo.(…)”.Un ser humano que habita e intenta transformar un territorio para vivir lo hace en un tiempo determinado. Parece una tontería pero hay que recordárselo a algunos porque a veces el pragmatismo de estos tiempos no nos deja pensar más allá de lo cotidiano del «tareismo» diario y pecamos de ignaros, alterados por la desesperanza inducida.

Para pensar en la recuperación económica productiva tenemos que ver, estudiar y observar esa trilogía. Si no lo hacemos estaríamos ciegos, por eso la historia es imprescindible.  Aquí invito a los historiadores e historiadoras, sobre todo insurgentes graduados, a reflexionar sobre la razón de la historia y la geohistoria para abordar los grandes temas económicos productivos que tanto proclama la Revolución Bolivariana a través de sus principales voceros y que reclama el pueblo con silencio pasmoso. Todos y todas tenemos esa responsabilidad, porque no es una tarea solo para historiadores profesionales “exclusivos”, desde el Presidente Maduro hasta el alcalde de Pariaguán en el Anzoátegui sur o de cualquier lejanía fronteriza, igual que a las comunidades organizadas a lo ancho y largo de nuestra nación tienen la responsabilidad irrenunciable de estudiar y analizar esa trilogía de la historia.

Ignacio Ramonet en la reciente entrevista realizada al presidente Maduro, el mandatario señaló que Venezuela tiene motores propios para independizarse del viejo rentismo petrolero. Es una gran línea política, una línea general. Entonces ¿Para qué sirve la historia en ese contexto hoy?

Lo señaló March Blom: La historia es la ciencia de los hombres en el tiempo, entonces veamos en la línea del tiempo de dónde venimos para superar los efectos de la guerra económica y de nuestros propios errores, a ello agrego lo que dijo Herodoto, padre de la historia, indicó al referirse que debemos conocer el pasado para convertirlo en legado para el conocimiento y para que no se olvide. Pero sobre todo para que no pequemos de ignorantes ante un pueblo inteligente.

Estudiar la historia desde la perspectiva metodológica revolucionaria es una obligación para los mandatarios o para los gestores de la administración pública, para todos, para los productores de contenidos intelectuales y manuales desde la vanguardia política hasta los agropecuarios porque su estudio y su conocimiento nos entregarán los diagnósticos y registros para planificar el futuro sobre la base de la felicidad posible que como propósito social nos legó Bolívar y Chávez.

Creo que no existe un historiador que no escriba porque si no lo hace, no puede llamarse historiador, puesto que la historia y la comunicación están imbricadas y como trabajo humano profesional quien la cultive y trabaje tiene el derecho a ser gratificado dignamente.

Ya no es la perplejidad del relato histórico de las clases dominantes que construyó un imaginario nacional de acuerdo a sus intereses y a los deseos de gobiernos extraños, sino la de la historia insurgente con la voz de todos y todas, pero especialmente los que quedaron fuera de la narrativa histórica durante siglos.

Hace algún tiempo hablamos sobre la historia como derecho humano y ciertamente esta se inscribe entre las disciplinas del conocimiento para la construcción de procesos identitarios pero sobre todo para reconocer nuestras propias capacidades. Como lo escuché en el Barlovento de Miranda de la voz del cronista de Curiepe, Adrián Monasterios cuando nos señaló que en esa región ya no se cultivaba y cosechaba la “Cola” una fruta dulce que dio origen a la bebida “colita” y que era un extracto refrescante muy popular en el Siglo XIX y principios del Siglo XX. Pero solo los estudios geohistóricos pueden dar cuenta de esas virtudes olvidadas que se suman a una cantidad de productos primarios de esta tierra maravillosa que se llama Venezuela, bendecida por la Providencia con caudales inmensos de agua, tierra orgánica, mujeres y hombres trabajadores que son los sujetos transformadores de esta época.

El estudio de la historia local, regional o la geohistoria como método, resulta un desafío porque nos permitirá afrontar los retos de nuestra existencia productiva para nuestra independencia, aun con tormentas como la peste Covid o con las amenazas constantes contra la República. Es tan necesario el impulso y desarrollo de los estudios históricos locales focales, tanto como disponer de las maquinarias, los créditos y las semillas, ella nos permitirá sembrar conciencia de nación en el espíritu republicano y la solidez firme que soñó Bolívar y Chávez. En eso estamos y de allí nadie nos sacará, aunque ocurran derrotas coyunturales como las de Barinas, nada puede detenernos luego de determinar las razones históricas del que sacaremos lecciones ejemplarizantes para nuevas victorias.

Aldemaro Barrios Romero | venezuelared@gmail.com