PUNTO Y SEGUIMOS | Denunciar hasta que se oiga

0
Para mucha gente se reduce a una “cantaleta chavista”, pero lo cierto es que la estrategia de expolio de los Estados Unidos contra Venezuela y su “táctica maestra” de crear un gobierno paralelo -interino- ficticio y “legitimarle” para negociar (más bien robar) directamente y a sus anchas recursos de la República es una barbaridad que no deberían permitir los países de este autoproclamado mundo civilizado. El precedente que sienta socava las bases de la propia democracia formal burguesa que tanto dicen defender y nos sitúa en pleno siglo XXI ante el descaro hegemónico de decidir a dedo y sin fingimiento alguno que una nación tenga el “presidente” que les conviene, sin importar que exista uno real y electo en las urnas, o siquiera que el líder de ficción despache frente a un escudo de cartón desde el salón de fiestas de su edificio.
La aceptación de este plan descabellado, ilegal y pirata evidencia el declive institucional y moral de los Estados Unidos de Norteamérica y las naciones que tuvieron el “valor” de respaldar tal monstruosidad jurídica y de facto. En la Venezuela en que no prosperaron los intentos de golpe de estado, un paro petrolero, las incursiones territoriales de mercenarios, la violencia en las calles (guarimbas) o un feroz bloqueo económico para sacar al chavismo del poder que le otorgó el pueblo; el invento de imponer un gobierno paralelo con firma válida solo para entregar activos nacionales pareciera un mal chiste. Pero para Venezuela y su gente no ha tenido – ni tiene – gracia alguna.
La medida, digna de la administración de un orate como Donald J. Trump, ese personaje siniestro de la historia contemporánea pero que tan bien representa el pensamiento y accionar ideológico y político estadounidense, a pesar de su evidente destino hacia el fracaso, ha sido mantenida por Joe Biden, cuyo gobierno – al fiel estilo demócrata -practica y continúa las políticas republicanas mas crueles, bajo un manto de supuesto respeto y defensa de la democracia que ya nadie en el planeta puede tomarse con seriedad.
Podríamos hacer una lista de las inconsistencias y acciones dignas de Ripley’s, que describan el “funcionamiento” del mal llamado interinato, ese que insisten en mantener a pesar del paupérrimo papel que han jugado no solo desde el imperialismo como “autores intelectuales” sino los actores locales y “materiales” del crimen de saqueo al país. Juan Guaidó es poco más que un payaso que apenas y logra modular cuando habla, pero vaya que es hábil y sin escrúpulos a la hora de guisar. Demostró ser además egoísta y no repartió como sus cómplices esperaban que lo hiciera, y ahí se armó la gorda. La banda de cínicos que asumieron cargos fantasmas en 2019 hoy se desmarcan sin miramientos y se acusan entre ellos de “malos manejos”, mientras un grupo aún más reducido se extiende el período de funcionamiento de un poder del estado que ya expiró y se renovó por la vía del voto popular (asamblea), con el fin de saquear un ratico más. Un año, cortesía del gobierno estadounidense que – paralelamente – insta al gobierno real a reanudar el diálogo con la oposición.
En pocas palabras le piden al gobierno que sancionan y no reconocen que se siente a hablar con la oposición que supuestamente es el gobierno legítimo. Los temas pueden cambiar a voluntad y no necesariamente cumplirán acuerdos o cartas de intención por más firmados que estén; de modo tal que, ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario. Si siente confusión con estas líneas, sepa que no es a causa de la redacción.
Entonces, toca seguir con la cantaleta y denunciar, denunciar la vergüenza que significa para el mundo moderno permitir por apoyo directo o por silencio cómplice, que un país decrete que otro es amenazante, lo bloque inhumanamente y encima le plante una administración de cartón con la que le saquea miles de millones de dólares, sin derecho a pataleo. De potencias y ex potencias es creíble, pero el caso de los países “hermanos” es simplemente descorazonador. Que la región se haya plantado para reafirmar tal agresión y que aún después de cambios de gobiernos por algunos supuestos progresistas, las declaraciones y acciones a favor del derecho de Venezuela a la autodeterminación sean tibias, vagas o ambiguas, además de doloroso es penoso. Y mucho.
Esperamos no tener que ver replicarse gobiernos narnianos en alguno de esos países a los que nosotros sí hemos tratado con respeto y solidaridad, independientemente de los gobiernos que sus pueblos hayan elegido, esperamos ninguno sufra un bloqueo económico semejante, y sobre todo, esperamos que no sigan permitiendo que una acción tan vil como la que se ejecuta contra Venezuela, siga siendo disminuida y silenciada, o calificada como  “discurso radical comunista castrochavista dictatorial” , cuando no es más que un vulgar crimen.
Mariel Carrillo