ASÍ DE SENCILLO | Te quiero

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Maritza Cabello

—Tengo ganas de comer pasta con pollo.
Expresó la hija sin pretensiones, así como «tengo sed».
Al día siguiente, en la hora del almuerzo, momento cotidiano, que pasaba desapercibido por el quehacer diario, su madre servía un hermoso y rebosante plato de pasta con pollo guisado, adornado por papas y una salsa de naranja, humeante y olorosa a amor. Sí, era un plato de «te quiero».
Su mamá, heredera de un rostro duro e inexpresivo, de la raza india de la abuela, nunca dijo un: «te quiero», «te extraño», «quédate». ¡Nunca!
Tampoco acarició cabello, menos repartió abrazos y ni pensar que diera besitos o mimos. ¡Nada!
La madre decía palabras de amor, abrazaba fuertemente a través de sus platos. Era su forma de amar.
Luego de presentar su plato florido, se sentaba frente al comensal a ver cómo disfrutaba lo que ella entregaba. Su tiempo, su creatividad, su alegría, su sabiduría.
—¿Quieres más?, hice suficiente. Puedes llevar, pero me traes mi potecito.
La hija se iba con la panza a reventar y un «Toperwere» repleto de pasta con pollo para la semana.
Se iba segura que allí la amaban.

Maritza Cabello