HABLEMOS DE ESO | Nicaragua

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Humberto González

Este 10 de enero asumió la presidencia de Nicaragua por un nuevo período el comandante Daniel Ortega Saavedra. En la elección de noviembre de 2021, el Frente Sandinista de Liberación Nacional obtuvo más del 75% de los votos. Y, por supuesto, esta victoria fue desconocida por Estados Unidos y sus aliados; las elecciones no habrían sido «libres y transparentes».

Más que argumentar ahora sobre las «verdades» impuestas a fuerza de dinero y cascadas de propaganda, más que recordar (porque a uno se le viene a la mente en escenas que se presentan por ráfagas) la épica de la revolución sandinista triunfante en 1979 o los horrores correspondientes a los regímenes de la familia Somoza («Tacho» y «Tachito», padre e hijos gobernaron Nicaragua desde 1937 hasta 1979) o al recordatorio de la frase de Franklin Delano Roosevelt para referirse a «Tachito» («Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta»)… Más que todo eso me vino a la mente la guerra desatada por Estados Unidos contra la revolución sandinista y el proceso democrático nicaragüense desde 1979 hasta 1990.

Los episodios de la guerra podrían resumirse en los dictámenes de la Corte Internacional de Justicia, a la que recurrió Nicaragua en 1984. Luego de varios años de deliberaciones, la Corte sentenció a favor de Nicaragua el 27 de junio de 1986. Veamos algunos de los puntos resolutivos aprobados por la Corte, comenzando por el número 3:

«Los Estados Unidos de América, al entrenar, armar, equipar, financiar y abastecer a las fuerzas de la Contra (el ejército paramilitar contrarrevolucionario) o de otra manera alentar, apoyar y ayudar en la ejecución de actividades militares y paramilitares en y contra Nicaragua, ha actuado contra la República de Nicaragua, en violación de su obligación según el Derecho Internacional consuetudinario de no intervenir en los asuntos de otro Estado”;

El número 4: «Los Estados Unidos de América, mediante (…) los ataques contra Puerto Sandino el 13 de septiembre y el 14 de octubre de 1983, el ataque contra Corinto el día 10 de octubre de 1983, el ataque contra la base naval de Potosí los días 4 y 5 de enero de 1984, el ataque a San Juan del Sur el 7 de marzo de 1984; ataques contra lanchas patrulleras en Puerto Sandino los días 28 y 30 de marzo de 1984 y el ataque contra San Juan del Norte el 9 de abril de 1984; además de los actos de intervención a los que se refiere el párrafo 3 que incluye el uso de la fuerza, ha actuado contra la República de Nicaragua, en violación de su obligación según el Derecho Internacional consuetudinario de no usar la fuerza contra otro Estado».

El número 5: «Los Estados Unidos de América, al dirigir o autorizar sobrevuelos del territorio nicaragüense y al cometer actos imputables a los Estados Unidos a los que se refiere el párrafo 4, ha actuado contra la República de Nicaragua, en violación de su obligación según el Derecho Internacional consuetudinario de no violar la soberanía de otro Estado».

El número 6: «Al colocar minas en las aguas internas o territoriales de la República de Nicaragua durante los primeros meses del año 1984, los Estados Unidos de América ha actuado contra la República de Nicaragua, en violación de sus obligaciones según el Derecho Internacional consuetudinario de no usar la fuerza contra otro Estado, de no intervenir en sus asuntos, de no violar su soberanía y de no interrumpir el comercio marítimo pacífico».

El número 8: «Los Estados Unidos de América, al no dar a conocer la existencia y el lugar de las minas por ellos colocadas a que se refiere el párrafo 6, ha actuado en violación de sus obligaciones de acuerdo con el Derecho Internacional consuetudinario a este respecto».

El número 9: «Los Estados Unidos de América, al elaborar en 1983 un manual titulado Operaciones psicológicas en guerra de guerrillas y difundir el mismo entre las fuerzas de la Contra, ha alentado la ejecución por ellos de actos contrarios a los principios generales del Derecho Humanitario…

El número 10: «Los Estados Unidos de América, por los ataques contra territorio nicaragüense referidos en el párrafo 4, y por declarar un embargo general sobre el comercio con Nicaragua el 1 de mayo de 1985, ha cometido actos calculados para privar de su objeto y propósito el Tratado de amistad, comercio y navegación entre las partes (…)

La guerra de Estados Unidos contra Nicaragua había sido evidente: financió al ejército paramilitar contrarrevolucionario (“los Contras”), realizó y alentó actos terroristas sistemáticos, sembró minas en los puertos, realizó un bloqueo comercial. Todos atentados contra el pueblo nicaragüense dirigidos a derrocar el gobierno democráticamente electo. Los hechos fueron tan claros que 13 de los 15 jueces de la Corte Internacional de Justicia no dudaron en condenar a Estados Unidos (sólo votaron negativamente los jueces de Estados Unidos y Japón), exigir el cese de las agresiones y establecer la necesidad de reparaciones. En la guerra se produjeron más de 38.000 muertes y los daños económicos se calcularon en 17 mil millones de dólares.

A los Estados Unidos, por supuesto, les bastó con no reconocer el dictamen de la Corte.

La guerra se había valido de todos los medios para romper la resistencia del pueblo nicaragüense. En las elecciones de 1990, perdió el Frente Sandinista. La nueva presidenta, Violeta Barrios de Chamorro retiró el caso de la Corte.

No sería sino hasta 2006 que el FSLN y el comandante Ortega ganaron las elecciones. Después siguieron los triunfos electorales sandinistas de 2011, 2016 y 2021. El aliento de la Revolución Bolivariana, del pueblo venezolano y el Comandante Chávez contribuyó sin duda a un amanecer de los pueblos de Nuestra América.

La lucha por la soberanía y la igualdad efectiva no es asunto fácil. Tiene unos fuertes adversarios que actúan con total desvergüenza. Pero aún en las peores condiciones el objetivo es el mismo: Vencer.