RETINA | Engels demorado

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Freddy Fernández

Luego de una agria discusión en la que hubo acusaciones cruzadas de desviaciones de izquierda y de derecha, la célula “Donato Carmona” decidió que la mejor forma de incentivar las contradicciones de clase era mediante la plena incorporación del proletariado a la lucha por el derecho a la vivienda.

Después de pasearse por terrenos de Lagunillas, Tabay y Ejido, el debate se decantó por usar las tierras que se ubicaban entre la urbanización Santa Ana, la Plaza de Toros y los barrios Santa Anita, Primero de Mayo, Pueblo Nuevo y Simón Bolívar.

Al camarada Frank, ampliamente respetado por su sólida formación marxista-leninista, le fue asignada la tarea de preparar la intervención central, para que no quedara ninguna duda de la conexión histórica de la toma de estos terrenos con la lucha de los proletarios de todo el planeta.

Algunos no entendíamos bien las motivaciones ni el alcance político de esta iniciativa, pero se nos hizo saber que contaríamos con que el brillante camarada Frank nos haría la correcta explicación ideológica, tanto a nosotros, los pequeñoburgueses de la juventud comunista, como a la masa proletaria que participaría en la conquista revolucionaria de las viviendas.

Llegó el día fijado y la hora acordada: dos de la mañana. Frank todavía no llegaba, pero el camarada Víctor había traído como a 150 personas. A algunos les hizo regresar a por más, pues insistía que era importante que estuvieran los niños, las abuelas y abuelos.

Serían como las diez de la mañana, cuando el camarada Ángel, de ingeniería, apoyado por la camarada que era su novia, de la escuela Forestal, dijo haber terminado “una división justa y revolucionaria del terreno”, que otorgaba a cada familia tomista parcelas aproximadamente iguales de tamaño, con un desestimable margen de error de más o menos el cinco por ciento.

Aunque parecía bien, pocos momentos después algunos se quejaron de que las parcelas que les asignaban no eran cuadradas o rectangulares. El camarada Ángel trató de explicar que las características del terreno impedían una distribución geométrica más clásica, por lo que se requería una visión revolucionaria también en esa forma de “una geometría proletaria que hiciera justicia a las aspiraciones colectivas e individuales” y que ya el camarada Frank se encargaría de hablar con mayor profundidad sobre “los aspectos epistemológicos y dialécticos de las decisiones políticas que allí se estaban tomando”.

Tratando de imaginar esa geometría proletaria, a alguien se le ocurrió comenzar a levantar mentalmente las paredes. Lo hizo en voz alta y varios lo imitaron. Se encontraron ciertas dificultades en el trazadosde calles y veredas y, a medida que las casas imaginarias se hacían más altas por la incorporación de nuevos pisos, comenzó una áspera discusión por la distribución de la luz directa del sol. Hacía falta el discurso ideológico, con luz marxista-leninista, de Frank para calmar los ánimos, pero el camarada todavía no había llegado y era hora de repartir un sancocho hecho allí, con todo el amor militante de la clase obrera.

Todavía a la espera del camarada Frank, Paulino se presentó con sus títeres y logró apaciguar la discusión sobre la geometría proletaria y la luz solar y las clases sociales. Le siguió Chucho, guitarra en mano cantando cosas de Zitarrosa, los Parra y piezas de la Guerra Civil Española.

Nos aliviamos al ver acercarse al camarada Frank, justo cuando Chucho interpretaba una canción del puertorriqueño Roy Brown, “Míster con macana”. Como si la canción hubiese sido premonitoria, en ese instante llovieron lacrimógenas, peinillazos y palos.

La masa proletaria desapareció en menos de diez minutos, junto a nuestros dirigentes históricos. En el centro del cerco represivo quedamos los seis pequeñoburgueses de la juventud comunista, detenidos para ser trasladados de inmediato a la comandancia de la Plaza Glorias Patrias. En esas celdas el camarada Frank pidió disculpas. Se había demorado porque le costó conseguir el libro de Engels sobre el problema de la vivienda. Dijo que sin su lectura no habría podido explicar a los proletarios por qué era mejor tener vivienda.

Freddy Fernández | @filoyborde