ARRIMANDO LA BRASA | Convivencia en cuestión

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Laura Antillano

La historia nos cuenta que Shakespeare escribió sus mejores piezas durante una pandemia, y Sor Juana Inés de la Cruz falleció en medio de otra.

Ninguna de las dos emergencias epidémicas debió compararse con las cifras de fallecimientos que tenemos en este siglo, y en el pasado tampoco se contaba ni con el conocimiento químico medicinal de hoy, ni con los recursos  tecnológicos contemporáneos para estar comunicados sin necesidad del encuentro directo cuerpo a cuerpo.

Ello debemos sentirlo como ventajas con relación con la población humana del pasado en términos de instrumentos para enfrentar la pandemia. Pero probablemente tampoco los niveles agresivos de los efectos de los virus no llegaban a asuntos como la multiplicación de mutaciones que se viven en el presente con el covid-19 tampoco.

La continuidad del día a día en términos de la información y sus aristas, siempre alrededor del tema, van ocupándonos, de modo que la vida se convierte, colectivamente, en un aprender a establecer rutinas que nos permitan vivir con las precauciones del caso y sus variables, buscando el espacio para continuar siendo quienes éramos, en lo relativo a los proyectos de vida de cada quien, las rutinas, la convivencia con nuevas maneras de relacionarse y en consecuencia, participamos, nos guste o no, de nuevas circunstancias, no siempre gratas (o todo lo contrario de ello), de ahí, por ejemplo, que el número de feminicidios se multiplicara como lo ha hecho, que la ubicación en el renglón de la población de tercera edad tome características de máxima delicadeza, o que la consideración de la fortaleza indicativa del progreso en educación ahora fluctúe en la discusión acerca de la educación presencial  o la manejada a través  de  las redes a distancia.

Un mundo nuevo en el contexto de las relaciones humanas ha sido la consecuencia inmediata, sin que ignoremos la influencia de los cambios de clima, y todos los cambios que han venido dándose a través de la atmósfera terrestre desde que todo esto empezó.

Las rutinas de los últimos tiempos nos llevan a pensar que estás circunstancias no tienen fecha de finalización, y la destreza humana lleva al aprendizaje continuo de nuevas rutinas permanentemente, con protocolos que ya conocíamos, pero ahora manejamos variables.

Asusta sí, el saber, por ejemplo, que la convivencia cotidiana que obliga a la pareja a pasar más tiempo diario juntos, ha aumentado el índice de asesinatos de la población femenina  en el mundo. Y no es una alarma desestimable.

Reflexionar sobre el asunto produce una alarma imposible de ignorar.