Entrevista | Roberto Malaver: A un país alegre siempre le va bien

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En la esquina de Gradillas siempre le saluda los transeúntes, echandoles cuentos y anécdotas de lo mucho que disfrutaron su programa de tv.

Esta conversa fue una cátedra de humor, acá Malaver nos deja varias frases: La mejor arma es la sonrisa, sobre todo si uno no tiene tanques o revólver. La mejor arma es el humor, es un arma de construcción masiva
Texto Gustavo Mérida | Fotos Javier Campos

El tipo se acercó al micrófono. Estaba full, y se hizo silencio. Levantó la mano izquierda y se quitó el reloj. Lo puso frente a su rostro, serio, y no emitió palabra”.

A veces, en las entrevistas, lo mejor no se graba. Sigo parafraseando al parafraseador, así que excusen aquellas comillas. Y estas: “Luego, habló: ‘Ya pasó el primer minuto, que es el más importante’. Y estallaron los aplausos”.

La risa de Malaver lo sigue a todas partes, aunque él no se apure. Las risas durante la conversación, siendo que fueron muchas, convengamos, lectores y lectoras, en ponerlas con tres puntos suspensivos encerrados en paréntesis, que son adecuados porque, si no les da risa, pueden tomarlos como palabras que no se transcribieron.

En la Cita con la actualidad (o Cayapa periodística, que “suena” a lo que no es) de esta semana compartimos con Niedlinger Briceño, Mercedes Chacín y Matías Jaberg-Cobo.

Roberto Malaver, quien le dice “doctor” o “doctora” a todo el mundo, es humorista, profesor universitario, asesor editorial de este periódico, -“me asesora en todo”, dice Mercedes Chacín-, publicista, internacionalista, escritor y gran lector. “Y amigo excepcional”, agrega la también directora.

La primera pregunta, que ya se está tardando, se la pedí a Clodovaldo Hernández, a quien le agradezco todas las que me ha mandado y las que vendrán.

— ¿Cómo consigue seguir haciendo humor respecto a los delitos de Guaidó mientras él goza de impunidad?
— Esta es la segunda vez que Clodovaldo me hace esa pregunta; quiere decir que la primera vez no quedó bien contestada (…), y yo le decía que esa es la gran ventaja que tiene un humorista, porque ellos mismos se denuncian a sí mismos. Alguien dijo que el mejor humor es cuando uno se burla de uno mismo, y aunque ellos lo hacen involuntariamente y no lo saben, porque si lo supieran no lo harían, ya que no son humoristas. Como diría Zapata, yo creo que Guaidó y Rosales son una beca Gran Mariscal de Ayacucho del humorismo venezolano.

— Esa frase: “Darle al pueblo la mayor suma de felicidad posible”, ¿no hace que el pueblo esté esperando la felicidad?
— Allí hay un error, y está en la palabra “suma”; ¿cuál es la suma? Es una cosa infinita. La mayor felicidad es suficiente, la suma es demasiado. Yo me conformo con eso, con la felicidad. Sin suma. Es una utopía.

“En la vida, para que a uno lo recuerden, uno tiene que ser un gran jodedor”. Roberto recuerda a Pedro Chacín, después que hablamos del poeta Eleazar León, de amor y de muerte, de solidaridad, de recuerdos, de Earle Herrera. “El sentido del humor te permite burlarte de la muerte, porque te van a recordar siempre. Nadie se va a olvidar de Aquiles Nazoa, de Aníbal Nazoa, de Oscar Wilde, que lo recuerdan más como humorista que como escritor; es decir, el humor se burla de la muerte y se burla de la vida. Hay gente que se pregunta ¿habrá vida después de la muerte?, en todo caso habría que preguntarse si hay vida antes de la muerte. Que haya vida antes de la muerte es que uno pueda reír, pueda ser solidario. La mejor arma es la sonrisa, sobre todo si uno no tiene tanques o revólver. La mejor arma es el humor, es un arma de construcción masiva, de alegría, la que nos permite a nosotros sobrevivir a todo. El humor solidifica, eterniza la amistad, la hace más grande, porque tú siempre vas a estar recordando las cosas de las que te ríes”.

“Mi abuelo Teodoro era un gran humorista y no lo olvido nunca. Yo le decía: ‘Abuelo, ¿por qué no se sube en esa mata de coco y me baja un coco?’. Y me respondía: ‘Caramba, Robertico, me monto apenas sobre tu abuela y porque se acuesta y me voy a montar yo en esa mata de coco”. Puntos suspensivos encerrados en paréntesis.

“Uno elige a sus amigos. Uno no va a elegir mediocres entre sus amigos; piratas, ladrones, cómplices, corruptos, uno elige a tipos con los que las va a pasar bien”. Otra vez Pedro. Y Earle. Y el periódico Letras. (…). Entonces, ese tipo de cosas, si estás solo o si estás pasando un mal momento, se te viene eso a la mente y ya estás bien, porque te sientes acompañado, porque sientes que viviste una cosa extraordinaria, porque te diste el lujo de estar al lado de gente de talento, gente amiga, gente solidaria, gente con la que se pueden compartir muchas cosas.

— De todas las cosas que haces, ¿cuál te gusta más?
— Me gusta leer. Lo que más me gusta es leer. Si uno está armado de conocimiento uno está salvado. Hay que defenderse de ese mundo de piratas, de engreídos, de intolerantes que creen que se las saben todas. La humildad dice mucho. La gente es intolerante cuando no tiene nada que decir. Yo le huyo a la seriedad y le huyo a ser mala gente.

— ¿Cuáles proyectos tienes para este año?
— ¡No! Yo vivo sin proyectos. Tengo un montón de cosas del año pasado y las estoy sacando ahorita, y ya se me están acumulando las de este año para hacerlas en el 2023. Bueno, me metí en un proyecto con José Roberto Duque, Mercedes Chacín, Jesús Arteaga, Leorana González y Gustavo Mérida, que es https://lainventadera.com/ que es el único proyecto serio en el que me he metido. Creo que vale la pena, porque es una cosa novedosa, novedosa en el sentido de lo que se está haciendo, una cosa inteligente.

“Afortunadamente, mi familia tuvo muchos amigos comunistas. Uno de ellos fue Pablo Romero Millán, quien me dio libros. Desde pequeño me enseñaron a jugar ajedrez, a escribir a máquina, a usar el multígrafo, y después ver los volantes por el pueblo…puras vainas de comunismo”.

— El comunismo y la oposición, ¿están en decadencia?
Antes de responder, Roberto pregunta. Ha estado tantas veces en esta cayapa del lado “correcto”, que intenta entrevistar así, suavecito, en medio de la risa. Pero no nos dejamos. “En principio, ese es un homenaje personal que le hago a Pocaterra. Escribió dos tomos que se llaman Memorias de un venezolano de la decadencia. Jesús Sanoja Hernández, quien fue mi profesor en la escuela de Comunicación Social, me dio esos libros, que yo no los había leído. Es una narrativa extraordinaria, y yo le puse a la columna Memorias de un escuálido en la decadencia y entonces me hago pasar por escuálido. Hay gente que al principio se confundía, los mismos opositores, me decían ‘coño, compañero, por favor, no nos denuncie tanto, no lo diga así (…)’. Es un homenaje a Pocaterra y también a todas esas canciones que uno las va incorporando cuando escribe, que es un recurso muy usado en la literatura. Las palabras se van entretejiendo. En la plaza El Venezolano, una vez un tipo me paró y me dijo que era carpintero… y que estaba a la orden para arreglar las puertas que destrozaba el papá de Margot. Me divierto haciendo eso porque siento que uno tiene que hacer las cosas con alegría. No hay nada más revolucionario que la alegría, a pesar de que a mí me encanta una canción de Otilio Galíndez, para mí la canción más bella de él, que es Pueblos tristes. Earle me decía: ‘¿Pero tú crees que puede ser el himno nacional?’ ¡Hasta allá no! Yo he dicho siempre que ojalá que no haya más pueblos tristes pero que quede la canción”.

— Metámonos a futurólogos. ¿Lograrán reunir las firmas para el Revocatorio?
— Hablando seriamente, Blanca Rosa Mármol, no de Los Picapiedras, de Mármol, puso un tuit: “No me explico, el presidente interino está pidiendo el revocatorio”; se está auto reconociendo como un estúpido, porque el presidente es él, ¿no? Lo importante es que una de las cosas con las que uno siempre se defiende es con la democracia; porque si se da la convocatoria al revocatorio no puede ser que se hable de dictadura. Hay marchas, hay elecciones, hay democracia. Los que siguen hablando de dictadura son los mismos. Para el revocatorio hace falta un candidato y no tienen candidato. ¿Cómo se ponen de acuerdo? Los chavistas no pueden ver una escuela porque entran a hacer cola para votar.

Roberto Malaver habló de mafias, luego que el presidente Nicolás Maduro mencionó la magia de ellas en la Asamblea Nacional. “Yo conozco tres tipos de mafias”. Breve silencio, y aclara sin oscurecer: “Las conozco porque las he leído”. Y nos habló de las mafias italianas. De Sicilia, Nápoles. La mafia del “rector”, aquella de títulos universitarios. Las mafias de Venezuela son “tercermundistas”; no tienen una organización propia. Mencionó hechos de corrupción, en Lácteos Los Andes y Pdvsa Gas.
También hablamos de Chávez.

— ¿Cómo lo conociste?
— Yo hablé tantas veces con Chávez…ahorita no recuerdo cuándo fue la primera vez. A Roberto (Hernández Montoya) y a mí nos tocó presentar a Silvio Rodríguez y Lilia Vera en La Rinconada y hablé bastante con él. Estaba Néstor Francia y cuando Chávez se fue, me dijo que qué me parecía que en este país hubiera gente queriendo tumbar a ese tipo tan simpático. El sentido del humor de Chávez era extraordinario. Tengo dos constituciones firmadas por Chávez.

— ¿Volverá a la televisión Como ustedes pueden ver?
— La única gracia del programa está en el nombre, cuando era por radio. Lo demás sobra. Yo me divertí mucho en la televisión, porque me permitió decir un montón de cosas que pensaba que jamás las iba a decir. Decía tantas cosas que un día me mandaron a callar. Te lo puedo contar: en este país se robaron 25 mil millones de dólares, decían. ¿Quiénes? Supuestamente empresas fantasmas, de maletín. Entonces, yo llegaba los domingos con un maletín italiano, de cuero, y lo ponía sobre la mesa y le decía a Roberto: aquí está mi empresa, sé que hay algunos que recibieron muchos dólares y a mí no me han dado nada. Lo hacía con toda la mala intención, a ver si alguien me llamaba y me decía que dejara de joder, que ahí estaban mis dólares… y ahora tengo mi maletín esperando las remesas. Confieso que me he divertido para ser feliz a largo plazo. Rodolfo Santana, un gran amigo, me llamaba y me decía cuánto le gustaba el programa y yo le decía a mi esposa: este tipo me está vacilando. Rodolfo era maravilloso.

— Esa cruz que llevas… ¿eres creyente de San Francisco de Asís?
— Yo estuve allí. Es extraordinaria. Hay dos iglesias, la superior y la inferior y la inferior es superior. Hermosa, bella. Estuve solo un día completo, no lo podía creer. Para recordarlo, compré la cruz. Una iglesia de los años mil quinientos y tantos. Soy ateo, gracias a Dios y a la Virgen del Valle.

Roberto insiste en entrevistar a Matías, nuestro compañero argentino. Le preguntó al joven redactor y este respondía. Hablaron de fútbol y de Maradona. Otra vez, Como ustedes pueden ver y la percepción de un televidente: “¿Cómo es su relación fuera del programa? Hay gente que piensa que ustedes, los Robertos, pasan las Navidades juntos”. (…) Este Roberto habla de aquel, de los viajes, de las diferencias, las llamadas telefónicas, la prosa brillante del otro Roberto, y este parafrasea a Verdaguer (humorista uruguayo): “Para ser humorista hay que ser audaz, y yo soy audaz; para ser humorista hay que tener talento, y yo soy audaz, muy audaz”.

Por supuesto, hablamos de libros. Y de películas. Lee muchas novelas policiales y recomendó, con los ojos cerrados, mientras nos veía, una de un francés cuyo nombre saldrá al final de la entrevista, para que usted se vaya con algo bueno.

— ¿Practicas algún deporte?
— Ajedrez. Y jugaba beisbol. Pichaba y jugaba primera base. Soy fanático del ajedrez. Jugaba en el 72 y seguía a Bobby Fischer, un genio. Sigo jugando.

“Soy holandés”. Malaver es seguidor de la selección holandesa y es capaz de no asistir a reuniones, sean importantes o no, si “su” selección está en la cancha. “Es el llamado de la sangre”. Cuando le ganó a Argentina, salió solo con un pito por Santa Mónica, en el mundial de Francia 98. “Si Holanda estuviese jugando ahorita…” Juraría que hizo el principio del ademán para levantarse. Durante el mundial de México 86, faltó a clases. “De vaina quedamos campeones”. Otra vez, Maradona. “Cuando ganó Nápoles el campeonato italiano, pusieron una pancarta en el cementerio, grandísima: ‘No saben de lo que se perdieron”.

— ¿Te preocupa herir sensibilidades con el humor, o lo haces y no te importa?
— De eso me cuido mucho. Siento que por encima de todo tiene que haber un respeto y un aprecio, desde el punto de vista humano. No me meto con María Corina Machado, por ejemplo. A lo mejor hiero, sin darme cuenta, pero lo pienso muy bien. Primero le aviso a Meche (Mercedes Chacín) cuando voy a echar un cuento machista, por ejemplo el que dijo un humorista brasileño, que el mejor movimiento feminista era el de las caderas.

Y se atrevió a decirlo delante de Niedlinger. Es valiente el doctor.

Recordó a Alfredo Maneiro, quien le decía que hay que hacer como el salmón: nadar contra la corriente. No quiere que lo agarren fuera de base, y así usa las anécdotas, muchas, diversas. La risa de Malaver, asmático, es breve, pero surge a cada rato. Una vez, en un concierto en el Teresa Carreño sentado al lado de Rafaela Cussatti, su esposa (Rafa: el tono con el que la nombra es tan cariñoso, que tiene usted que imaginárselo), el cantante español Raphael cantó a capela justo a su lado y él le dijo a Rafa: “¡agárrame porque lo voy a abrazar!”. Luego, en una entrevista que le hizo al artista, le contó y este le dijo: “¡Lo hubieses hecho!

Tiene más de 300 mil seguidores en la red social Twitter y siempre asume sus errores. Hoy estuvo a punto de cometer un error, asegura, pero lo dejó para mañana. ¿O fue ayer?

¿El nombre del libro? Vestido de Novia, de Pierre Lemaitre.
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*BiografíaMínima

Roberto Adolfo Malaver González nació el 13 de julio de 1955 en Tacarigua (despacio), en la isla de Margarita. Casado con la doctora Cussatti, padre de Alekos y Oriana, que se llaman así por culpa de Oriana Fallachi. Disfruta de una mata de aguacates en el patio de su casa, una gran biblioteca con casi 700 libros, y se la pasa leyendo. Internacionalista, escritor, humorista, periodista, profesor universitario y fue director creativo de algunas de las agencias de publicidad más importantes del planeta Tierra. Es holandés de verdad-verdad y un tipo con el que se aprende todos los días. Teclea rapidísimo y escribe en un santiamén textos memorables. Un maestro.