HABLEMOS DE ESO | Recuerdo y compromiso

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Humberto González

Este sábado 22 de enero de 2022, en San Salvador, se realizará la ceremonia de beatificación de los siervos de Dios: el padre Rutilio Grande (sacerdote jesuita), el señor Manuel Solórzano, el joven Nelson Lemus y el padre Cosme Spessotto.

Rutilio Grande fue amigo de Oscar Arnulfo Romero e impulsó una organización campesina de base, que prendió las alarmas de los terratenientes salvadoreños. En enero de 1977, luego de la expulsión del sacerdote colombiano Mario Bernal Londoño por parte del gobierno de El Salvador, pronunció un sermón en que criticaba la decisión:

«Queridos hermanos y amigos, me doy perfecta cuenta que muy pronto la Biblia y el Evangelio no podrán cruzar las fronteras. Solo nos llegarán las cubiertas, ya que todas las páginas son subversivas… De manera que si Jesús cruza la frontera cerca de Chalatenango, no lo dejarán entrar. Le acusarían al Hombre-Dios… de agitador, de forastero judío, que confunde al pueblo con ideas exóticas y foráneas, ideas contra la democracia, esto es, contra las minorías… Hermanos, no hay duda que lo volverían a crucificar. Y lo han proclamado».

El 12 de marzo de 1977, el padre Grande manejaba un Jeep y estaba acompañado por Manuel Solorzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16. Iba rumbo a una misa en una comunidad campesina. Los llamados «escuadrones de la muerte», paramilitares sostenidos por terratenientes con clara complicidad gubernamental, los retuvieron y ametrallaron.

Cosme Spessoto era italiano, pero desde 1953 fue párroco de San Juan Nonualco, en El Salvador. Fue asesinado a balazos dentro de su iglesia el 14 de junio de 1980.

Monseñor Oscar Arnulfo Romero había sido asesinado, también ametrallado, dentro de la iglesia, el 24 de marzo de 1980.

Otros religiosos y otras religiosas, comprometidos y comprometidas, fueron asesinados en El Salvador. El 2 de diciembre de 1980, cuatro religiosas norteamericanas, Ita Ford, Maura Clarke, Dorothy Kazel y Jean Donovan, fueron detenidas por la Guardia Nacional salvadoreña, violadas y asesinadas por arma de fuego, colaboraban con las víctimas de la guerra civil.

El 16 de noviembre de 1989, en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), ubicada en la ciudad de San Salvador, fueron asesinadas 8 personas por un pelotón del batallón Atlacatl de la fuerza armada de El Salvador, bajo las órdenes del coronel René Emilio Ponce, en la administración del presidente en turno, Alfredo Félix Cristiano. Los nombres de las víctimas: los sacerdotes Ignacio Martin-Baró, Ignacio Ellacuria, Segundo Montes Mozo, Amando López Quintana, Juan Ramón Moreno Pardo, Joaquín López y López; la cocinera de la universidad, Julia Elba Ramos y su hija de 16 años, Celina Mariceth Ramos.

Son solo unos nombres de las más de 75 mil víctimas de la guerra civil de El Salvador que hoy deben recordarse.