AL DERECHO Y AL REVÉS | No matemos la conversa

Domingo Alberto Rangel

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La reciente costumbre, inducida según parece, de poner a gran parte de la humanidad a pasar el día entre meme y tuit, de donde se extraen informaciones muchas veces tendenciosas, que a poco se olvidan, no solo está acabando con la política, la razón y las verdades …  porque sin ofrecer solución se culpa muchas veces a inocentes y se miente sin compasión, sino que de no encontrar un freno, tal maña acabará la democracia, la paz y con la conversación.

Bien: tuve la fortuna de pasar la tarde del último sábado en compañía de cierto grupo de intelectuales y sus esposas, todas excelentes y cultas conversadoras. Incluso, estuvo un directivo de Ciudad Caracas, que por tímido no menciono.

Algo que no ocurre todos los meses, diría yo.

Y en esa estábamos cuando para recalcar que  vivimos en época tecnológica, uní a la conversa, vía celular, a una amiga emigrada hace años a EEUU, que también es una excelente conversadora, quién solo se despegó del celular, donde no solo nos escuchaba, sino que intervenía en la conversa … hasta que la batería del celular se le agotó.

A nadie le molestó que la amiga interviniera, porque como digo, es una buena conversadora en cualquier tema que le pongan.

Al día siguiente, siendo la amiga del celular adversaria del gobierno venezolano … y los intelectuales, todos militantes del PSUV. La amiga, hoy habitante de EEUU, cuyo nombre me reservo, me llamó para que les agradeciera «el ratico».

Tamb ién me dijo que en Washington, donde vive y labora, es imposible tener una conversación… salvo que el tema trate del deporte que gusta al grupo y otras nimiedades. En fin, eso explica el por qué no se despegaba del celular.

Se quejó la amiga de los yanquis, que de tanto criticar a los musulmanes, cada vez se parecen más a ellos, porque en las reuniones, pocas en estos días de pandemia, las mujeres estarían todas por un lado y los machos como en los clubes ingleses: «hablando de sus cosas».

La verdad teórica que explica cómo lentamente se llegó a esta situación que afecta a todo el Occidente … se puede leer –algo que en estos días casi no ocurre- en Infocracia, del pensador surcoreano Byung-Chui Han.

Allí se explica que lentamente se comenzó, hace décadas, aceptando la mentira como hecho natural, porque «hay muchas verdades», pero junto con esta media verdad vinieron campañas contra los partidos y las ideologías … con lo cual la mesa estaba servida para el advenimiento de políticos mentirosos, de baja calidad, porque no están formados y que salen de los medios. Fascistas diría un politólogo.

Y este fenómeno ocurre en todo el mundo, no vayamos a creer que la exclusiva o el invento «es nuestro» y que solo lo protagonizan los sinvergüenzas del interinato. Lo fue Donald Trump, o a los que les construyen un historial falso como al presidente de Ucrania.

Pero, volviendo a lo que nos atañe, este clima y la propia pandemia conspiran contra la conversación, que es la mejor manera de intercambiar opiniones y negociar soluciones intermedias.

Cuando jóvenes y viejos se acostumbran al lenguaje tarzanesco del twitter … cada vez contribuyen sin darse cuenta a matar la conversación, a estar desinformados y elevar el clima de violencia entre ciudadanos, que bien podrían acordar soluciones, si solo se atrevieran a conversar.

Ojo: no toda conversación es útil a los fines colectivos y de la paz.

Cuando dialogan pillos, apoyados en medios mentirosos y sin que el público pueda enterarse porque lo que consume como «información» son propagandas mentirosas … la conversa es un veneno.

Así que la próxima vez que asistamos a una reunión, impidan en cuanto puedan, que hombres y mujeres se dividan, que solo se hable de fútbol o del beisbol … pero aún, que la política sin expresar soluciones distintas, nos divida.

Y cuando hablemos, comencemos aumentando la conversa, desde el tarzanesco límite del twitter, poco a poco, ninguna solución se consigue de la noche al día.

¡No matemos la conversa!

Domingo Alberto Rangel