Arrimando la brasa | Nuestra raíz mestiza

0

El contexto que define la relación de los descendientes de los pueblos originarios en Latinoamérica con el habitante del territorio que no está vinculado a ellos, señala en todos los casos una distancia, que nos hace conscientes de la distancia en general de unos y otros sectores de población.

Yo llegué con mi familia a vivir a Maracaibo cuando iba a cursar el sexto grado de la primaria, y recuerdo que era una verdadera novedad para nosotros el solo encuentro con la gente de la etnia Wayúu. Ellas con sus amplísimas batas, sus tocados en la cabeza, las bolsas de telas que portaban, y la lengua, el idioma, al lado, con poca frecuencia, de sus parejas masculinas, de muy distinto atuendo y actitud.

Poquito a poco íbamos conociendo y dejando de sorprendernos en esta convivencia, y con la ayuda de los adultos, respondiendo preguntas, entendíamos que nosotros éramos los alijunas y ellos los wayúu, con orígenes, costumbres, modos de relacionarnos y lengua distintos.

Mi padre, periodista, investigador, nos daba información, contestaba nuestra curiosidad, nos enseñaba la convivencia que debía imperar, y poco a poco para nosotros se fue haciendo normal la presencia en relación.

Con el tiempo ya no solo investigamos, averiguamos, curioseamos, entendíamos y pasamos a conocer más de cerca, en ocasiones, que algunos muchachos iban a la escuela siendo de ese contexto, y podían igualmente responder nuestros interrogantes, y mostrarnos su dualidad lingüística.

Escribí ya adulta una novela para niños titulada: Diana en la tierra wayúu, que ha tenido varias ediciones, y se lee con frecuencia en las escuelas, y que cuenta la amistad de una niña alijuna y un niño wayúu.

Con frecuencia encontramos en contextos diversos, relaciones con estas esferas de nuestra cultura territorial. La novela de Perla Suez que ganó el “Rómulo Gallegos” tiene como uno de sus temas el exterminio del sustrato indígena en Argentina. Conmoviendo al lector a varias escalas, con una elocuencia magistral, donde nada sobra.

En unos y otros de nuestros países esa tragedia vive en presente, y estos testimonios literarios son una fuente de acercamiento, que aporta información, sensibilizando a los lectores frente al tema.

Pensemos en que se trata, además, de capítulos inconclusos de nuestra historia, en el variadísimo y enriquecedor contexto de quienes somos, en nuestra América. En unos países esta circunstancia es vivida con un dramatismo inconmensurable, Chile es uno de ellos, con los mapuches y sus circunstancias. Ojalá el actual mandatario ponga cartas en el asunto, asumiendo la estirpe de sus naturales antecesores de tierra autóctona.

Laura Antillano