PUNTO Y SEGUIMOS | ¿Periodismo?

Mariel Carrillo

0
Leí por ahí en internet que Juan Guaidó había estado en Catia dando un «mitin». Le pasé el ojo a la nota y la cita destacada era «vamos a seguir luchando hasta que se acabe la dictadura», o algo parecido. Horas después, me quedó rondando en la cabeza si lo saqué del grupo de WhatsApp de los vecinos o de algún medio «medio serio» y como no logré recordar, busqué de nuevo y era una noticia cierta: Guaidó sigue repitiendo por ahí que va a perseverar en sus intentos de salvar a Venezuela de la dictadura.
El problema no es Juan dando una charla que algunos cubren, el problema es Juan y los medios publicando notas que bien podrían ser copia exacta de cualquier otra desde 2019 hasta hoy. El problema es el insulto a la inteligencia que representa el «discurso» de Juan Guaidó y que sus palabras todavía tengan algún tipo de presencia en el ciberespacio (porque en la vida real no alcanzaría) ¿qué clase de periodismo destaca semejante babosada de declaración? ¿le han seguido a la fuente? ¿han contado la cantidad de veces que ha dicho lo mismo?, porque a menos que con la repetida frase hagan alguna buena crónica, sátira, texto crítico o hasta propaganda de calidad, no tiene ningún sentido. ¿No se cansa usted como ciudadano de leer o escuchar a alguien como Guaidó decir que estamos en dictadura y que sigue luchando?
En lo personal me interesarían más las palabras que dijo entre líneas, la cantidad de personas presentes en el mitin, el por qué de la elección de Catia para hacerlo, la cronología de sus últimas apariciones públicas, si además de sus consabidas frases caletreadas hubo algo más, algún chiste malo, alguna indirecta, cambios en el vestuario, la descripción de su actitud: ¿fue ininteligible y robótico como de costumbre? ¿parecía harto, contento, cínico? Es más que comprensible el hartazgo que produce en los periodistas una mala fuente, o una con un discurso tan pobre como el de Juan, sin embargo, no podemos olvidar que ese hombre con su papa en la boca se atrevió a declararse presidente de este país en una plaza, se atrevió a firmar contratos con mercenarios,  a robarse los activos de la nación y que es, básicamente, un delincuente que anda libre por las calles diciendo que vive en dictadura.  ¿A la prensa de Venezuela no le resulta como mínimo contradictorio el detalle? ¿No hay forma de investigar y exponer con altura a la sociedad como algunos políticos se nos matan de risa en la cara? Porque claro que Juan es solo uno de muchos.
Resulta exasperante la monotonía, la unificación, el seriado en el que se han convertido las informaciones que recibimos los venezolanos. Periodismo de flojera, de copiar y pegar, de no contrastar, de entrecomillar lo primero que se oye, de obviar los contextos, de poco experimentar con los géneros, en fin, de nado con un teléfono inteligente en un mar de textos e imágenes superficiales; con escaso o ningún respeto por los lectores, oyentes, internautas o televidentes. ¿Es que en esta Venezuela del año 2022 no ocurren miles de cosas importantes que determinan el rumbo de nuestra sociedad? ¿es realmente necesario inundar a la gente de notas aburridas, planas y simplistas que nos presentan la realidad siempre con un lado «bueno» y otro «malo»?
Lo de la cobertura de Guaidó y su «discurso» es apenas un ejemplo de cómo se desperdician – periodísticamente hablando – fuentes y hechos que, contados con seriedad y atención al detalle, resultarían en un servicio público valioso, servicio que al fin y al cabo es la razón de ser del periodismo. El ser humano detrás del celular o computadora, quien produce y procesa los contenidos puede y tiene derecho a su opinión propia, pero el profesional de la comunicación debe fomentar el pensamiento crítico, ofrecer argumentos, datos, contextos, ayudar a pensar y comprender la realidad. Ya los estudiosos nos enseñaron que la objetividad no existe, pero si que es posible y necesaria la interpretación, ahora más que nunca.
Ojalá desaparecieran las interminables letanías de noticias en las que se prioriza la pronunciación de títulos y cargos antes que los hechos, los titulares absurdos llenos de frases manidas y cuerpos con- bueno – más frases manidas, ojalá el trabajo periodístico aportara a la discusión y no a llenar más el basurero de la información destinada a repetir lo que ya se sabe, en un ciclo aparentemente eterno de reciclaje de chatarra. El pueblo se merece más. Hay millones de historias en acción, tramas dignas de ser reveladas, con respeto y con profundidad. Para decir que «Juan, el presidente interino» lucha contra la dictadura o que el presidente constitucional se llama Nicolás, no hace falta un periodista, pero para que realmente se comprenda que lo primero es falso y lo segundo real, y por qué se insiste en estas narrativas y no en otras, sí que hace falta quien relate la realidad, respetando la inteligencia de la gente, y otorgándole herramientas para fortalecerla. Basta de mediocridad autoproclamada periodismo.
Mariel Carrillo