Cita con la actualidad | Las mujeres somos las esclavas en el sistema capitalista

Teresa Ovalles M.

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El trabajo de la mujer en la casa no tiene contraprestación monetaria como sí la tienen los obreros y las obreras

Daniella Inojosa, directora general de la Asociación Civil Tinta Violeta.

A esta militante feminista podríamos llamarla más bien Danielita, la traviesa, porque de niña era así y además ella misma reconoció que le gustaba hacer maldades típicas entre niñas y niños. Así lo confesó en Cita con la actualidad a un grupo de periodistas conformados por Mercedes Chacín, Niedlinger Briceño, Jesús Arteaga, Gustavo Mérida, Kike Gavilán y quien suscribe.  Se mostró risueña pero también muy sensible –al punto de las lágrimas–, como víctima que fue de una feroz y despiadada violencia doméstica.

En cuanto a feminismos, Daniella Inojosa se definió como una anarco-feminista. Y delimitó, desde el comienzo de la entrevista, que ella y su colectivo, Tinta Violeta, se enmarcan dentro de lo que «se está construyendo desde la patria nueva».

—Tengo mis diferencias con el socialismo como ideología, como construcción ideológica. Esencialmente, porque creo que el socialismo habla mucho del tema económico y muy poco de lo cultural y de las relaciones sociales, de cómo se construye una sociedad nueva desde todos los parámetros. Yo, Daniella, soy anarco-feminista, porque no creo en las relaciones de poder, ya que siempre son relaciones de dominación y las tenemos que ejercer porque vivimos en esta sociedad, pero si ideológicamente me preguntas cuál es mi imagen del modelo civilizatorio ideal, te digo que es el de deconstruir esas relaciones de poder a través de relaciones colectivas, amorosas, de relaciones diferentes, donde el poder no sea el que marque nuestras relaciones culturales, sociales y económicas.

—¿Cuántos feminismos hay?

—Muchos. En el caso de Tinta Violeta nos definimos como feministas populares, porque creemos en el feminismo desde abajo, en el feminismo construido colectivamente. Hay una cosa muy particular que tienen todos los feminismos y es que han surgido en la medida en que las necesidades colectivas se han dado. Es decir, no hay ningún «granpensador» o «granpensadora» del feminismo con una definición precisa de lo que es el feminismo. Sino que hay una construcción colectiva que va luchando por derechos y espacios, por relaciones sociales y culturales diferentes que se van manifestando, y eso, las académicas feministas lo han venido recogiendo y han tratado de darle un cuerpo ideológico. Por ejemplo, nosotras hablamos de la economía circular, que no es un principio feminista, pero somos las que más lo hemos venido impulsando.

—¿Qué es la economía circular?

—Allí no hay relaciones de poder sino que la distribución, la producción, los diferentes pasos son circulares, es decir, se van dando entre los actores y las actoras de manera igualitaria. Entonces las ganancias son para todas y todos, las pérdidas también, lo cual es un problema. Y nosotras creemos en la economía circular porque consideramos que en el tema económico hay unas relaciones de poder, que el socialismo llama plusvalía, que debemos deconstruir. Una de las cosas que las feministas reivindicamos mucho, y que la reivindicamos en los años 60, es la consigna muy conocida «lo personal es político». Hasta las relaciones en la cama son políticas y eso es algo en donde se establecen relaciones de poder y donde las mujeres siempre estamos más abajo porque sin duda las mujeres somos las esclavas del sistema. El capitalismo y el neoliberalismo establecen relaciones más igualitarias hacia los trabajadores y las trabajadoras porque les paga. En cambio a las mujeres no se nos paga por el trabajo que hacemos en la casa. Los trabajadores y las trabajadoras intercambian su fuerza de trabajo por dinero, pero nosotras no intercambiamos nada por nuestra fuerza de trabajo. Es una relación de esclavitud.

—¿Cómo llegaste a ser feminista, que te hizo ser feminista?

—Yo llegué extrañamente al feminismo a través de un hombre, de una pareja, Bernardo Ancidey. Él era presidente de la FCU, del Movimiento 80 y, para ese entonces, yo era bastante casquivana, estaba estudiando el socialismo y el anarquismo, y un día él me regaló tres libros con la sentencia de que yo tenía que ser feminista para darle sustento ideológico a mi putería. Los tres libros eran el Segundo sexo, de Simone de Beauvoir; A favor de las niñas, de la investigadora italiana Elena Gianini Belotti; y la Agenda de mujeres libres, de España. Luego me regaló unos ensayos de Emma Goldman, que hasta el día de hoy es la diosa de mi vida. De allí comencé a convertirme en una feminista furibunda.

—¿Cuál es tu principal bandera dentro del feminismo?

—La violencia contra las mujeres, porque yo fui una víctima. Fue tan fuerte que me tuve que ir del país con mi hija en brazos para que ese tipo no me matara y entré en el círculo de la violencia, pasé tres años siendo violentada, cacheteada, golpeada, vilipendiada … y el tipo hasta hace un año todavía me mandaba correos amenazantes. Yo ya era feminista cuando fui violentada, porque la violencia no es una vaina que las feministas podamos evitar, porque nosotras nos construimos como princesas, como santas o putas, dentro de una dinámica cultural en la que no tener un marido era no ser mujer; no tener un hijo, no ser madre también era no ser mujer, todavía lo es, pero un poco menos, porque las feministas hemos avanzado y hemos logrado poner en la sociedad otras maneras de ser mujer. A mí me sacaron mis amigos de una casa donde estaba secuestrada. Tuve que huir del país con mi hija porque no existía la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Y tuve que huir con mi hija y vivir con miedo de ser encontrada. Hasta que me encontró. Me mandó una abogada para quitarme a mi hija, porque supuestamente yo la había secuestrado. Aquí no existe el secuestro parental, pero en Chile sí. Tuve que llegar a un acuerdo de venirme a Venezuela. En 15 días él, con sus influencias, logró una prohibición de salida del país y yo tuve que dejar a mi hijo en Chile y quedarme con Amanda aquí, –dijo con voz temblorosa y triste. Él me puso a decidir entre mis hijos y me tuve que quedar con la que estaba más indefensa.

—¿Cómo comienza Tinta Violeta?

Tinta Violeta fue una iniciativa de unas amigas. Las fundadoras de Tinta Violeta fuimos Alejandra Laprea, Gioconda Mota, Alba Carosio y yo. Veníamos de la Araña Feminista pero lo que queríamos era crear un bar, teníamos el sueño de poner un bar feminista. Para ello decidimos crear una figura jurídica y es así como nace Tinta Violeta. Total que nos fuimos por el área cultural y por iniciativa de Alejandra Laprea hicimos La gran putada, Encuentros de poesía; Tejiendo miradas: 24 cuadros en la Cinemateca Nacional, cine foros con películas feministas, libros. Hasta que empezamos a hacer prevención contra la violencia y como ese es mi tema, empezamos a educar al respecto. Empecé a dar talleres y se unieron Aracelys García, Angélica García Izquierdo, cada quien con una iniciativa y nos acompañábamos.

Dice Inojosa que Tinta Violeta terminó siendo como un paraguas para muchas cosas, sobre todo de tinte cultural y comunicacional. Hicieron laboratorios creativos con financiamiento del Fondo de Mujeres del Sur y el apoyo de argentinas que hicieron el lobby para que les dieran el dinero, «porque como somos artistas y estamos vinculadas a la comunicación y al arte, se nos ocurrió que ese sería un proyecto perfecto para nosotras. Por allí pasaron muchas chicas de orgas (organizaciones) diferentes y hoy nos las conseguimos por todas partes. Se trata de mujeres muy comprometidas con el cambio del inconsciente colectivo, que es para nosotras muy importante, porque se trata de cambiar la manera cómo pensamos sobre nosotras mismas y cómo nos ven los hombres desde las artes”.

—¿Cuál es la agenda de Tinta Violeta?

—La denuncia de la violencia contra niñas, adolescentes y mujeres; intentar ser parte del fortalecimiento de organizaciones feministas locales; el fortalecimiento en recursos, en capacidades y herramientas de lucha contra la violencia y ahora la agenda política de Tinta Violeta está más orientada hacia la lucha por la despenalización del aborto, porque también es una forma de violencia que el aborto sea ilegal. Las mujeres mueren por hacerse abortos inseguros o mueren los niños nacidos por falta de cuidados, porque no los cuidan ni los quieren, en algunos casos. El amor de madre no es una vaina que nace. ¿Desde dónde se puede ser madre cuando el embarazo es producto de una violación?

—Háblanos del  fortalecimiento de las orgas

—Comenzamos ese fortalecimiento a partir del feminicidio de Mayela Hernández. Fue una muerte muy cercana, una compa que pudimos haber ayudado, se pudo haber evitado porque estaba muy cerca y era parte del Movimiento Pobladores, muy cercano a las feministas. Estudiaba en la Unearte, donde hacemos vida y la pana trató de denunciar y no le aceptaron la denuncia. Para nosotras eso fue un momento de inflexión, empezamos a ver qué hacíamos. La crisis estaba en su máximo apogeo y la contracción económica había bajado la posibilidad de atención y acompañamiento a las mujeres. Le pedimos a Yurbín Aguilar que nos diera un taller para acompañar amorosamente a las mujeres, niñas y adolescentes en situación de violencia. Vinieron mujeres de diversas orgas y de allí empezamos a brindar acompañamiento desde principios de 2019, de manera voluntaria. El presidente Maduro aprueba la entrada de la ONU con ayuda humanitaria, que contempla la violencia basada en género y como yo tengo un mágister en recaudación de recursos y gerencia de proyectos empecé a buscar recursos para todas las orgas que estábamos comprometidas, empezamos el acompañamiento en Carabobo, Apure, en diferentes estados del país y abrimos una capacitación virtual. Viene la pandemia a partir del 13 de marzo de 2019, y dijimos, vamos a salir con nuestras líneas y teléfonos privados, hicimos flyers y comenzamos porque avizoramos que aquí iba a haber muchas mujeres muertas por violencia y niñas violadas. Lo dijimos claramente. Y por dos meses fuimos el único servicio de atención. Hubo como 60 casos entre abril y mayo y hemos podido conseguir financiamiento para fortalecer el trabajo que se está haciendo en las comunidades desde la mirada feminista.

—¿Sientes que los hombres están haciendo algo en relación a ese tema de violencia?

—El tema de cómo los hombres manejan la masculinidad es problema de ellos, y yo creo que las mujeres de los movimientos feministas sí tenemos que incidir e impulsar espacios donde los hombres hablen y deconstruyan su masculinidad. Porque la verdad es que una revolución feminista no la podemos hacer solamente con una mitad de la población. Si hacemos la revolución feminista los hombres tienen que estar.

—¿La mujer no es también responsable de la deconstrucción del machismo?

—Creo que nosotras tenemos que impulsar la deconstrucción de las masculinidades, por eso decía que el que está en el poder no va a deconstruirse solo, el que está en el poder no lo va a ceder sin luchar. Las feministas como luchadoras por los derechos de las mujeres tenemos que impulsar estos espacios porque uno de nuestros objetivos militantes es acabar con el machismo, con el patriarcado y debemos tomar en cuenta el otro 50% de nuestra población, entonces las feministas allanamos la mitad del camino. Aquí hay que tener claro que el hecho de ser mujer no te convierte en feminista. Y no por ser hombre, aunque tienes muchas posibilidades, eres machista.

—Hay hombres víctimas de maltrato doméstico, ¿qué plantea el feminismo ante una situación como esta?

—Todos los estudios hechos (en África y en muchos países europeos), a pesar de lo que intenta poner el machismo en la mente de las personas, indican que la violencia doméstica ocurre, en el caso de los hombres hacia las mujeres, dependiendo del país, en el 98,7% y en el caso de países más europeizados, con sociedades un poco más igualitarias puede llegar a 4% la violencia de las mujeres hacia los hombres. Yo siempre digo en los talleres que a los hombres los matan los hombres, y a las mujeres nos matan los hombres porque la violencia contra las mujeres termina en la muerte, mientras que la violencia contra los hombres muy pocas veces termina en muerte. No es responsabilidad de las mujeres pelear por los derechos de los poderosos. Es responsabilidad de las mujeres y de las feministas pelear y luchar por los derechos de la que no los tiene y de la que muere por no tenerlos.

—¿Y cómo ves la creación de un viceministerio que atienda a los hombres?

—Es una ridiculez. Porque de unos 30 ministerios solo uno está dedicado a defender los derechos de la mujer y somos la otra mitad de la población y los otros 29 están dedicados a garantizar los derechos económicos, sociales, etcétera, de los hombres y, repito, solamente uno está dedicado a los derechos de la mujer. Además, los hombres en Venezuela no son violentados. De cada cien niñas y niños violentados sexualmente, en nuestro servicio, 97 son niñas y tres son varones. Y si se denuncia que un niño fue violado es un escándalo, porque la sociedad machista y patriarcal determina que el sexo entre un hombre y un niño es contranatura, mientras que el sexo entre un hombre y una niña no lo es. Eso es lo que tenemos programado en nuestras mentes. Parece mucho más violento y más terrible la violación de los varones que las violaciones de las hembras. Porque en nuestro inconsciente colectivo, niñas, mujeres y adolescentes, de la  edad que sean, fuimos creadas por el «Señor» para ser violadas, para ser cogidas, para  ser tomadas, para ser usadas…

—¿Cuáles son los alcances en cifras de Tinta Violeta?

—Nosotras estamos en doce estados, Delta Amacuro, Sucre, Anzoátegui, Caracas, Miranda, Carabobo, Apure, Amazonas, Lara, estamos arrancando sin financiamiento en Bolívar, Mérida y Guárico, pero la red llega a más estados porque hay chicas que han hecho los talleres pero no tienen proyectos ni financiamiento, pero están acompañando casos de modo voluntario, esto es Barinas, La Guaira y Aragua, que es uno de los estados con más feminicidios en Venezuela; Zulia, pero con servicios que incluyan atención psicológica, asesoría legal y acompañamiento amoroso a los casos. Nos llamamos Red de Acompañamiento Territorial, que lidera Tinta Violeta. Hemos crecido mucho y cuando hacemos los talleres se inscriben entre 100 y 90 chicas y empiezan a atender por todo el país, porque hay talleres virtuales y presenciales. Los presenciales duran 7 sesiones de 6 horas, y los virtuales tienen 8 módulos de tres o cuatro horas cada módulo. Son bastante sólidos. En 2020 atendimos unas 680 mujeres, niñas y adolescentes. Tuvimos un boom durante la pandemia y eso hizo que Tinta Violeta se convirtiera en la gran organización que atendía los casos de violencia. Ahora estamos atendiendo casos de trata de personas.

Recomendación

Recomendamos a las chicas que no sean ellas sino Tinta Violeta, la que haga pública la denuncia de violencia, porque están usando la ley contra el odio para aplicárselas a ellas. Ya tenemos un caso. Deben dejar actuar a Tinta Violeta porque es una organización y sería muy difícil que me metan presa a mí que soy una feminista con redes internacionales desde hace más de 30 años. Tampoco hacemos públicos los casos si el sistema está dando respuestas, porque no tiene sentido. Si el sistema se para porque el agresor tiene poder o porque pagó, es cuando nosotras lo hacemos público.

Biografía mínima

Es antropóloga social egresada de la UCV; directora general de la Asociación Civil Tinta Violeta; fue diputada de la Comisión de Familia, de la Asamblea Nacional (2011-2014), y exdirectora de País, de Amnistía Internacional (1992-1993/2001), Venezuela/Chile.
Escribe en su currículo: «Soy una reputada profesional con sólida formación en género, protección, trabajo comunitario, de ONG y gestión de proyectos en diversas áreas relacionadas con los DDHH». Entre sus capacidades y aptitudes se encuentra el diagnóstico, valoración, derivación y diseño de proyectos para mujeres en situación de exclusión y violencia machista. Diseño de programas formativos, elaboración de material y enseñanza a profesionales de lo social, población general y grupos con necesidades específicas y de contenidos de género».
La página web es: tintavioleta.com.ve

TERESA OVALLES M. / FOTOS  JAVIER CAMPOS / CIUDAD CCS