Perfil | África: cuna de la humanidad, foco de sus dolores

Clodovaldo Hernández

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«El Día de África es para contar esa historia. Tiene una connotación de cultura amplia: la cultura madre de toda la humanidad, de la que África es cuna»

 

El 25 de mayo ha sido designado como Día de África, una fecha que, a decir de Reinaldo Bolívar, «tiene un componente de reencuentro con la historia».

Bolívar, exvicecanciller para África y estudioso impenitente del mencionado continente, considera que esa enorme porción del planeta fue desvinculada de su historia por Europa, que la dejó no solo diezmada durante siglos en cuanto a población, sino que también evitó que esa historia africana se escribiera, se contara.

«El Día de África es para contar esa historia. Tiene una connotación de cultura amplia: la cultura madre de toda la humanidad, de la que África es cuna; la cultura diversa de los pueblos de ese continente, que incluye grandes avances en manejo del hierro, en filosofía, en astronomía, en arquitectura. Es también un día de vocación unitaria, un tiempo para repasar la necesidad de avanzar hacia la unidad permanente, combativa, hacedora de un continente empeñado en reconstruirse luego de una destrucción de siglos a la cual fue sometido», enfatiza.

La efemérides permite tomar conciencia que la cuna de la humanidad es también el foco de sus dolores actuales. Las injusticias, los saqueos, las opresiones, las guerras inducidas no son cosa de un pasado oprobioso. Tristemente, lo son del presente porque los poderes hegemónicos del mundo y los que pugnan por serlo alguna vez, tienen en ese cúmulo de más de 50 países uno de los grandes escenarios de su incesante confrontación. Los pueblos africanos, como ha pasado a lo largo de siglos y siglos, corren con las consecuencias.

Una revisión superficial del acontecer actual de África demuestra que las reiteradas crisis migratorias son otro de los perversos frutos del expansionismo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Desde comienzos de la segunda década del siglo, África es una de las arenas estratégicas para la pelea entre potencias mundiales. En uno de los bandos están Estados Unidos y la Unión Europea, con su aparato militar, la OTAN; y en el otro aparecen las potencias emergentes: Rusia y China. EEUU y la UE procuran mantener su privilegiado acceso a los recursos energéticos y materias primas estratégicas de África, lo que obliga a una disputa creciente con China y Rusia. La pelea se da palmo a palmo por intereses comerciales, para lo cual cada potencia intenta montar su propia red de apoyos políticos y militares.

Cuando se habla de África, los estereotipos hacen pensar solo en personas de raza negra y en animales salvajes ejerciendo su ley en espesas sabanas y montañas. Pero África es también la extensa región del Sahara y todo el gran arco del Magreb, los países árabes del norte.

En esta última zona se han dado algunas de las operaciones más cruentas y delictivas del norte global, entre ellas la guerra de Libia, que pasó de ser el país de mayor estabilidad socioeconómica del continente a un territorio donde reina el caos, las confrontaciones tribales y el tráfico de esclavos.

Tanto en el Magreb como en el África subsahariana han florecido los separatismos, los supremacismos étnicos y los fanatismos religiosos, todos fenómenos instigados por las maquinarias de «inteligencia» de los países que batallan por el control de la región.

EEUU, como superpotencia reinante (aunque en declive) tiene sus garras metidas hasta el fondo en África. En 2008 estableció un mando militar unificado, llamado Africom. Con la excusa de la guerra contra el terror ha aumentado la injerencia en países como Somalia, Marruecos y Argelia. En pleno Mes de África, Washington redobló su presencia militar directa en Somalia.

La OTAN, el brazo armado de EEUU en el mundo, ha actuado como tal en ese continente con el argumento de la «seguridad euro-atlántica», el mismo que instigó la guerra de Ucrania y que juega a la provocación del gigante chino por Taiwán.

Desde 2006 la presencia de la OTAN es abierta. A menudo despliega ejercicios a gran escala, como lo fue en ese año el Seadfast Jaguar 06, en Cabo Verde, con la participación de más de 7 mil efectivos de 25 países.

Para inmiscuirse en África, la OTAN ha tenido la colaboración de las élites de la Unión Africana (UA). Entre 2005 y 2007 a las fuerzas conjuntas de la alianza atlántica y UA se les ha visto en el conflicto de Sudán y en Somalia, entre otros. La OTAN tiene instalaciones navales permanentes en el Cuerno de África, siempre con el subterfugio de grandes operaciones como Allied Provider, Allied Protector y Ocean Shield.

Esa estrecha relación militar ha favorecido que la OTAN tenga gran influencia en la creación de fuerzas de reserva, en el adiestramiento de tropas y en las doctrinas castrenses que predominan entre los oficiales africanos. Eso les permite tener control sobre los altos mandos que de manera frecuente toman el poder político. Y, lo que seguramente es el principal interés de EEUU y sus aliados, ese adoctrinamiento ha permitido mantener al continente inmerso en guerras intestinas para las que las diversas facciones deben adquirir grandes cantidades de armamento y equipos bélicos, el gran negocio del complejo industrial-militar.

¿Podrá África librarse de semejante yugo y dejar de ser un lugar donde se acumulan tantos dolores? Volvamos con el estudioso Reinaldo Bolívar, quien no pierde las esperanzas y dice que, de hecho, el continente tiene una Agenda 2014-2063, para relanzarse y crecer en todos los aspectos, sin descuidar ninguno. «El 25 de mayo le recuerda a la gran población africana que solo unidos pueden volver a ser la cuna de la humanidad, el gran continente que están llamados a ser: el centro mismo de la economía y de las grandes decisiones de este planeta. Eso es lo que pensamos cuando celebramos el Día Mundial de África».

Negra hipocresía, para variar

La celebración del Día de África es motivo en varios países de Europa de muchas actividades de corte cultural, incluyendo festivales, conciertos y degustaciones. Es positivo porque al menos se recuerda el gran acervo cultural del continente. Pero no deja de ser otra de las muchas formas de negra hipocresía del norte global frente al sur empobrecido.

La España que homenajea la gastronomía africana, por citar solo una de las naciones de la Unión Europea, es la misma España que deja morir (que mata, dicho sin eufemismos) a miles de migrantes pobres que intentan llegar a Europa en endebles embarcaciones, las llamadas pateras.

Las restricciones de los países de la UE a los migrantes africanos son ya una conducta permanente. Se hace particularmente cínica si se entiende que muchos de esos migrantes huyen de los desastres creados por las naciones europeas en los lugares donde vivían, como es el caso de la guerra que destruyó y saqueó a Libia, encabezada en su momento por Francia y Reino Unido.

Pero este año, todo se vuelve aún más falaz e hiriente, vista la actitud muy distinta que han adoptado las autoridades de estos países ante los refugiados ucranianos, a quienes han tratado como gente porque son, según dijeron varios comentaristas de los medios de comunicación «blancos con bolsos de Louis Vuitton, como tú y como yo».

CLODOVALDO HERNÁNDEZ