ARRIMANDO LA BRASA | Henrique Avril, relator del paisaje venezolano

Laura Antillano

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Uno de los fotógrafos más interesantes de la historia de la fotografía en Venezuela es Henrique Avril. Se trata de redundar en la última década del siglo XIX y principios del XX, para descubrir una mirada especial sobre el paisaje natural y el humano nuestros.

Y el investigador que probablemente ha hecho el mejor trabajo al investigar su obra ha sido Antonio Padrón Toro, escribiendo un bello libro titulado: Henrique Avril, el paisaje gráfico del paisaje venezolano (2014).

Este bellísimo libro va dándonos, página a página, la historia gráfica de esos años de iniciación que definen a través de la obra de este fotógrafo, un mundo de maravillas visuales donde, con los recursos de época desde el punto de vista técnico, este artista que fue el fotógrafo, nos documenta visualmente todo un mundo de escenas con personajes, que completan para el espectador de tiempos posteriores a sus contemporáneos, un universo de modos de posar, de diseños de tomas, de enfoques, intereses, paisajes y personajes, que nos transmiten la “mirada gráfica”, los modos de ver encuadrando, de un verdadero artista.

Su obra ha quedado para definir ese tiempo de la historia humana, en nuestro territorio, donde hasta la manera de sonreír, sentarse, adoptar una pose, colocarse en grupo, o sencillamente escoger la luz considerada adecuada, señala el establecimiento de un estilo del enmarque visual muy peculiar.

Henrique Avril fue un viajero en estos territorios, que fue por Barquisimeto, Puerto Cabello, Coro o Carúpano, descubriendo a través de la cámara modos de ver peculiares a escenarios de estas regiones y otras , insistiendo en Carúpano, Coro o Puerto Cabello. Aparte de constituir con su trabajo un archivo visual de la Venezuela de esa época, Avril  señala el descubrimiento de una luz: la que iluminaba el país, de unos modos de posar para la foto, de una arquitectura de pueblos y ciudades y de un traslado de tonos y encuadres impreso en el escenario natural venezolano, entonces trasladado a sus modos de hacer la toma con la cámara.

Este barinés de ascendencia francesa, fue incansable como verdadero artista de la fotografía, en su búsqueda de lo particular de nuestras regiones, y no trataba solo edificaciones y paisajes naturales, sino que su abordaje  a  la figura humana es sumamente interesante también, en la determinación de la “pose” de sus personajes, y en la selección de detalles a destacar de sus fisonomías. Por lo que sería un acto de justicia el llevar a cabo una exposición de su obra fotográfica en Carabobo, dado que este artista se radicó en Puerto Cabello por largos años, y las familias guardan retratos de abuelos, bisabuelos y tatarabuelos fotografiados por Henrique Avril.

Laura Antillano