Tres en 1 | Memorias de un escuálido en decadencia

Revele su rollo / Roberto Malaver

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Diálogo
¡Palabras! ¡Palabras! ¡Palabras! Un país que se la pasa hablando paja desde que se levanta hasta que se acuesta y todavía uno sigue pidiendo diálogo. ¡No me jodan! Qué carajo van a hablar que no sepamos. Parece que el que más habla es el que menos dice. Ahora pedimos diálogo en México y antes fue en Noruega, y mucho antes en República Dominicana. Y carajo, hasta cuándo dura la habladera de paja. Ya salió el compañero Omar –Pozo de la Muerte– Barbosa, el nuevo coordinador de la Coordinadora Democrática, perdón, de la Plataforma Democrática, a decir que hacen falta más condiciones para ir al diálogo. ¡Qué bolas! Lo que hace falta es tener argumentos y pararse y decirlos y convencer para vencer –esa vaina me quedó bien– y salir con ese pueblo arrecho a decirle a la dictadura “aquí tienes tu 1×1 millón y más, para que te vayas. Pero no, hay culillo, y así no se puede gobernar. Parece que a los que están hablando de diálogo les va muy bien, porque tenemos tiempo en esa paja y no adelantamos nada, nadita de nada.

El dictador nos pone como condición para dialogar que nos sentemos con un señor que es diplomático y que Estados Unidos lo metió preso, y qué tenemos nosotros que ver son eso. Ese peo es de Trump y ahora de Biden, es verdad que esa vaina es ilegal, porque tú no puedes meter preso a un diplomático llevándote por delante todo el Derecho Internacional, porque esa vaina todo el mundo se va a dar cuenta de que eres un muérgano, hasta el mismo Mark Esper, ese que nos echó la vaina de sapear lo del asesinato del dictador, es decir, es con nosotros que se van a sentar, no con Donald Trump ni con Biden, así que si quieren conversar con ellos, que le pongan esa condición a ellos, pero no a nosotros. Así que lo primero que dijo el presidente de la Asamblea Nacional ilegítima, fue eso, o nos sentamos con el diplomático o no hablamos un carajo. Y ahí se presentó la tranca. Y mientras tanto todo el mundo buscando su candidatura porque “yo por la patria soy capaz de arriesgar la vida y mucho más”. Así dicen los grandes carajos y después los vemos montados en sus camionetotas y si te he visto gracias por el voto. Al compañero Edgard –Grúa– Zambrano no le da pena decir que su candidato es Espoleta Allup, lo dice en serio y se lo cree. El compañero Embajada Radonski está también pidiendo el cese de las sanciones, “¿no será el cese de la usurpación?”, le gritó alguien, y él contestó: “Esa vaina es con el interino”. En fin, que candidatos vamos a tener que jode por todas partes menos por una que nos une al cielo.

Y mientras tanto el dictador, muerto de la risa, creó una vaina que llama el buen gobierno, después de veinte años en el poder, ahora es cuando están hablando de buen gobierno, hay que tenerlas bien grandes. Y, además, para hacer ese buen gobierno hay que participar en una vaina que se llama el 1×10, y salir a denunciar las vainas que te faltan. Es decir, que eso va a estar todo el día sonando con denuncias: que si el hospital está en coma, el agua que no llega nunca, la luz que se fue el año pasado y se le olvidó el camino. En fin, que aquello que el dictador anterior llamó contraloría social, el dictador de ahora lo llama buen gobierno. En eso el interino es un adelantado, porque hace tiempo creó su 1×100 mmgvs, que son los que lo cuidan y viajan con él a todas partes menos a Catia, porque allí llegó como el Llanero Solitario, sin Toro.

“A conversar. A conversar. Que una palabra tuya bastará para sanarme”, así entró el papá de Margot al apartamento. Se paró en el medio de la sala y siguió diciendo: “Tenemos un país sin memoria. Las vainas nos las prometen con nuevos nombres y nosotros seguimos creyendo pendejadas. Pero vamos a conversar. A dialogar. Solo el diálogo salva”. Y se fue al cuarto y agarró la puerta y nos vio a Margot y a mí, muerto de la risa, y le metió ese coñazo tan duro a la puerta que la vecina gritó: —“Vete pa’ México, desgraciado, para ver si dejas de tirar esa puerta por un tiempo”.

“Sentémonos un rato en este bar, a conversar…”, me canta Margot.

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Retrato Hablado

“Nací a la orilla del mar. Mi primera idea del movimiento y de la danza me ha venido seguramente del ritmo de las olas…”. Así dijo Isadora Duncan, esa bailarina inmensa, en su libro Mi vida. Allí, en esa magnífica autobiografía, nos cuenta cómo fue desarrollando su arte. Creía firmemente en que el baile era una prolongación de los movimientos naturales del cuerpo. Y así fue su danza. Y su triunfo. Era reclamada en muchas partes. Y viajó a dejar su arte en muchos teatros. En París conoció a grandes artistas, y en Italia tomó los saberes del Renacimiento. Nuestro Aquiles Nazoa también la colocó en su Credo, como un homenaje a esta mujer extraordinaria. Allí dice Aquiles: “Creo en la cualidad aérea del ser humano configurada en el recuerdo de Isadora Duncan abatiéndose como una purísima paloma bajo el cielo del Mediterráneo”. Nació el 5 de mayo de 1867, en San Francisco, Estados Unidos. Y el 14 de septiembre de 1927 murió de una manera terrible en un accidente con su propio vehículo, en París.

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El viernes de Lira