El Palacio Municipal tiene muchos cuentos por compartir

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Cada rincón desus rincones es una oportunidad para reencontrarse con Caracas y su evolución. Foto J. Campos

Muchas han sido sus funciones por más de 400 años, junto a Caracas, aquella ciudad que vivió momentos cruciales y fue testigo silenciosamente de batallas ganadas y perdidas, acuerdos, desacuerdos, traiciones, y cambios irreversibles en su físico, más no en su identidad.

Siempre se mencionan a Simón Bolívar y a Francisco de Miranda como dos figuras predominantes para Venezuela y que caminaron por los pasillos del Palacio Municipal, pero también este lugar presenció una cantidad inmensa de egresados de diversas menciones destacadas en lo que se llamó la Universidad de Caracas.

Es de imaginar cuántos cuentos paranormales deben estar en boca de los guías o la Policía Municipal que se ocupa de atender a todo aquel que se dirige a una de las oficinas de este recinto o que simplemente decidieron conocer sus rincones en plan de turistas caraqueños y de otras regiones.

Sin embargo resultaría interesante para el lector en una próxima oportunidad, plasmar en las páginas de este semanario, algunas anécdotas escalofriantes de quienes laboran cada semana, no solamente en el Palacio Municipal, sino en la Asamblea Nacional (cuando no haya diputados durmiendo en las sesiones ordinarias, claro está), el Panteón Nacional y el Palacio de Miraflores.

Al ingresar a sus espacios, una fuente custodiada por leones que sostienen en sus patas un escudo cada uno, nos dan la bienvenida, acompañados de un jardín con bancos que nos invitan a sentarnos y observar el diseño neoclásico y moderno que tienen los alrededores, producto de la creatividad y el ingenio de uno de sus más destacados arquitectos a comienzos del siglo XX: Alejandro Chataing.

Esta edificación constituye un pedazo significativo de historia para Caracas, así como la Plaza Bolívar, el Panteón Nacional, la Catedral, El Calvario (actualmente Parque Ezequiel Zamora y para la mayoría conocido por su nombre original y por tener una inmensa escalinata) y otros de vital importancia que cambiaron drásticamente de imagen en tiempos de Antonio Guzmán Blanco, Joaquín Crespo y Cipriano Castro.

Hay que destacar que este palacio fue remodelado mediante un decreto del entonces presidente de la República Cipriano Castro el 18 de enero de 1906 y se inauguró el 23 de mayo de ese mismo año, además de la integración de la capilla Santa Rosa de Lima, que sufrió los embates del terremoto de 1812 y también el de 1900.

Posee salas de sesiones donde se discuten y aprueban leyes de relevancia para el municipio Libertador y todo el ingrese a este lugar, no olvidará las obras de arte que resguarda y que como dato interesante, contiene las obras de uno de los pintores que estuvo presente el 5 de Julio de 1811 durante la declaración de la Independencia: Juan Lovera.

Como se destacó en la crónica anterior basada en el Museo Caracas y la experiencia que tuvo el equipo de Ciudad Ccs al recoger suficiente material audiovisual con la ayuda y orientación del profesor Leonel Moreno, es inevitable no demostrar asombro y orgullo al presenciar obras de este nivel en la capital, y queda recalcar que quizás seamos privilegiados al poder observar tan cerca y con detalles (aspecto que se debe resaltar frente a otros museos del mundo que impiden una conexión directa del público), lienzos originales de pintores que con su estilo y visión del paisaje, nos legaron su talento para la posteridad y nos reflejaron tal cual como fuimos y en lo que podríamos ser.

El sonido envolvente de la fuente, las aves que sobrevuelan por los pasillos y se rehúsan a irse de un espacio que ha sido más de ellos que de nosotros, hace que se nos olvide la Caracas del 2022 y nos traslademos a comienzos del siglo XX, por citar un tiempo.

Nos olvidamos de la locura positiva y negativa de la ciudad, el caos de la hora pico en plena autopista, las camionetas de pasajeros que son militantes de la Salsa Baúl y el Vallenato, los vagones sin aire de los trenes del Metro con algunas personas que deberían ingresar al Sistema Nacional de Orquestas, porque siempre cargan un violín bajo el brazo.

Nos olvidamos de la burocracia que hay en los trabajos, del monóxido de carbono, el hampa y la corrupción de toda índole.

En fin, al salir del Palacio Municipal, llegamos a la conclusión de haber compartido por un breve tiempo con el recuerdo de una Caracas que fue aquella dama antañona de todas las épocas y que en la imaginación de quien esto escribe, bailaba la retreta, el merengue rucaneao, que comía helado en el antiguo edificio La Francia (hoy edificio de la Asamblea Nacional), veía a Billo Frómeta lustrando sus zapatos junto a un limpiabotas cerca del Cine Rialto, mientras que Carlos Gardel se iba caminando hasta el Teatro Principal y El Inquieto Anacobero Daniel Santos era corrido por un policía en la Plaza Bolívar solamente por andar en camisa, con el saco debajo del brazo, lo que constituía un irrespeto a la estatua ecuestre del Libertador.

Caracas es, como dijo alguna vez El Sonero del Mundo Oscar D’León en una entrevista, pero refiriéndose en este caso a Venezuela: «Qué bonita eres y qué despeinada estás».

CIUDAD CCS / Emmanuel Chaparro Rodríguez