VITRINA DE NIMIEDADES | Vivencias amorosas de un mundo hiperconectado

Rosa E. Pellegrino

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Ahora, el amor se mide en «Me gusta». Dicen que a Shakira le está sirviendo para superar la infidelidad, pero antes que ella muchos otros ya hablaban el lenguaje amoroso de las redes sociales, con códigos tan particulares que a ratos pareciera que el contacto cercano, el necesario para ir a la pasión, queda relegado a una experiencia individualísima. Eso sí, el drama y la intensidad siguen intactos.

Imaginar unas plataformas donde puedes «conocer» al otro, sospechar con quién anda, con quién estuvo y qué puede gustarle. Juntar todo eso con el deseo intenso de saber tanto como se puede de aquel o aquella que nos interesa… Era imposible que las relaciones amorosas-pasionales-sentimentales no mutaran a nuevas forma de vivirlas, aunque los roles no cambien.

Ahora, tiene más cancha para vivir su amor platónico quien nunca ha dado el primer paso para ir más allá de la admiración silenciosa. Si los algoritmos contaran las horas que podríamos pasar viendo fotos, videos, infiriendo afectos a partir de selfies ajenas, construyendo redes de relaciones con una lista de seguidores, sólo confirmaríamos que teníamos tiempo de sobra para muchas otras cosas.

A quienes no les preocupa el tiempo que invierten o pierden (eso lo dirá el fin de cada historia), el mundo digital ofrece muchas alternativas para stalkear, porque así se llama su afición, pensando que nadie los pillará. Hay cátedras enteras para vivir a placer la contemplación del ser amado, con menores riesgos de tropezarse con una mirada delatora y quedar al descubierto.

Los indecisos, por suerte, no están solos en las lides amorosas digitales: los atrevidos y decididos van en contravía, teléfono inteligente en mano y dispuestos a comerse la pista. Aunque Tinder parece su espacio ideal, desde hace mucho tiempo ya iban a seducir por redes sociales de corte más familiar, servicios de mensajería y otras formas de contacto virtual. Acá hay espacio para aquel que actúa con buena fe y para quien quiere embaucar al estilo de Simón Leviev.

Aún con sus riesgos, las redes sociales se están convirtiendo en espacio común para pulsar el interés de una persona por otra. Entre los más jóvenes no es menuda cosa ver quién le sigue, le comenta y le da “Like” a sus publicaciones, por ser una nueva forma de expresar interés con un lenguaje bastante estandarizado y, al mismo tiempo, muy potente. Si lo duda, haga una búsqueda en línea y se conseguirá con términos como “Un like es infidelidad” y “¿Qué hacer cuando tu novio le da “Me encanta” a otra?”. Como leen, estamos en un mundo hiperconectado, pero los celos siguen siendo un asunto que solo le toca a “ellas”.

¿Cómo puede un click tener la misma fuerza que una infidelidad consumada en lo real? ¿Cómo la virtualidad puede sustituir la fuerza del contacto, del acercamiento, de ese lenguaje físico que nos dice si vale la pena seguirnos aproximando a ese ser que nos interesa? Aún nos falta por ver (Metaverso, sorpréndenos a ver qué tal). Por ahora, nos quedan las certezas de los amores que se viven en la proximidad real, fuera del mundo hiperconectado.

Rosa E. Pellegrino