4F: una fecha que cambió rumbo e historia de esta Tierra de Gracia

Hace 26 años un grupo de jóvenes militares se rebeló contra la partidocracia venezolana que marcó toda la cuarta República

El amanecer del 4 de febrero de 1992 fue distinto al que estaban acostumbrados los venezolanos y venezolanas de la época, porque ese día, tal y como se titula la película de Carlos Azpúrua, Amaneció de Golpe.

El día anterior, el 3 de febrero, muchos de seguro se habían acostado tranquilos, para afrontar una nueva jornada laboral o de estudio al día siguiente. Pero no esperaban encontrarse con semejante noticia al encender sus radio receptores o televisores, ya que un grupo de militares, en distintos puntos del país, se habían levantado en armas contra el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez (CAP).

“El Gocho”, apodo con el que también era conocido el para entonces jefe del Estado de nuestro país, había llegado al poder tres años antes, en 1989, y debió confrontar la bajada de los cerros de la capital de Venezuela o, como posteriormente fue denominado por la prensa de aquellos años, el llamado “Caracazo”.
Pero casi tres años después fue la juventud castrense, teniente coroneles, mayores, capitanes y tenientes -posteriormente se les llamó Comacates-; quienes blandieron la espada de la dignidad para salir a defender a Venezuela y a su pueblo del saqueo al que habían sometido el país la partidocracia adeco-copeyana.

“¿Y qué hacen esos tanques?”

El señor Eduardo Ortiz cuenta que para entonces tenía 20 años de edad, y se disponía a dormir cuando observó por televisión, en un canal que ya ni la gente recuerda, un tanque subiendo por unas escalinatas y golpeando una gigantesca puerta.

“En principio no relacioné el portón con el Palacio Blanco. Pensé que era alguna película y no le presté atención”, relató Ortiz y continuó señalando que a las 4 de la mañana dormía profundamente cuando su mamá lo llamó algo asustada y diciendo: “¡Le están dando un golpe a Carlos Andrés!”.

Ortiz contó que se levantó y prendió la radio para escuchar los acontecimientos que decían en las ondas hertzianas, a la vez que tomó el teléfono y llamó a un amigo que estudiaba con él en la universidad y vivía cerca del Palacio de Miraflores, para que le contara qué sucedía.

“Cuando Ibrahim me responde, suelta de inmediato que por Puente Llaguno hay militares con boinas rojas y algunos tanques. Yo le dije: ‘¿y qué hacen esos tanques?’, y me respondió que no sabía, pero que la cosa estaba fea porque se escuchaban disparos por todos lados”.

“¡Se arrecharon los militares!”

La señora María de Los Ángeles Escobar, quien para entonces contaba con 58 años, relató que para la época se levantaba muy de madrugada para llenar los “pipotes de agua” y surtir a su familia del vital líquido.

“En aquellos años aquí en el barrio San Miguel teníamos problemas con el agua, y a la vecina era la única a la que le llegaba agua con regularidad”, informó la señora Escobar, y agregó que esa madrugada, cuando la vecina le tocó la puerta para pasarle la manguera, lo primero que le dijo fue: “¡María! ¡Están tumbando al Gocho! ¡Se arrecharon los militares!”.

Escobar dijo que prendió la televisión y observó que hablaba CAP. “No recuerdo lo que decía el Gocho, pero no se me olvida que la vecina me dijo que en la radio hablaban de enfrentamientos por los lados de La Carlota, que la cosa estaba fea en la residencia presidencial La Casona, qué había una plomamentazón”, acotó.

“¡Ese es el hombre!”

Y aquel 4 de febrero, el ambiente estuvo muy convulsionado en toda Venezuela, especialmente en Caracas, Maracay, Valencia y Maracaibo; esta última ciudad estaba relativamente controlada, pero las otras tres no habían podido caer en manos de los militares rebeldes.

En la sede del Palacio Federal Legislativo se desarrollaba una plenaria extraordinaria para tratar el alzamiento militar. Hubo quienes fueron comedidos y aprovecharon la ocasión para erigirse como salvadores de la partidocracia, tal como lo hizo Rafael Caldera; pero otros, como David Morales Bello, dejaron salir su talante opresor cuando gritó en el hemiciclo “¡muerte a los golpistas!”, cavando su tumba política.

Y mientras el debate se desarrollaba en el Congreso, los militares rebeldes capitulaban. Pero no fue una capitulación cualquiera, porque el Comandante Hugo Chávez -sí, el mismo que años después llegó a la Presidencia de la República para enrumbar los destinos de la Patria- solicitó hacer un llamado en vivo por televisión a los compañeros que se resistían a deponer las armas.

El Gobierno aceptó -se dice que el expresidente Luis Herrera Campins recomendó grabarlo, pero no le hicieron caso, ¡Gracias a Dios!- y Chávez habló al país y a sus compañeros, y dejó volar en el aire aquellas palabras que se plasmaron en el horizonte de la Patria: “Por Ahora”.

César Martínez, quien para entonces contaba con 25 años, relató que veía la transmisión junto a un compadre, su hermana, hermano, un primo y sus padres cuando hablaba el Comandante Chávez.

“Me sorprendió mucho ver en aquel momento a un hombre que asumía su responsabilidad, en un país donde estábamos acostumbrados a ver cómo la gente no asumía sus errores, por lo que dije: “ese es el hombre que necesitamos para que gobierne Venezuela y ponga orden”, sentenció Martínez.

Juan Carlos Pérez durán
Ciudad CCS

Únase a la conversación