91 años de Fruto Vivas

Humberto Márquez

El 21 de enero de 1928, José Fructoso Vivas, conocido como Fruto Vivas, nació en La Grita, Táchira, en una carpa de lona andante debido al trabajo de su papá. Detalle no desdeñable, si tomamos en cuenta que aquel niño que nacía se convertiría en uno de los genios de la arquitectura moderna. Por lo que podemos hablar de predestinación, como titula “El Perro y La Rana”, si tomamos en cuenta el detalle de las casitas de barro que le pedía su mamá para el pesebre, reseñadas por la editorial, junto a La “Quinta Sinfónica”, con notas musicales en las rejas, que le permitió obtener a sus 16 años, el puesto anunciado en el periódico: “Se busca dibujante arquitectónico”, sin ser dibujante ni arquitecto, pero con una creatividad fuera de serie.

“Se abre la Facultad de Arquitectura de Caracas”, otro titular de periódico lo puso en la carrera que ya practicaba con el maestro José Agüero, “autodidacta y arquitecto innato”, un iniciador de la inventiva incesante de su discípulo. Y como reseña el excelente trabajo de “El Perro y La Rana”: “siendo apenas un estudiante, ganó el concurso del Club Táchira en 1955 frente a contrincantes de amplia trayectoria y diseñó la primera obra que lo ubicó ante el país como un prodigio de la arquitectura”. Luego de graduarse de arquitecto a los 28 años, se incorpora como profesor de la Facultad, y ya en los 60, a la clandestinidad en el PCV, y allí destacan una fábrica de armas llamada “El Garabato”, cerca de Los Teques. Y varias de las casas seguras y refugios de armas de las FALN PRV.

Desde que coincidí con él, en la organización del Movimiento de los poderes creadores del pueblo Aquiles Nazoa, comprendí que Fruto es un revolucionario cabal, en política y en su profesión. En estos días dijo: “Si no hacemos la revolución como es, no podremos cambiar. Todavía no la tenemos, lo que sí poseemos son deseos extraordinarios”.


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