ACV político

Roberto Hernández Montoya

Roberto Hernández Montoya

He vivido con personas que han sufrido accidentes cerebro-vasculares (ACV) y que por eso se les desbarata la mente. También se le llama infarto o derrame cerebral, con diversos niveles de gravedad. A cualquiera le puede pasar. Lo más dramático es que aun tratándose de personas muy inteligentes de un día para otro se vuelven bobitas. Y es dramático que no se puede saber lo que está pasando en esa caja negra.

En esos casos se ha tratado de rotura u obstrucción de un vaso sanguíneo, déficit de oxigenación, un golpe en la cabeza, un tumor, etc. Pero hay un ACV no orgánico sino semiótico, de igual gravedad. Pasa en la derecha y en la izquierda. Es cuando comienzan a hablar de los bombillos cubanos usados para espionaje del G2; cuando te dicen que hay que votar y no votar simultáneamente; cuando afirman que la violencia de las guarimbas fue perpetrada por colectivos chavistas; que la Gran Misión Vivienda no ha construido un solo apartamento; que El Reto de Florentino y el Diablo fue un invento de Chávez; que Maradona nunca marcó un gol en su vida —o algo así, en todo caso el razonamiento no es mejor que eso.

Pero este curioso ACV no fisiológico pasa también por el lado izquierdo del mundo. Hay quienes piensan —si eso es pensar— que si hablas inglés eres automáticamente agente de la CIA. Algunos llegaron a pensar que ser homosexual era contrarrevolucionario. O que oír a Beethoven es burgués. O que los geniales series Breaking Bad, los Simpson y South Park son engendros ideológicos de Wall Street. O que el rock fue una conspiración del Pentágono, la Escuela de Fráncfort y Tin Tan —o algo así, en todo caso el razonamiento no es mejor que eso. Lo que implica que estamos fritos porque si el Pentágono produjo el disco Sgt. Pepper’s hay que rendirse porque su prodigioso poder sobre la humanidad llega al nivel subatómico y contra eso no pueden ni Jehová ni Cristo ni María Lionza ni Alá ni Júpiter ni Yemayá juntos.

¿Cómo evitar morbo tan dañino? No sé, pero prevenir el fanatismo no parece mala idea para no seguir siendo ejércitos de zombis vagando por el planeta, manipulados por los medios y los bots de Twitter. Como ahora mismo en el Mediterráneo.


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