ALEXANDER TORRES CON CLÍO | Medias verdades

Bolívar siempre medió por la unión grancolombiana

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En el año de 1828 los intentos separatistas, las conspiraciones y los complots hicieron tambalear la unidad. El nudo estaba, significativamente, en la estructura legal, razón por la cual Simón Bolívar convocó la Convención de Ocaña. La idea era reformar la Constitución de Cúcuta. Es decir, darle un giro importante a aquella carta magna hija del Congreso que se reunió en la citada ciudad el 30 de agosto de 1821 y que dio paso a la unión grancolombiana. Así, la Constitución de Cúcuta rezaba en sus primeros artículos que “Los pueblos de la Nueva Granada y Venezuela quedan reunidos en un solo cuerpo de nación, bajo el pacto expreso de que su gobierno será ahora y siempre popular representativo. La Nación Colombiana es para siempre e irrevocablemente libre e independiente de la monarquía española, y de cualquiera otra potencia o dominación extranjera”. Ya habían corrido siete duros años de esa estratégica medida. El panorama era nada fácil. Estaba a la orden del día la confrontación de dos grupos con posiciones irreconciliables; por un lado estaban los centralistas bajo la influencia de Simón Bolívar, quienes eran partidarios de la concentración del poder y de una mayor autoridad del gobierno; mientras que por el otro estaban los federalistas seguidores de Francisco de Paula Santander, y que soñaban con que los departamentos tuvieran una marcada autonomía del gobierno central y así disminuir la autoridad del Libertador. Como era de esperarse, la Convención de Ocaña no tuvo los resultados esperados, diputados leales a Simón Bolívar se retiraron al darse cuenta de que eran minoría y les sería imposible neutralizar a los enemigos. De ese pugilato, Bolívar asumió el bando supremo declarándose dictador.

La dictadura se entiende como una forma de gobierno al margen de la ley obtenido mediante una acción violenta. También es común definirla como un régimen en el cual el poder -sin divisiones de ningún tipo- se aglutina en torno a la figura de un solo individuo. A veces la confunden con tiranía. Sin embargo, hay otra modalidad que explica la dictadura a la manera de la antigua Roma: ante una emergencia o conflicto armado se le confiere a un ciudadano la potestad de tomar decisiones para establecer la paz pública, por un período máximo de 6 meses, sin desconocer la vigencia del ordenamiento jurídico. Es en este último sentido, que se debe evaluar el acto de fuerza del Hombre de las dificultades a finales de la tercera década del siglo XIX, como una salida temporal y necesaria. Los enemigos de Bolívar, de ayer y hoy, han tomado los acontecimientos de 1828 para desdecir de su convicción democrática y revolucionaria. Se basan en un episodio para maldecir una trayectoria, como quien por una hoja se atreve a juzgar un árbol. El caraqueño inmortal fue amigo de la república, de las elecciones, de la felicidad social, del centralismo bien entendido, de la soberanía popular y de las libertades públicas. Contextualicemos ante tantas medias verdades.


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