Altagracia es sede administrativa, religiosa y turística de la capital

En medio de la colorida y diversa ciudad capital se encuentra Altagracia, la segunda parroquia que se fundó en Caracas. Allí habitantes, transeúntes...

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En medio de la colorida y diversa ciudad capital se encuentra Altagracia, la segunda parroquia que se fundó en Caracas. Allí habitantes, transeúntes y muchos trabajadores, colman diariamente sus calles, pues esta zona se caracteriza por ser un centro financiero y administrativo en el que la relación ciudadano-urbe es en gran parte laboral.

Esta característica hace que en sus espacios predominen en la actualidad ventas ambulantes de cotufas, helado, chicha, así como restaurantes y comedores, entre otros. El Banco Central de Venezuela y varios ministerios son algunas de las instituciones públicas que allí hacen vida.

El catolicismo tiene también una fuerte presencia en esta parte de la ciudad en la que la religión coexiste con el día a día y la cual alberga a las iglesias Nuestra Señora de Las Mercedes y Nuestra Señora de Altagracia, dos templos bien frecuentados de la ciudad.

Durante el siglo XVIII la influencia de esta institución de culto católico fue la responsable de la fundación “oficial”, en el año 1752, de la parroquia Altagracia, junto con las de Santiago Apóstol –que luego se convertiría en Santa Teresa–, La Candelaria y Santa María de Caraballeda. Humberto Salazar, parroquiano de Altagracia desde 1958 relata lo ocurrido.

“Cuando el Dr. Coll y Prat, quien era ministro de la Iglesia, ante las sugerencias de las familias peninsulares y con cargos públicos, de reubicar al resto de las personas que oían misa en la Catedral, a las ermitas de San Clemente o del Carmen, éste envió a Santo Domingo, en el año 1835, un proyecto para la fundación de otras parroquias, porque ya tenían población suficiente como para ser significadas como tal, fuera del casco de fundación o casco urbano, tomando como cuadra de fundación, la que parte desde La Catedral que hoy llamamos Torre a Veroes, Torre a Principal, Torre a Gradillas y Torre a Madrices. Allí estaban las primeras 45 casas que constituían la Parroquia Central”, dijo.

Su nombre es también producto de ese poderío y la figura de la Virgen de Altagracia, la inspiración.

“Desde el paritorio de la Virgen, empieza la Alta Gracia. Entonces la Alta Gracia, lo mismo que la Sagrada Familia, es otro motivo característico por el cual se denomina la venida de Jesús”, narró Salazar.

La construcción del templo que lleva el nombre de la Parroquia no tuvo lugar sino hasta 1668. En cambio, se encontraba desde 1614 la Ermita del Carmelo, construida por un grupo de mulatos y afectada en tres oportunidades por movimientos telúricos, y hoy conocida como Nuestra Señora de Las Mercedes y ubicada en la esquina del mismo nombre.

Otra iglesia vinculada a Altagracia es la de la Santísima Trinidad,construida a principios de 1700 en el lugar en el que hoy se encuentra el Panteón Nacional.

“Por la parte Este (de la parroquia) había un terraplén que le decían El Picacho, allí había un templo que fue construido por devoción por un carpintero llamado Juan Domingo del Sacramento Infante, quien perdió a su hija Trinidad producto de la peste, y como sentimiento emotivo él piensa erigir un templo que él va a denominar el templo de la Santísima Trinidad”, dijo el cronista.

Las construcciones de los templos mencionados hasta ahora fueron resultado del trabajo de los habitantes de la zona, quienes con algunas contribuciones de familias adineradas de la época, erigieron estas edificaciones.

“Después del terremoto, que en la década de los sesenta destruyó prácticamente el templo, en un decreto el presidente Antonio Guzmán Blanco, decide comprar un terreno y traslada todos los elementos ornásticos y de carácter religioso a una capilla que se crea en unos terrenos llamados La Fe. Entonces él dice que ese va a ser el Panteón Nacional y modifica toda la estructura de ese templo que está enclavado hoy en medio de la Parroquia Altagracia. Cuando se hace el Decreto de construcción del Panteón Nacional, se construye la vía expedita para llegar hasta allá que se llama la calle de La Trinidad.”, dijo sobre lo que hoy conocemos como el Bulevar Panteón.

Salazar recuerda que el Panteón tenía una estructura muy diferente a la de ahora y asegura que su aspecto no guarda relación con el actual espacio topográfico o con la vida de la parroquia antigua.

En el espacio, relató, existían bares y bodegas en las que se vendían objetos utilitarios hechos de forma artesanal.

“Era una cuadra que tenía casas de familia, estaban las quinticas de los militares y después de donde esta el Tribunal Supremo de Justicia estaban callejones de La Providencia y del otro lado estaba un callejón con unas casitas muy pequeñas pero muy bien construidas al estilo europeo, que hizo un señor de apellido Benedetti. Ese callejón era muy grande, se lo comió la Cota Mil, pero todavía queda un vestigio”, dijo.
dulce hogar

Como espacio habitacional, Altagracia arropa en su seno a 27 mil almas para el momento en el que se ordena su fundación y posteriormente, al hacerse parroquia civil, posee cerca de 45 mil habitantes.

Altagracia está ubicada al norte del casco central a partir de la acera norte de la avenida Urdaneta. Limita al Norte, con el Parque Nacional Waraira Repano; al Sur con la Parroquia Catedral; al Este con la Parroquia San José y al Oeste con La Pastora. Su superficie se extiende 4,47 Km2, pues para el año de 1889 perdió parte de su territorio al oeste con la creación de La Pastora.

Las viviendas en esta zona de la ciudad son en su mayoría edificios, pues muchas de sus casas fueron demolidas al momento de urbanizarla y las que quedan, convertidas en su mayoría en pensiones, están ubicadas en los límites con La Pastora. Su aspecto colonial y vivos colores, producto del plan de embellecimiento de estas edificaciones consideradas patrimoniales, las caracterizan y mantienen el paisaje congelado en el tiempo.

Como Humberto Salazar, quienes hicieron de Altagracia su hogar recuerdan con nostalgia las ferias y actividades que sirvieron de sana distracción.
Durante las Navidades, específicamente del 15 al 24 de diciembre, el Bulevar Panteón se convertía en un atractivo de la zona, pues quienes lo habitaban tenían la costumbre de instalar, adosados a las ventanas de las casas, bellos nacimientos que competían por ser el mejor del año.

“Yo recuerdo que la esposa de Leo Martínez siempre era juez de los nacimientos más hermosos que se hacían y ella bajaba de un edificio muy viejo que está ubicado en la esquina de Las Mercedes y calificaba cuáles eran los mejores”, contó el altagraciano.

Esta práctica fue recorriendo todos los rincones de la zona y se convirtió en una tradición que traspasó los límites hacia La Pastora.

“Yo una vez la escuché decir que la señora ya no encontraba qué hacer porque todos (los nacimientos) eran preciosos. Nosotros íbamos a Las Mercedes o Altagracia a escuchar la misa del gallo y después se entregaba el premio de manos de monseñor Pellín, quien era el párroco para el momento”.

Muy cerca de allí, el espacio en el que hoy se sitúa la plaza de Las Mercedes, también fue epicentro de encuentro y compartir vecinal.

“Cuando estaban los capuchinos en la iglesia de Las Mercedes y la plaza Falcón y la otra plaza, cuando eso era un terreno, allí se hacían las ferias el Día de San Francisco. Todos los 4 de octubre uno siempre estaba dispuesto a venir a la feria para divertirse y pasar un rato interesante”, narró el señor Humberto.
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Biografía Mínima

A pesar de que Humberto Salazar Hernández no nació en Caracas pareciera que el destino así lo hubiese previsto. La parroquia Altagracia, en Cumaná, lo vio nacer y años después sería esa también su parroquia en la capital. En 1958 se mudó a Caracas y más adelante se mudó a la Parroquia Altagracia, entre las esquinas de Esperanza a Caridad y luego de Canónigos a Esperanza, hasta que adquirió una vivienda en la esquina de Truco, donde reside desde hace casi 40 años.“
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Altagracia cuenta con la Revolución

En la comunidad de Altagracia, la Revolución Bolivariana abrió, restauró y recuperó en el año 2000 la Casa de Nuestra América José Martí, institución creada como un acuerdo cultural entre los entonces presidentes Hugo Chávez y Fidel Castro, para irradiar el pensamiento y la ética martiana y bolivariana. En el año 2013, el presidente Nicolás Maduro, hizo lo propio con dos propiedades ubicadas al lado de la Casa José Martí, en el Bulevar Panteón, donde se instaló la Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez, lugar en el que estuvo la Escuela Pública de Primera Letras y Latinidad de Caracas, donde el maestro Simón Rodríguez dio clase al Libertador entre 1795 y 1797 y sitio en el que hoy hay una sala de lectura, sala interactiva para niños, un cafetín, una sala de usos múltiples y una panadería de los CLAP. En el año 2015 el alcalde de Caracas regaló a los habitantes de Altagracia la Escuela Básica Bolivariana Simón Bolívar. Como estas, son muchas las obras que en Revolución le han dado vida a la Parroquia. La Gran Misión Vivienda Venezuela también aportó nuevos hogares en terrenos de la parroquia.
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Ubicación


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Una mirada a su gente y sus calles

Las casas y calles de Altagracia han sido hogar de importantes personajes a lo largo de la historia. Cerca de la esquina de Toro, en una pintoresca vivienda a la que llamaban “La casa de las cien ventanas”, se alojó para el año de 1795 la señora Palmar, “fue la primera instructora que tuvo Venezuela para el estudio del canto lírico”, relató Salazar.

En 1915 nació entre las esquinas de Cuartel Viejo a Pineda, José Antonio Giacopini Zárraga, venezolano prodigio, historiador, analista militar, asesor del Consejo de Defensa Nacional, participante de la Revolución de Octubre de 1945, además de amigo cercano del presidente Hugo Chávez Frías. En una entrevista, publicada en la tesis de grado Un testimonio en el tiempo: Visión de José Antonio Giacopini Zárraga acerca de la historia de Venezuela, 1830-1958, Giacopini describe a la vieja Altagracia. “Cuando a mediados del siglo XVIII se construyó el Cuartel de la Trinidad, que luego se llamó Cuartel San Carlos, en honor al rey Carlos III; en el léxico de la ciudad este empezó a llamarse Cuartel Viejo y aquel el Cuartel Nuevo. En la esquina de Pineda vivió el brigadier mayor don José Gabriel de Pineda, quien comandaba la guarnición acantonada en el Cuartel Viejo. Las edificaciones cercanas son: el Palacio de Miraflores; lo que se llamó la casa de Llaguno y la casa del colegio Chaves, que eran contiguas y eran gemelas en arquitectura; la esquina El Conde; la esquina de Carmelitas”.
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Una mirada al futuro

Más de doscientos años transcurrirían después de que Antonio Guzmán Blanco ordenara la construcción del Panteón Nacional para que en ese mismo lugar cercano a las faldas del Waraira se levantara, entre 1981 y 1997, el Foro Libertador. Este hermoso complejo público a cielo abierto guarda a la Biblioteca Nacional, la plaza Vicente Gerbasi, la casa Boulton, el Archivo General de la Nación, el Centro Nacional de Historia y la Torre Minci. Coronados todos los mencionados finalmente con el recinto donde reposan los restos de los personajes más emblemáticos del país y monumento al que en el año 2013 se le anexó el mausoleo del Libertador, una imponente estructura de 54 metros de altura y 2 mil metros cuadrados que resguarda los restos del Padre de la Patria, Simón Bolívar, lo que lo convierte en un gran atractivo para locales y foráneos. En los alrededores del Foro Libertador se encuentran también el Tribunal Supremo de Justicia y el Cuartel San Carlos, edificación colonial militar que data de 1792, declarada Monumento Histórico Nacional en 1986. La edificación fue utilizada como prisión militar y política y significa un tesoro en lo que a anécdotas de la historia de Venezuela se refiere. En 1992 en el lugar estuvo preso el entonces Teniente Coronel Hugo Chávez hasta el año 1994. Más adelante siendo Chávez Presidente se realizó una recuperación de las áreas del Cuartel que luego se convierte en museo.

VERÓNICA ABREU ROA
FOTO L. BOBADILLA


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