Arte y más arte, cultura y transformación Unearte, al fin

Gerónimo Pérez Rescaniere

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Al fin vi un evento de cultura chavista de alto vuelo. No es que no haya habido otros con calidad, para no ir más lejos en la reciente Filven se presentaron conferencias de excelente nivel, y hubo bautizos de libros para recordar, pero el Homenaje a la Revolución de octubre escenificado el domingo 23 en el auditórium de la Unearte fue de los que hieren la memoria.

El local lo ameritaba, pues está lleno de días y noches, sobre todo noches magníficas del pasado. Allí se estrenó el Marat Sade de Peter Weiss en montaje de Horacio Peterson cuando aquello se llamaba Ateneo de Caracas, allí Carlos Giménez emitió su discurso –por igual La Tempestad, de Shakespeare que El señor Presidente de Asturias– que renovó la semántica escénica venezolana y parcialmente la latinoamericana, allí conferenció Aquiles Nazoa, en fin, hacía falta algo que renovara laureles y tal cosa se sintió escuchando a José Gregorio Linares en lo que formalmente eran intervenciones de presentador, pero alcanzaban textura de reflexión original sobre el arte, sobre la cultura que debe producir este momento histórico, sobre lo que hace con Venezuela este momento histórico.

La cabeza de Lenin protagonizó el telón de fondo sin que faltaran imágenes de Trostky, una ausencia que hubiera sido fiel al oportunismo maniqueo y perseguidor que la división del mundo comunista –definición de esencias– produjo para bien o para mal. Se sacrificó un salto eiseinsteniano de vocación utópica, pero caminó por 70 años el máximo milagro de bondad que ha producido la historia humana, caminó en Rusia, en China, Vietnam y Cuba con millones de platos de comida y caminó aquí, en lo que no se acostumbra ahora denominar Tercer mundo, pero, quizá no haya palabra mejor para eso, con la mejora keynesiana del nivel de vida, que a fuerza de vivirla se nos olvidaba que la vivimos, pero se dibujó como máscara canalla cuando cayó la Unión Soviética y, como consecuencia, han muerto algo así como quinientos millones de seres humanos por la miseria neoliberal. A Stalin no sé si lo vi, si no estuvo fue la única mácula del evento, porque sin su mano de hierro no hubiera habido Rusia ni allá ni aquí. El juicio de la historia pide realidades.

María León era la madrina del evento. Fue natural que esta dirigente y organizadora de la Revolución ejerciera ese rol derivado de una actividad política indesmayable, de muchas décadas. Ella afina con Lenin.

Erudita la exposición de Roque Zambrano sobre lenguaje cinematográfico, una verdadera clase magistral. La vocación de Roque es Eisenstein, que fue el pilar alrededor del cual desplegó a Dovjenko y los maestros seminales del teatro universal, no sólo el ruso Stanislavsky, sino Brecht y Grotowsky en un interesante registro de la interconexión cine-arte escénico, viciosamente vistos como separados. Un detalle decorativo: se interpolaba cada tanto la expresión de “los polacos, siempre los polacos” de resonancia rusa, que resultaba colorida, porque los polacos existen intensamente en Rusia, como vecinos archiconflictivos, no aquí. Aquel país sin fronteras naturales que lo defiendan fue vivido, entiendo, por Roque, en sus años de estudios, años en que era furor la conspiración anticomunista.

Un video de tal vez veinte minutos reconstruyó los días que cambiaron al mundo con uso de montaje contrastado que, a más de los hechos, reconstruyó o citó el ritmo al que el cine de aquel entonces los presentaba. Tuvo interpolación de imágenes fijas, sobre todo caricaturas, tomadas de videos anteriores.

Tal vez quien no asistió al evento sienta demasiado elogiosos estos párrafos, pero así de buena fue la mañana, créanmelo. Lo digo a propósito de la intervención del rector Alí Rojas Olaya, dedicada como era lógico, al desarrollo de la filosofía de la actual Unearte, a un tiempo original y erudita, indígena y posmoderna en el sentido que ha postulado Enrique Dussel. Ambas vienen, sí, a ser lo mismo, en una presencia que se quiera activa y útil de un cuerpo académico dentro de una sociedad.

Después, el rector anunciaría el nuevo nombre que tendrá la institución, Centro Rodrigueano de Emancipación Artística (CREA). “No es un simple cambio de acrónimo, es toda una concepción donde estamos diciendo que la universidad va hacia esa universidad popular y productiva. El quinto objetivo del Plan de la Patria está basado en uno de los pensamientos de Simón Rodríguez: “Entre la independencia y la libertad, hay un espacio inmenso que solo con arte se puede recorrer”. De eso se trata y, por ello, en combinación con el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (Inces) se le dará rienda al Programa Nacional de Formación: Poderes Creadores del Pueblo, que “Surge de la necesidad de trabajar la materia prima, es decir, tenemos que formar a muchos Luis Zambrano, quien logró alumbrar a todo el estado Mérida, que salga de acá un Vicente Zambrano, que construyó e hizo funcionar un avión. Nos estamos separando del modelo rentista, ese boicot que hay con la medicina nos debe llevar a nuestras raíces, observar cómo vivieron nuestros warao, pemones y wayú”.

El instituto seguirá apoyando la maestría y el doctorado de Historia en Artes y Culturas del Sur, para descolonizar el saber y seguir la línea de Simón Rodríguez y José Martí, para romper con esos diseños curriculares eurocéntricos que nos han desviado de la esencia latinoamericana y venezolana.

Era día de oficializar el status de maestro de un grupo de educadores de aquella Universidad Experimental y de evocación de la Revolución rusa, ejerciendo esto último escuchamos una exposición sobre la relación de los venezolanos con Rusia, exposición que no se quedó en Miranda y la zarina, sino que frecuentó a Teresa Carreño, a Miguel Otero Silva y Carlos Augusto León en sus experiencias soviéticas, también la sostenida actividad cultural de la Embajada rusa en Caracas. La conferencia logró transmitir el tono de preocupación generosa con que vivió el apoyo a la cultura el Estado comunista, y sólo me quedé esperando la mención de la gira por toda su enorme geografía que produjo para Alfredo Sadel con la compañía de ópera que el gran tenor había creado en Italia, y en la cual incluyó al entonces joven valor Pavarotti, cosa que habla del oído demasiado exquisito del seleccionador.

Uno proclamado maestro fue Yorlando Conde. Lástima que no actuó en trozos de César Rengifo, de quien es adalid, y el mejor realizador individual.

Original y bueno un orfeón con sabor a Alí Primera, cuya aparición me despertó –al menos a mí– a la realidad de que la orfeonística siempre canta canciones de amor sentimental, lo hace atildadamente, con atención a la respetable verdad de la música popular venezolana y eso está bien. pero esta Red Bolivariana de Coros Hugo Chávez. capítulo Caracas, dirigida por los maestros William Blanco y Roberto Ruiz Luigi. amplió el camino con la música explícitamente social al interpretar: 1. *El pueblo unido jamás será vencido* (canción de protesta chilena, Sergio Ortega, 1973, arreglo William Blanco). 2. *Canción con todos* (canción argentina de Armando Tejada Gómez, letra, y César Isella, 1969, arreglo Hugo Filoia. 3. *Linda, qué linda es Cuba* (canción son, Música y letra de Eduardo Saborit. Arreglo Electo Silva). 4. *Slinarangueo para el regreso* {sangueo venezolano de Alí Primera, 1981, arreglo William Blanco). 5. *Bandera tricolor* (canción venezolana tradicional, 1892, recopilada por Vicente Emilio Sojo, arreglo Antonio Estévez). Cuando ejecutó el Bella Ciao ilustró la reflexión de José Gregorio Linares sobre la cultura que debe generar este momento histórico.

Y abundando en la música, la soprano Marielena Vargas y la pianista Caribay Saavedra interpretaron tres obras: Siren (La Lila) de Sergei Rachmaninov (1873-1943) con poesía de Ekaterina Andreyena Beketova (1855-1892). Arietta de Sniegurochka (Cómo duele aquí) de Nikolái Rimski-Kórsakov (1844-1908) y letra de Aleksandr Nikoláyevich Ostrovski (1823-1886). Son (Sueño), de Rachmaninoff, con poesía de Aleksey Nikolayevich Pleshcheyev (1825-1893). De ruso no sé ni papa, de retórica musical siento algo, y digo que aquella performance fue delicada, lo que resultó en un clima excelente.

 


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