Atrapada entre la autonomía y el ostracismo (+fotos)

La Universidad Central de Venezuela, declarada como patrimonio mundial de la humanidad por la Unesco, transita por un deterioro lento pero sin pausa...

 

” Vamos a ubicarnos y a recordar un poco. En 2008 -en julio de este año se cumple una década-”, refiere en una reciente entrevista Cecilia García Arocha, la autoridad máxima de “la casa que vence las sombras” con relación a su ubicación temporal como rectora.

Hay quienes atribuyen la decadencia total del recinto a la larga permanencia de las autoridades rectorales en el cargo; otros al tema presupuestario, que según la propia rectora no representa ni la sexta parte del billón solicitado, pero omite el pequeño detalle de no rendir cuentas al Estado.
Todo ello constituye el actual panorama que incluye la deserción estudiantil y profesoral que se eleva actualmente a un 30 por ciento.

Evidentemente la universidad se está quedando a la zaga y con ella el corazón de su campus, la Ciudad Universitaria de Caracas, uno de los espacios modernos más importantes de Venezuela y América Latina en todo su conjunto, por donde transitan todos alguna vez, ucevistas o no.

Sin embargo no faltan las iniciativas propias de los profesores que intentan organizar a los estudiantes, para el mantenimiento y limpieza ante este maltrato. Se sabe, además, de una oficina encargada de la conservación de ese patrimonio llamada Copred, Consejo de Preservación y Desarrollo, que pertenece a la UCV y que se supone debe velar por estas funciones.

Su creación en el año 2000 supuso una condición para la integración a la lista de patrimonio de la Unesco, y centralizar el tema del mantenimiento de las obras patrimoniales.

Con la llegada de Cecilia Arocha al rectorado cambia este panorama, tal como cuenta el exdecano de la Facultad de Arquitectura, Abner Colmenares, y quien formó parte de la creación del órgano.

“Cuando llega la rectora García Arocha, una de sus primeras decisiones fue darle la autonomía a la dirección de servicios generales, y que Copred dependiera directamente de ella, la rectora, y no de la persona encargada. Le quitó la capacidad de acción al Copred”.

Esto pudiera explicar una pequeña parte del deterioro físico. No obstante, el profesor Colmenares considera que el desamparo se ubica en todas las áreas: “el deterioro administrativo tiene que ver con el tema de presupuesto, que no es suficiente, lo cual lleva a las autoridades a que tengan que generar ingresos por otras vías”, y expresa además, “así los gastos que hacen y que son inexplicables, como el reciente asfaltado de las calles de la Ciudad Universitaria, que no estaban en peores condiciones que las de las calles de la ciudad. Esa urgencia por contratar un asfaltado multimillonario, también llama la atención”.

Puede decirse que el nivel de daño no es homogéneo. Hay facultades donde el deterioro está más acentuado. “Por ejemplo, la Facultad de Arquitectura, con un sesgo político, que ha sido una de las activistas principales en los temas de las guarimbas de los últimos años, es una de las facultades en abandono acentuado, desamor y desprendimiento”, cuenta el profesor y arquitecto Carlos Pou.

Con 33 años de docencia, ha vivido el menoscabo de la UCV muy de cerca. Para él esto ocurre desde hace unos 15 años, de manera lenta pero sin pausa. Pou asegura que el deterioro es una de las maneras de comunicar el enfrentamiento político con el gobierno nacional, y trae a colación la toma del consejo universitario en el 2001, como una situación que se logró manejar tanto internamente como con el papel que jugó el Estado también, respetando la autonomía universitaria.

¿Ostracismo en la UCV?

Una visión socialista del mundo y de la realidad ha sido segregada de la casa de estudio. Cuando no hay debate, discusión ni pluralidad, puede que se traduzca en miedo a las ideas de pensamiento.

“Cuando el Presidente Chávez retira la reforma de la ley de universidades, entiendo que fue para darle una oportunidad a las universidades autónomas para que se revisaran y revisaran los reglamentos, y eso permitiera que la nueva ley reflejara esa nueva visión de país que abrió la constitución del 99”, señala el exdecano Colmenares.

El comportamiento como partido político del recinto ha dejado a un lado los asuntos de seguridad y vigilancia de los espacios del campus, casi todos en su totalidad expuestos a altos niveles de delincuencia.

Si bien es cierto que la autonomía permite que la Universidad Central de Venezuela tenga su propio gobierno, lo cual limita cualquier intervención que deba hacer el Estado, especialmente en los temas de tipo administrativo o académico, también lo es la auditoría por parte del mismo.

Aunque lo lamenta profundamente, Milagros Jiménez Santana, desde su asesoría académica en el Ministerio de Educación Universitaria Ciencia y Tecnología, ha sido testigo del tira y encoje entre “la Central” y el Estado.

“Ha sido imposible desde el Ministerio. Primero que la fulana autonomía te limita; ha sido imposible hacer ni siquiera una auditoría que permita que se paguen los sueldos de acuerdo con la cantidad de cátedras que hay, porque ya no le rinden cuentas al Estado”, comenta.

Argumenta que solo piden dinero en efectivo. “¿Por qué no se les han dado los aumentos? Porque no tienen una data sincera de la cantidad de profesores que se han jubilado o renunciado. Si ellos internamente no la tienen, ¿cómo la van a mandar para el Ministerio?”.

Para ella, la universidad se ha metido cada día en un ostracismo, en una parcela tan hermética que nadie oye cuando los estudiantes señalan que la oscuridad en el campus es agobiante.

El respiro de un problema parece asomarse de inmediato con el reparo de la ilegitimidad de las autoridades, problema que no solo concierne a la comunidad universitaria, sino al pueblo entero como cuidador del patrimonio de la humanidad. Una luz para esta casa que vence las sombras.

Nadie es capaz de poner coto al vandalismo

El triunfo tiene un sinnúmero de autores, mientras que de los fracasos y las derrotas nadie quiere hacerse responsable. Esta premisa es aplicable a la hora de buscar culpables por la enorme cantidad de males que afectan a la Ciudad Universitaria de Caracas.

Este espacio, conformado en su mayoría por el campus de la Universidad Central de Venezuela (UCV), fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en el año 2000, por ser considerada una pieza maestra de la arquitectura contemporánea.

Fue diseñada por el maestro venezolano Carlos Raúl Villanueva entre los años 1940 y 1960. El campus está conformado por varios edificios, que se concibieron para que sus funciones quedaran interconectadas magistralmente. Los espacios comunes, por otro lado, fueron decorados con valiosas obras de artes plásticas, la mayoría de las caules se encuentra en el Aula Magna y en la Plaza Cubierta del Rectorado. También destacan las figuras alegóricas a los temas deportivos ubicadas en los estadios Olímpico y Universitario.

Las personas que hacen vida en la UCV señalaron que todo el esplendor del campus de la Ciudad Universitaria ha ido perdiendo su brillo con el transcurrir de los años. Algunos le achacan el deterioro a la gestión de la sempiterna rectora, Cecilia García Arocha, quien ostenta varios períodos consecutivos frente a la casa de estudios, luego de que una decisión del Tribunal Supremo de Justicia suspendiera las elecciones de autoridades en la casa que vence las sombras.

El vandalismo azota el campus

El pasado martes la escuela de Artes y de Comunicación Social no tenían energía eléctrica, como consecuencia del hurto del cableado. Alumnos, profesores y personal administrativo de ambas escuelas laboraban en penumbras. Esta no es la primera vez que se presenta este tipo de situaciones, a decir de los ucevistas.

“La gente de Corpoelec ofreció resolver el asunto, pero la rectora (García Arocha) se negó a que las cuadrillas entraran al campus. ¡Coño, si vienen para arreglar la luz, deja la política de lado y permite que los trabajadores entren, coño!”, se quejó molesta Luisana Arismendi, empleada administrativa de la Escuela de Artes.

Un grupo de estudiantes que se encontraba reunido en el cafetín, ubicado al frente de la escuela de Trabajo Social, responsabilizó del daño que acusa la infraestructura física de la UCV a la mismísima rectora.

En el comedor apenas están sirviendo el desayuno a las 7 am y la cena a partir de las 4 de la tarde.

Los alumnos deben pasar horas haciendo la cola para retirar alguno de estos dos platos, pues los cafetines venden toda clase de alimentos, pero a precios exorbitantes, señalaron los educandos.

Por otro lado, contaron que la estructura de concreto que sirve de techo a los pasillos, tiene filtraciones por todos lados, los altoparlantes que emiten el sonido de la radioemisora interna, fueron hurtados, así como los cables y los focos de las lámparas. La oscuridad durante las noches “es aterradora”.

“Yo creo que esa vaina de los robos es gente que vive cerca de acá, que se mete por el Jardín Botánico, saca las cosas y luego las venden como chatarra. Un kilo de cobre vale un realero”, estimó Luis Escorza, un integrante del grupo.

“Esos robos a mí me parecen planificados, porque suelen ocurrir por fases y siempre se llevan artículos que afectan el funcionamiento de escuelas y lugares importantes de la universidad”, especuló Carlos Pérez, otro estudiante.

“Yo no niego que haya vandalismo, pero también el peo es de gestión. Las autoridades son negligentes, y no hacen nada para ponerle un coto a este problema”, opinó Stefaní Pérez.

FRANCIS COVA/CIUDAD CCS
FOTO LUIS BOBADILLA/BERNARDO SUÁREZ

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