Ayuda humanitaria precede a la guerra y a la invasión

Alrededor de 70 países han sufrido los estragos de las acciones bélicas impartidas por los EEUU para proporcionar “ayuda humanitaria”.

Proteger y preservar la vida humana, o asistir a otras naciones en tiempos de necesidad con previa aprobación de un país que atraviese situaciones conflictivas a tal grado de causar precariedad a su población, es la traducción de la muy conocida “ayuda humanitaria”, esa, a través de la cual lamentablemente no siempre se intenta auxiliar a otro Estado.

Como muestra de ello, la historia le ha aclarado al mundo que en ocasiones existen segundas intenciones tras estas acciones, sea por motivos políticos, ideológicos o económicos. Tal es el caso de los Estados Unidos, país reconocido no solo por disponerse a prestar este tipo de “colaboraciones” sino, por intervenir y atacar tierras extranjeras tomando parte entre países que se encuentran en guerra, esparciendo más muerte y destrucción de la que se pretendía evitar.

Para el año 2011, Siria atravesaba conflictos armados internos, en los que la oposición a la gestión de Al Assad denunciaba que su gobierno mataba civiles, mientras que las autoridades de ese Estado acusaban a fuerzas externas de financiar grupos terroristas -similar al actual escenario en Venezuela-, y aunque la potencia norteamericana no había interferido hasta el momento, en el 2013 Obama amenazó con tomar acciones bélicas en territorio sirio a raíz de un ataque con gas tóxico que distintos países atribuyeron a Al Assad.

Por otra parte, Siria ya se había planteado la construcción de plantas procesadoras de gas trabajando de la mano con empresas rusas y sin compañías de EEUU ni Europa.

De allí en adelante los conflictos empeoraron. En el año 2017 el actual presidente de EEUU, Donald Trump, ordenó atacar Siria en respuesta a un ataque químico contra la población cívil de ese país, que algunas naciones europeas y del norte atribuyeron a Al Assad. Fue en el 2018 que Trump ordenó retirar sus tropas dejando más de medio millón de muertos.

Estas cifras representan una muestra de los conflictos en los que ha participado EEUU, con unos 70 países invadidos y resultados catastróficos, como la invasión de Vietnam que culminó en 1975 con el triunfo del Norte comunista sobre el Sur y la expulsión de los estadounidenses del país, pero implicando la muerte de unos 2 millones de civíles en ambas partes de Vietnam.
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Las intervenciones extranjeras significan una eterna condena

Según la historia bélica de Estados Unidos, este país lleva a cuestas unos setenta países del mundo invadidos, siempre de manera directa y enfocado en el objetivo de tener la supremacía en todos los ámbitos, arrastrando con todo a su paso, geográfica e ideológicamente.

No solo deja destrucción y muy malos recuerdos sino un suelo patrio sin abono que lo haga levantarse soberanamente, tantos años después. Panamá, por ejemplo sigue siendo una herida abierta, con zonas públicas que nunca fueron recuperadas y vidas que jamás serán compensadas por causa de su invasión en 1989, como la número 13 en esa región. No fue hasta el año 2000 que Estados Unidos transfirió la administración del Canal de Panamá, después de 85 años de arbitrario manejo.

Como condenados a vivir bajo el paraguas del Pentágono, después de meter la mano por determinado país en nombre de la libertad, Estados Unidos “se retira” y queda impresa en una “democracia de peaje”, tututelada y financiada para conservar sus “patios traseros”.

Es un pájaro, es un avión, no, es Superman

Hace poco en una de las marchas opositoras de nuestro país, se desfiguró por completo un pedacito de nuestra hermosa Caracas en su zona este, al parecerse a una escena hollywudense, industria que sin lugar a dudas hizo su trabajo de imponerse como los líderes de una manada con sus superhéroes, colándose la risa de un niño con su traje de Capitán América.

La idolatría al músculo de los Avengers, y el coro de ¡Guerra!, definiendo un extraño concepto de libertad machacado con la bandera gringa en tarima principal, no es más que una invasión cultural que estrella contra las cuerdas y con toda su furia al sentido común sobre lo patrio.

Como decía el poeta Chino Valera Mora: “El socialismo no existe, pero de que vuela vuela. El capitalismo sí, y hay que matarlo…”
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Los pasos de la bota gringa antes de tocar la puerta

1 Protestas. La preparación de un clima de desestabilización como escenario propicio para la activación de la Carta Democrática Interamericana, para argumentar supuestas violaciones a los derechocs humanos de un determinado país. Guarimbas sistemáticas y financiadas por Washington.

2 Descrédito. En la arena mediática reflejar una supuesta “descomposición interna del régimen populista y antinorteamericano”, colocando a los madatarios como “tiranos” y adjudicarles un carácter autoritario y violador de los derechos humanos.

3 Aislamiento. Presume el imperio yankee, sobre un aislamiento internacional de Venezuela, apoyándose en una autoproclamación y un absurdo reconocimiento internacional de países aliados con Estados Unidos.

4 Sanciones. Intentar doblegar a través de la presión y el estrangulamiento económico con cercos a nuestros propios activos petroleros y oro depositado en otros países. Sanciones “morales” en un intento por destruir la economía, para declarar un “estado de emergencia”.

5 Conflicto en escala. La manera caótica de llevar las relaciones que acostumbra el Departamento de Washington con el permeo de agentes sicarios en las fronteras. En Libia y Siria se usaron grupos armados locales y fuerzas especiales.

6 Ayuda Humanitaria. Estrategia norteamericana para penetrar en los países con carácter invasivo. Los casos de Libia, Irak y Yugoslavia, reflejan zonas ocupadas por tropas estadounidenses con altos saldos de muertes y heridos.

LUIGI ALVAREZ/FRANCIS COVA / CIUDAD CCS

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