El barítono de Michel le cambia el tono a la salsa

“No quería ser músico, pero era una manera de ganar dinero”

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Pienso que de no haberme enamorado de aquella mujer a tan temprana edad, seguramente habría ingresado en la Banda de Músicos Militares y allí me habría conseguido con cualquier cantidad de músicos que el destino me ha permitido conocer.

El comentario viene a colación porque cada vez que entrevisto a alguno de ellos me sale con los estudios en la Banda de Músicos Militares de La Victoria, que definitivamente ha sido el semillero de los mejores instrumentistas de nuestro país, por lo menos de los llamados “veteranos”, porque hoy sobresalen los muchachos del Sistema de Orquestas y el Conservatorio, a quienes vemos diseminados por las distintas agrupaciones del país.

Creo que me hubiese inclinado por el violín, si de cuerdas hablamos, pero si abordamos los metales me hubiese ido con la trompeta o el saxo. Confieso ser admirado a pie juntillas de Lester Young, John Coltrane y Charlie Parker. En cuanto a los latinos dos son mis favoritos: Paquito D’Rivera y nuestro Víctor Cuica.

Sonido señorial

El sonido del saxo se distingue, sobresale y le otorga “señorío” a las orquestas que lo incluyen en su formato. Basta recordar cualquier tema de Willie Rosario o Bobby Valentín y estaremos en la misma onda. En Venezuela uno de los pioneros es Víctor Cuica, sin dejar de lado a quienes vienen “camellando”, buscando un lugar en el universo musical.

Al llegar a este punto podríamos hablar de Michel Peña, un saxofonista obligado en la mayoría de las orquestas de salsa. Lo hemos visto con “Tokun”, con Los Satélites y con el Combo Antillano.

Celebró el pasado 24 de julio sus primeros 50 años y en esta magna fecha arribará a los 51 años.

Orgulloso comenta que toda Venezuela le celebra su onomástico “porque cojo colita con El Libertador”.

—¿Por que decidiste inclinarte por la música?

—La verdad es que nunca pensé serlo. Mi papá y mi tío eran músicos y siempre andaban en una rumba. Yo he sido un tipo tranquilo toda la vida y no estaba en mis planes, pero vi la oportunidad de adquirir una profesión, ganar dinero e independizarme. Fue mi tío quien me entusiasmo y me llevó a la Banda de Músicos Militares, a la cual ingresé en octubre de 1982 y ya en el 83 le daba duro al saxofón.

—¿El único de tus hermanos en abrazar la música?

—En efecto. Somos seis hermanos y fui el único en seguir los pasos de mi padre.

—¿Por qué el saxo?

—Tenía amigos que tocaban el saxofón. Ya había tenido en mis manos ese instrumento sin llegarlo a tocar, por eso cuando entré en la banda no lo dudé dos veces y escogí el barítono. Lentamente me fue gustando el ambiente y se inició la competencia entre nosotros mismos, que eso suele suceder en cualquier escuela. Quien se aprendía mejor los acordes, quién traía algo nuevo. Esas cosas.

Algunos de mis compañeros ya tocaban con orquestas de renombre como Los Melódicos, La Billo’s Caracas Boy’s, Cheo García y Memo Morales…

—¿Con quien comienzas profesionalmente?

—Con Los Atlánticos, una agrupación que dirigía un español de apellido Otero. Allí también estaba “El Cochino” Zambrano, quien me llevó a la Orquesta de Tránsito Terrestre y a la Banda de la Policía. La gente comenzó a escucharme y lo demás es historia. Te puedo decir que he tocado con casi todas las orquestas del país… Con la Orquesta de William Puchi tocábamos casi todas las noches, porque había muchos locales. Hoy la cosa se ha puesto dura

—¿Alguna influencia?

—Siempre fui admirador del dominicano Mario Ribera. Creo que el sabía a la perfección lo que se tenía que hacer a la hora de soplar el instrumento.

ÁNGEL MÉNDEZ
FOTO/AJOMEN

 


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