Caraqueños sufren la falta de efectivo

Bachaqueros de Catia y del terminal de La Bandera exprimen bolsillos de los más humildes vendiéndoles el papel moneda

El ciudadano de a pie, el que vive en el barrio, en la periferia de Caracas; en fin, en las catacumbas de la ciudad, es quien sufre y padece en carne viva la falta de dinero en efectivo. Para subir a una buseta, para comprar comida, pagar una medicina o algún bien menor, son indispensables los billetes del nuevo cono monetario, y la única forma de adquirirlos es comprándolos con tarjeta de débito a precios exorbitantes.

En los bancos solo entregan entre 20 y 30 mil bolívares por taquilla, mientras que por los cajeros solo se puede retirar 5, 10 o 15 mil bolívares, lo que muchas veces solo alcanza para pagar un pasaje. En algunas entidades bancarias solo entregan billetes del viejo cono monetario (de 50 y 100 bolívares), los cuales son rechazados en algunos locales comerciales o por varios conductores de busetas.

En Catia, los trabajadores informales cambian de ramo en las tardes y pasan a vender dinero.

Mafiosos del efectivo al acecho

Para obtener efectivo hay diversas modalidades, pero ninguna de ellas se deja de pagar bien caro. En el bulevar de Catia, parroquia Sucre, existen múltiples formas de “arrancarle” los pocos billetes que alguien consiguió con mucho esfuerzo en una entidad bancaria o compró pagando un impuesto de 100%.

Los vendedores ambulantes son los primeros en montar las “trampas jaulas” para captar efectivo, que luego revenden al ciudadano común. Hay muchas técnicas. Siga leyendo y vaya aprendiendo.

En medio del bullicio, la contaminación y los madrazos de los choferes que transitan por la calle Argentina de Catia, se dejan ver cientos de mesas de vendedores ambulantes. Allí se exhiben verduras, víveres y huevos, una proteína cotizadísima en estos tiempos en los cuales la carne y el pollo presentan los impagables precios que cada especulador le dé la real gana de ponerle.

Sobre el promontorio de medios cartones de posturas de gallina, hay un letrero que espeta a quemarropa: “En efectivo Bs 150 mil y con tarjeta de débito Bs 230 mil”.

—¡Qué arrecha es esta gente! ¿De dónde sacaron que por raspar la tarjeta uno tiene que pagar impuesto?— protestó en voz alta una dama, mientras que la buhonera que la observaba, dibujó un gesto displicente en su cara y le soltó con arrechera: “Usted está en libertad de comprarlo o dejarlo. Esas ñemas no se van a pudrir ahí”.

Como a las seis de la tarde, la misma vendedora informal cambia de ramo súbitamente. Sobre la misma mesa donde tenía los huevos y aquel cartelito chocante, colocó dos fajos de billetes y cambió el aviso por otro: “Se hacen avances de efectivo al 100%”.

La cuenta es fácil: si usted necesita 100 mil bolívares, le quitan 200 mil. Si requiere un millón de billetes con la cara de Simón, le quitan la misma cantidad por concepto de impuesto. Otros que venden billetes y cobran el mismo impuesto draconiano, son los transportistas.

“Yo le compro billetes a un ‘amigo’ en mi barrio. Él tiene un microbús y nunca le falta una paca. Le pago los avances al 50%. ¿Por qué lo hago si sé que me está estafando? Bueno, porque es la única forma de tener plata para pagar pasajes y comprar algo de comida”, contó resignado Marcos Acosta, un vecino de Antímano.

Los vendedores de huevos cobran porcentajes exorbitantes cuando expenden el producto y deben cobrarlo con tarjetas de débito.

Los vendedores de loterías de animalitos también se aprovechan, incluso, hasta de sus incautos clientes que le juegan diariamente.

“Uno hace jugadas durante todo el día y puede ganar hasta cuatro veces. Con eso hace para pagar el pasaje o comprar una harina bachaqueada, pero cuando pierdes tienes que comprarle plata al banquero al 100%”, contó Luisa Márquez, una jugadora de este juego de azar.

Entretanto, en los terminales como el de La Bandera, es común la venta de efectivo hasta en 100%. Los billetes son indispensables para adquirir en las taquillas de las operadoras los boletos para viajar. Los puntos de venta brillan por su ausencia. Los billetes los venden las mafias en las confiterías, en los sitios donde expenden cigarrillos, en los salones de belleza, en los baños de caballero e, incluso, en los pasillos.

“Esto es un canibalismo. Aquí lo estafan a uno vendiéndole el efectivo caro y lo más patético es que, pese a que estas mafias se mueven por todo el terminal, la policía y las autoridades parecieran no enterarse de un carajo”, comentó la estudiante universitaria Claudia Marcano.

JUAN LUGO/INGRID RUIZ / CIUDAD CCS/BIEN RESUELTO

Únase a la conversación