Carlos Azpurua: “Cuando conocí el cine me enamoré del arte como emoción para crear”

Con el cine aprendió que la palabra “no” no existe, cuando tuvo que luchar por materializar su obra se dijo a sí mismo:...

Acción. Comienza la entrevista a Carlos Azpurua, cineasta, político, ocurrente, crudo, sin rodeos y como buen director de cine, chequea los últimos detalles antes de empezar a hablar: “Estás grabando; tienes las preguntas listas; tu sabes quien soy yo; has visto mis películas” por ese pequeño instante se cambiaron los papeles.

Me recibió en su casa, es mañanero el hombre, lo dispuso todo para que cuadrara después su clase de yoga, porque ese el momento donde se siente más relajado.

Por teléfono me dijo “mi casa es lo máximo chamo, ven y hacemos la entrevista aquí”. Cuando llegué no hubo mentiras en su afirmación, es el templo de un artista, lleno de recuerdos, premios y calor humano, con un pedacito de cada lugar visitado, elementos del cine, como sorteados apropósito, y muchas fotos, muchas.

—¿Cómo podrías definirte a ti mismo?

— Puedo definirme en este momento, porque con el paso del tiempo uno va cambiando, por aquello de que en la vida uno va evolucionando gradualmente en función de lo que vamos viviendo.

Yo soy un ser que desde la perspectiva del arte, reflexiona sobre lo que es el acontecer.

Siento el mismo sentimiento que me ha acompañado toda la vida, que es el inmenso compromiso que tengo con mi patria y esta coyuntura exacerba esa sensación porque me duele en el alma y me llena de orgullo la respuesta que el pueblo le está dando a esta situación.

—¿Caraqueño desde siempre?

—Yo nací en la clínica Razetti y me crié en una particular situación, entre El Paraiso y Artigas, dependía de cómo le iba a mi papá económicamente, él era comerciante y aunque su origen era burgués, por esos avatares de la vida, cuando le iba mal nos mudábamos para Artigas y cuando estábamos bien nos íbamos al El Paraíso.

Pero a pesar de todo siempre me sentí muy identificados con los sectores populares, recorrí toda Artigas y la avenida San Martín, conocí el 23 de enero.

—¿Hubo un debate interno entre las visiones de las clases sociales?

—En definitiva yo nunca me afiancé a esas contradicciones y aspiraciones de la clase media, sin mencionar sus códigos y valores planteados desde la oligarquía, todo expresado a partir de lo material y que siempre vio con subestimación las barriadas.

—¿Encontraste al cine o el cine te encontró a ti?

—Yo me aproximé a la sociología en la central, y después me metía como oyente a las clases de cine, pero nuestro primer encuentro fue algo maravilloso, yo soy un producto del acto cultural de ver cine en la Cinemateca Nacional.

No sé cómo llegué a ese lugar, pero vi una película que se llama Los carabineros, me impresionó la extraordinaria metáfora que allí se hace de la guerra, par de seres irracionales iban a una guerra como quien va a una fiesta. Eso me marcó.

A partir de ese momento me enamoré del arte como emoción para crear.

—¿Tiene el cine un compromiso social más allá del arte?

— Para mi esa premisa es escencial, y lo he ido descubriendo gradualmente, tuve la suerte de acompañar procesos de luchas y de reivindicación social. Por ejemplo Yo hablo a Caracas, Amazonas el negocio de este mundo y Caño Mánamo.

Todas esas experiencias fueron maravillosas, pero quizás Yo hablo a Caracas fue la vivencia más bonita que tuve como realizador, para ese momento yo no entendía la dimensión de lo que había hecho, generó un gran impacto en la población y se reflexionó mucho en torno a ella, pero más allá de eso tengo anécdotas exquisitas, estar con el viejo Barné Yavarí en el Aula Magna, totalmente llena, y yo detrás de bastidores, llorando por la emoción de oír a ese chamán cantando en yekuana, un hombre que no se sabía montar en autobús ni entendía la puerta de atrás de un carro, pero estaba lleno de sabiduría y una gran dignidad.

—¿Todo lo que has logrado en la vida a sido gracias al cine?

—Bueno yo he sido diputado 4 veces, incluso ahorita soy diputado de la Asamblea que está en desacato, soy suplente de Haiman el Troudi y antes fui tres veces diputado principal. Yo puedo decir que he sido un cineasta político y el cine me ha llevado a militar con contenidos sociales, no partidistas y fui consolidando como un hombre de la izquierda y revolucionario.

—¿Algún proyecto engavetado?

Hay muchos, recuerdo uno, Sonny, yo le compré los derechos a José Ignacio Cabrujas de la obra, una adaptación popular que él hace de Otelo de Shakespeare inspirada en el boxeador Sonny León, nuestro campeón mundial, y no la pude hacer por razones muy particulares, mi padre estaba enfermo y me tuve que dedicar de lleno a acompañarlo en sus últimos años.

Fue una gran lástima, iba a tener mucho financiamiento, venía de una buena racha de largometrajes, pero tuve que parar, pero fue correcto hacerlo, no estaban las condiciones y se iba a generar un cangrejo tremendo y eso lo he tenido muy claro siempre, es preferible decir aquí corrió, que aquí murió, yo siempre me he cuidado mucho del uso del dinero que me han dado para hacer las películas, por es que me puedo acercar al fuego, no tengo rabo de paja.

—¿Que es importante para ti en este momento?

—Estar informado me genera mucha tranquilidad, estamos viviendo momentos muy importantes, jodido está el que no sabe donde está.

—¿Una vida emocionante?

—Como quien dice, a mi que me entierren con lo bailao. He tenido una vida divina, viví muchas situaciones extremas, fui corredor de motos, hice paracaidismo, volé en helicóptero por toda la selva, viví 6 años en el Amazonas, participé en muchos procesos sociales, qué no he comido, viajé por todo el mundo, una vez me metieron preso en España, estaba con Clemente de la Cerda, él fue quien me saco, todo fue porque un español me dijo “tu eres la mierda de la mierda de España” al ver que su dama comprendió mis encantos, tremenda coñaza, y para la cárcel.

Para despedir la entrevista unas respuestas cortas que se salieron del contexto de las preguntas anteriores, su música es la salsa, “para bailar voy a San Agustín”, su película La Batalla de Argel, su autor es Mario Benedetti, el yoga su actividad, su casa y el Parque Francisco de Miranda son sus lugares, la dignidad es su valor, y Diego Risquez su amigo. Corte.

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De los de Chávez

La primera frase que soltó para contar como conoció a Chávez fue “coño, fue arrechísimo”. Su primer contacto con el Comandante fue cuando lo vio en la televisión, allí le dio rostro a la conspiración de la que ya había oído hablar, pero lo conozco personalmente en Yare, donde fui en varias ocasiones y luego me involucro en su campaña. La fotografía debajo de esta nota fue hecha en el primer acto de Chávez en la calle, en la Plaza de Caracas.

TEXTO Y FOTO ALBERT CAÑAS/CiudadCCS


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