Casi la mitad de los niños en Argentina son pobres

Según el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina. 48,1% de los menores de edad del país son pobres

De acuerdo a los últimos datos del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia, una de las áreas del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), el 48,1% de los menores de edad del país sudamericano son pobres, a su vez los niveles de indigencia alcanzan al 10,2%.

Según Página/12, (diario argentino) que tuvo acceso al informe que da cuenta de las estadísticas del año 2017, el 28,1% de los niños y niñas viven en hogares donde las necesidades básicas (alimentación, servicios sanitarios, etc.) están insatisfechas. Este dato se complementa con que un 33,8% desayuna, almuerza y merienda fuera de su casa. Ya sea en comedores escolares o de organizaciones comunitarias.

Por otra parte, solo el 38,5% recibe la ayuda social estatal de la Asignación Universal por Hijo (AUH). Este plan supone una asignación mensual de 1.577 pesos (56 dólares).

Otros datos sostienen que el 17,6% sufre déficit de alimentos y el 8,5% pasa hambre. En términos sanitarios el 52,7% depende del servicio de salud pública para atenderse. No obstante el 45,3% no visitó un odontólogo durante el último año y el 22,6% no recibió atención médica de ningún tipo.

Ianina Tuñón, investigadora que participó en la elaboración del informe, declaró al diario Ámbito Financiero que esto da cuenta de “una estructura social más empobrecida que se nota en todos los indicadores”.

Si bien el último índice de pobreza publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) marcó un 25,7% en el segundo semestre del año pasado, el deterioro de la situación económica permite prever que en 2018 ese número crecerá. Estimaciones de la propia UCA pronostican que la población por debajo de la línea de pobreza llegará al 29% para fin de año.

Los datos que demuestran que la pobreza no dejó de subir coinciden con los recortes del Gobierno de Mauricio Macri, a la asistencia social, el congelamiento de las paritarias y el aumento de las tarifas en los servicios públicos que impactaron en los salarios de los trabajadores formales e informales. También con la devaluación del peso, el cierre de fábricas y los despidos masivos en los sectores privado y público.

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