¿Cómo será eso de ser feliz?

Humberto Márquez

Esa es la pregunta de las 64 mil lochas, allá rodó una cédula, ja, ja, ja, ese era un programa del profesor Negrón y Cecilia Martínez, cuando 8 mil bolos era el sueldo del presidente de la República, que hoy no alcanzan para un caramelo de coco que cuesta 10. Pero ese no es el tema, porque si seguimos por ahí, rodaremos por el barranco de la infelicidad, y adiós texto. La referencia es para graficar esa pregunta clave: ¿Cómo será eso de ser feliz?, la respuesta, si hay alguna, es que es muy fácil y/o difícil, según el cristal con que se mire.

Recordando a Winston Churchill cuando dijo que dejar de fumar era muy fácil: “Yo lo he dejado más de 100 veces”, lo podríamos parafrasear: ser feliz es muy fácil, yo lo he sido más de mil veces. Hay que decir, de entrada, que esa facilidad viene dada por la ventaja de los creadores frente al resto de los “humanitos” y no es otra que gozar una bola con nuestro trabajo. “La felicidad no es hacer lo que uno quiere, es querer lo que uno hace… No es lo que nos pasa, es saber interpretarlo”.

Decía una psiquiatra española que me pasó mi hija Ligeia en estos días, que citaba además a El Quijote, “La felicidad no está en la posada, está en los bordes del camino”, o como decía Galeano: “La felicidad es un trayecto, ¡no un destino!”, y por ahí van los tiros.

La felicidad es ponerse viejo como yo, enredado por siempre entre tanto alborozo, aunque en estos días Nereida Azuaje me dijo que los poetas no envejecemos, lo que, en mi caso, es peor, porque nunca maduré, eso es felicidad, seguir viviendo como adolescente enamorado. Un poco arrugada para mi gusto, pero adolescencia al fin. Hará un mes descubrí que mis bíceps habían casi desaparecido, y comencé a hacer flexiones de pecho, pero en la cama je, je, total, dos felicidades relancinas: una, ya veo masita muscular, dos, que ya voy por cuatro sesiones diarias de 20, ¿Será que me trae recuerdos cuando hacía el amor?. Jajaja.


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