Con Clío: Amistad

Alexander Torres

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Como expresión humana la amistad está atravesada por profundas vivencias personales. Si el marco íntimo y familiar fue de carencias afectivas y en el plano social fue una cruenta guerra, se hace más complejo el panorama de acercarnos a la idea de amistad en Bolívar. Tomando en cuenta su accionar y pensamiento, para el Libertador los amigos son tributarios de una profunda admiración, compromiso, amor y lealtad. Desde los compañeros más cercanos en edad como los hermanos Montilla y Andrés Bello como los más lejanos -piénsese en Simón Rodríguez y el viejo marqués de Ustáriz- redunda en la idea de que para Bolívar los afectos son un templo. También en sus hermanos de armas como Fernando de Peñalver y Antonio José de Sucre entabló una relación sincera que lo caracterizó como un amigo consecuente.

En una carta a Fernando de Peñalver, fechada en Caracas, el 2 de julio de 1827, el Libertador decía: “Mi querido amigo: Pasado mañana parto para Cartagena con dirección a Bogotá, donde me aguardan con ansia mis amigos. Dejo aquí al general Páez con el mando superior de los departamentos de Venezuela, Maturín y Orinoco; y me voy con el consuelo y la esperanza de que su adhesión a mí y el amor que tiene a sus compatriotas promete muchas ventajas al bienestar general (…) Amigo, si yo pudiera, no me movería un solo momento de aquí, pero como es preciso ponerme en el centro, para atender desde allí a todas partes, también es indispensable que Vd. participe del glorioso trabajo de salvar su Patria. Si Vd. me ama, ame Vd. tanto como a mí al general Páez, que nos está afecto de todo corazón, como yo a Vd”.

Reza un viejo dicho que quien encuentra una amigo encuentra un tesoro. No es más que la convicción de que los lazos sólidos de un afecto sincero muchas veces son más fuertes y fructíferos que las ataduras sanguíneas. Es el componente fundamental de la amistad un vínculo entrañable y recíproco que el paso del tiempo va solidificando. La sinceridad y la entrega ayudan cada vez más a alimentar esta relación muy difícil de mantener. Qué decir cuando es un conflicto bélico, el celo por el liderazgo y la sospecha de la traición las constantes en un guerra como la Independencia. Todo hace pensar que en estas circunstancias esta cualidad alcanza dimensiones casi sublimes. Muchas y diferentes fueron las amistades que tuvo el Libertador en su intenso periplo vital, como certifican sus biógrafos. Sin renunciar a su don de mando y sin hacer concesión con la adulación concibió Bolívar la amistad como una “pasión”, uno de los más altos valores que debemos cultivar para la convivencia. Valdría la pena preguntarnos si en la transparencia, la verticalidad, la belleza, la autenticidad, la cooperación, la confianza también debemos ser bolivarianos, sobre todo cuando el desengaño, el doblez y las farsas están a la orden del día.

alexandertorresiriarte@gmail.com


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