Con Clío | Pichincha

Alexander Torres

Ese conflicto ocurrido el 24 de mayo de 1822 en las faldas del volcán Pichincha, cercano a la localidad de Quito, fue producto del encuentro armado entre el bando realista liderado por Melchor Aymerich y las fuerzas patriotas comandadas por Antonio José de Sucre. Al despuntar el 23 de mayo de 1822, el ejército patriota integrado por 2971 hombres, comenzó su ascenso por las pendientes de ese volcán. Adelante iban dos centenas de colombianos (Alto Magdalena), seguidos por el ejército principal de Sucre; atrás protegían los británicos (El Albión), resguardando el tren de municiones. Pese a la valiente determinación de los revolucionarios, el avance para alcanzar la parte alta del volcán fue muy lento. A 3.500 metros sobre el nivel del mar era imperativo el descanso, el camuflaje y la vigilancia. Pero ya los españoles habían divisado a sus enemigos. A esa altitud comenzó la refriega. En franca desventaja Sucre maniobró el batallón Alto Magdalena inútilmente. Los batallones Paya, Trujillo y Yaguachi tuvieron muchas bajas y escasas municiones. Comenzaron a retroceder los patriotas. Todo descansaba en el batallón El Albión, responsable de las provisiones, para poder torcer el rumbo de los acontecimientos. Ya disperso el batallón peruano Piura la esperanza también se esfumaba. Pese al triunfo de Aymerich, el líder realista dio instrucción al batallón Aragón de avanzar hasta la cúspide del volcán Pichincha, con el propósito de arremeter por la retaguardia contra los revolucionarios. Esta decisión de separar lo mejor del ejército realista debilitó la fuerza de los españoles. Cuando el Aragón se disponía a cargar sobre la apocada línea patriota, enhorabuena para los independentistas, fue interrumpido por El Albión, quien entró repentinamente en la batalla. Ahora El Albión, conjuntamente con El Magdalena, arremetía contra el Aragón, ya prácticamente desintegrado. La victoria sonreía a los soldados de la libertad. En esta gesta son numerosos los héroes que debemos recordar: Santa Cruz, el coronel Córdova, el comandante Cestaris, entre muchos otros anónimos. Especial mención debemos hacer del Tnte. Abdón Calderón, del batallón Yaguachi, quien pese a recibir cuatro balazos no abandonó el campo de batalla, y mantuvo en alto la bandera celeste y blanca hasta que los hispanos fueron barridos. El niño-héroe cuencano –contaba con 18 años– moriría dos semanas después.

Los que dieron su vida por la libertad en la Batalla de Pichincha hace casi dos siglos estaban integrados por guayaquileños, cuencanos, argentinos, chilenos, neogranadinos, venezolanos y peruanos. Todo un símbolo de integración nuestroamericana como garantía de éxito.


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