El crudo sonido del barrio lo tiene “El Amarillo” Vivas

Comenzó como tumbador, pero un concierto de Irakere le cambió la vida

“¡Ese tipo pita bien arriba!”

Comenta “El Chino” Jesús, melómano y productor de radio guarenero, quien arriba al concierto con “La Yoye de la Salsa”, animadora y productora del programa Swing Latino por los lados de Miranda. Le comentamos que se trata de Francisco Javier Vivas Porra, a quien los salseros conocen como “El Amarillo”.

Nuestro amigo Francisco Javier es un verdadero analista de la trompeta. El dice que habla y es el mismo concepto que tienen otros ejecutantes, como por ejemplo, Arturo Sandoval, el mismísimo de Irakere. Para el cubano su instrumento es una extensión del cuerpo. Moriría si le faltara el divino sonido de los Dioses.

Los inicios

Nuestro entrevistado de esta semana nació el 1° de noviembre de 1965 y confiesa que fue su hermano Nelson Vivas “quien me metió en este lío. Él se desarrolló como melómano nato y siendo fanático del rock, no faltaba en la casa un disco de Ray Barreto o Eddie Palmieri. Decía que ellos tenían “el toque”, y eso me llamó la curiosidad”.

—¿Recuerdas el primer disco de salsa que oiste, el que te haya marcado de por vida?

—Claro. Fue Mi Gente, cantada por Héctor Lavoe en el Roberto Clemente. El disco del concierto lo compró mi hermano y yo lo rayé de tanto escucharlo.

Francisco Javier no comenzó como trompetista. Cuando se inició en la música rondaba los diez años de edad. Tocaba la tumbadora en una estudiantina, en Propatria, donde además había todo tipo de instrumentos: mandolina, congas, redobles…

—El profesor y director de la agrupación tocaba trompeta y me llamó la atención el sonido, la melodía. Le dije que quería aprender a tocar la trompeta, pero él me dijo que yo tenía los labios muy gruesos y que mejor me fijara en el trombón…

Yo continué con mis tumbadoras hasta que un buen día, en los ensayos, el profesor se me acercó y me dio la trompeta y comenzó a enseñarme la manera de tocarla, las técnicas, todo eso. Yo creo que notó mi entudiasmo y por eso cedió. Con él aprendi bastante; estuve como un año”.

—¿Cuando te tomas la música en serio?

—Tiempo después… Mira, en los años 80 yo tocaba con Sabor Latino. Seguía con mis tumbadoras porque había dejado la trompeta a un lado. En uno de los ensayos el timbalero llevó un cassete VHS con el concierto de Irakere donde Jorge Varona y Sandoval tocaban Cien años de juventud. Una vez más la trompeta, su sonido extraordinario, me impactó. Nada, dejé las tumbadoras, la percusión y agarré mi trompeta. Hasta el sol del hoy

—¿Y con qué orquesta o banda comienzas con la trompeta?

—Profesionalmente comencé con Gerardo Rosales. Anteriormente estuve con Ramoncini y su Sonora Emergencia y también con Los Sigilosos.

—¿Los arreglos musicales y la composición?

—Eso vino mucho después. Diría que desde hace unos diez años, pero ha sido todo por inquietud, al igual que el canto.

Más que todo he hecho adaptaciones, casi exclusivas para Juan Pablo Barrios.

—¿Proyectos?

—Terminar el CD que comencé hace seis años… Lo de cantante también fue casualidad. Faltó el sonero a un toque y yo asumí el compromiso. A los muchachos les gustó. Sigo adelante…

ÁNGEL MÉNDEZ
FOTO/AJOMEN

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